El calor extremo y el desarrollo cerebral infantil tienen una conexión que la ciencia acaba de documentar con precisión inédita. Un estudio liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y publicado en Environment International revela que la exposición a temperaturas elevadas durante el embarazo y los primeros cinco meses de vida ralentiza el crecimiento del tálamo, la estructura cerebral que procesa los estímulos visuales, auditivos y táctiles antes de enviarlos a la corteza para su interpretación.
La investigación analizó datos de 3.251 niños y niñas de la cohorte Generation R Study de Países Bajos. Los investigadores combinaron un modelo climático de alta resolución que estimó las temperaturas semanales durante el embarazo y mensuales hasta los 8,5 años con resonancias magnéticas cerebrales realizadas a los 10 y 14 años de edad. El resultado: en comparación con una temperatura media de referencia de 12,5 °C, la exposición a 20,5 °C durante el embarazo y los primeros cinco meses se asoció con un crecimiento más lento del tálamo entre los 9 y los 15 años.
El tálamo: por qué esta región es especialmente vulnerable
De las 11 estructuras cerebrales analizadas, solo el tálamo mostró una asociación consistente con la exposición al calor. Según Laura Granés, investigadora de ISGlobal y del IDIAPJGol y primera autora del trabajo, esta región podría ser especialmente sensible porque comienza a desarrollarse muy temprano durante el embarazo y sigue un calendario de formación estrictamente regulado. Además, su elevada irrigación sanguínea durante el desarrollo fetal la hace más vulnerable a los cambios que el calor provoca en la placenta o el flujo sanguíneo hacia el feto.
Aunque el estudio no identificó los mecanismos biológicos exactos, investigaciones previas apuntan a varias explicaciones posibles. La exposición al calor durante el embarazo podría alterar los niveles de hormonas del estrés maternas, afectar la capacidad de la placenta para proteger al feto o modificar la señalización de la serotonina, un proceso fundamental para la formación de las conexiones entre el tálamo y la corteza cerebral. La inflamación y el estrés oxidativo asociados al calor también podrían contribuir a estos efectos, aunque se necesitan más estudios para confirmarlo.
Consecuencias en la adolescencia: agresividad e infracción de normas
El equipo investigador también observó que un crecimiento más lento del tálamo se asociaba con una mayor presencia de problemas de conducta externalizantes durante la adolescencia, como comportamientos agresivos e infracciones de las normas. Sin embargo, no encontraron una asociación con el rendimiento cognitivo.
Según Esmée Essers, investigadora de ISGlobal y coautora del estudio, los futuros trabajos deberán investigar si la exposición al calor en las primeras etapas de la vida contribuye a la aparición de trastornos del neurodesarrollo y si las alteraciones en la maduración del tálamo pueden ayudar a explicar estas asociaciones.
Mònica Guxens, profesora de investigación ICREA en ISGlobal y coordinadora del estudio, advirtió que a medida que las temperaturas globales siguen aumentando, adoptar medidas para reducir la exposición al calor durante el embarazo y los primeros meses de vida podría desempeñar un papel importante en la protección del desarrollo cerebral infantil. El periodo de máxima vulnerabilidad identificado por el estudio abarca desde la concepción hasta los cinco meses tras el nacimiento, una ventana crítica en la que el cerebro crece rápidamente y es especialmente sensible a los factores ambientales.
Fuente original: https://efeverde.com/el-calor-y-su-posible-influencia-en-el-desarrollo-cerebral-infantil-el-talamo-crece-mas-despacio/
