El agua del grifo ya no es potable en Longyearbyen, la ciudad habitada más al norte del planeta, ubicada en el archipiélago noruego de Svalbard a 1.300 kilómetros del Polo Norte. La causa: metales pesados liberados por el deshielo acelerado del permafrost que contaminan la principal fuente de agua de los 2.600 habitantes, según informó The Guardian.
La ciudad obtiene su agua potable del lago represado Isdammen, de 2,5 kilómetros de largo. Las temperaturas en ascenso por la crisis climática han derretido el permafrost que rodea el lago, exponiendo roca madre rica en pirita (sulfuro de hierro, conocido como “oro de los tontos”). Cuando la pirita entra en contacto con agua y oxígeno, se oxida y genera acidez que libera metales pesados como manganeso, níquel y sulfatos al cuerpo de agua.
Longyearbyen se calienta hasta siete veces más rápido que el promedio global
Svalbard es uno de los lugares que más rápido se calientan en el mundo: la temperatura promedio ha subido entre cinco y siete veces más que el promedio global, con otoños que registran incrementos de hasta 4°C por década, explicó Marjolaine Verret, experta en permafrost y profesora asociada en el University Centre in Svalbard, al medio británico.
Las autoridades locales alertaron por primera vez a los residentes en septiembre de 2025, cuando los niveles de manganeso en el agua superaron 25 veces el límite recomendado por el Instituto Noruego de Salud Pública (50 microgramos por litro). La exposición prolongada a altos niveles de manganeso puede causar problemas neurológicos, particularmente en niños y bebés.
Aunque los niveles de manganeso han descendido, este año se detectaron concentraciones de sulfato y níquel por encima de los límites seguros. La prohibición de consumo sigue vigente. El gobierno municipal instaló un tanque central de agua purificada (filtrada por la cervecería local) en el supermercado para que los vecinos rellenen sus envases gratuitamente.
La combinación de geología minera y deshielo crea una bomba de contaminación
La crisis de Longyearbyen no es un caso aislado. Verret advirtió que la combinación de permafrost en deshielo y roca madre rica en pirita y metales pesados está presente en otras regiones del Ártico, como el norte de Canadá y Alaska. “Este podría ser el primer ejemplo de cómo el cambio climático puede impactar las fuentes de agua dulce” en comunidades polares, dijo la investigadora.
El alcalde Terje Aunevik reconoció que la calidad del agua nunca había sido buena debido a sedimentos, pero que los niveles de manganeso “se dispararon” en 2025. Según declaró a The Guardian, “en Noruega, donde siempre dimos por sentado que podemos beber agua del grifo, es un desafío comenzar a pensar que necesitamos cargar nuestra agua como hacemos ahora. Otras comunidades pequeñas deberían ser cautelosas y empezar a pensar qué hacer si esto le ocurre a sus fuentes”.
La solución que evalúa el municipio incluye instalar un sistema de filtración para el lago Isdammen con una planta desalinizadora de respaldo, o viceversa. Cualquiera de las opciones es “extremadamente cara” y presenta desafíos técnicos debido a las temperaturas extremas de Svalbard, donde el agua a menudo está por debajo de cero grados, explicó Aunevik. La investigación municipal para determinar la solución definitiva sigue en curso, mientras 2.600 personas viven sin poder abrir la canilla para beber un vaso de agua.
