La COP17 de biodiversidad cerró el sábado pasado en Yereván, Armenia, con un nuevo documento que reconoce el fracaso global en la protección de la naturaleza pero posterga las soluciones concretas. La llamada Ruta de Yereván, adoptada tras dos semanas de tensas negociaciones, establece un marco de respuesta a los hallazgos de la Revisión Global que presentó el estado crítico de las 23 metas acordadas en 2022, pero sin plazos vinculantes ni compromisos financieros específicos.
Cuatro años atrás, en Montreal, los gobiernos habían acordado el Marco Global de Biodiversidad con objetivos ambiciosos para 2030. Ninguno de esos objetivos va por buen camino, según mostró la Revisión Global presentada a principios de este año. En Yereván se esperaba un giro de timón: la cumbre debía definir cómo enfrentar los motores de extinción de especies, pérdida de diversidad genética y colapso de ecosistemas.
“Demostró que el sistema multilateral todavía puede hablar pero no resolver problemas”, dijo Oscar Soria, CEO de la Common Initiative, al medio especializado Dialogue Earth.
La política obstruccionista llega a la biodiversidad
Observadores de organizaciones ambientales reportaron que Rusia intentó repetidamente debilitar las referencias a derechos indígenas, alta mar y subsidios dañinos, con Arabia Saudita e India resistiendo también la reforma de subsidios. El texto final eliminó un llamado anterior a transformar los sistemas económicos y financieros. En su lugar, pide “mayor acción para abordar los motores subyacentes de la pérdida de biodiversidad”.
“La política obstruccionista de las conversaciones climáticas ha entrado en las negociaciones de biodiversidad”, afirmó Alfred DeGemmis, director de política internacional de la Wildlife Conservation Society, en un comunicado difundido tras el cierre de la cumbre.
Los países desarrollados y aquellos “en posición de hacerlo” son “fuertemente alentados” a aumentar el apoyo a países en desarrollo, pero el documento no menciona montos. La brecha estimada entre lo que se necesita para resolver la crisis de biodiversidad y lo que efectivamente se está movilizando alcanza los USD 700.000 millones.
El Fondo de Cali sigue vacío dos años después
Uno de los puntos más críticos fue la falta de avance en el Fondo de Cali, creado en la COP16 para que las empresas paguen por el uso de datos genéticos de la naturaleza. El fondo debía movilizar USD 1.000 millones anuales, con la mitad destinada a pueblos indígenas y comunidades locales. Al cierre de Yereván, solo se habían comprometido USD 10.500 en total.
Los países debían definir en esta cumbre qué empresas (pequeñas, medianas o grandes) deben contribuir al fondo y cómo se distribuirá el dinero. Las decisiones se postergaron para el año próximo.
En cuanto a subsidios que incentivan la destrucción de la naturaleza, los gobiernos gastan USD 1,8 billones al año en prácticas como deforestación, según datos presentados en la cumbre. La Meta 18 del Marco Global pide reducir esos incentivos dañinos en al menos USD 500.000 millones anuales para 2030. El texto de Yereván solo “alienta” a los países a “acelerar” su implementación según “circunstancias nacionales”.
Colombia y Finlandia lanzaron en la cumbre una coalición llamada Amigos de la Meta 18 para ayudar a los países a compartir soluciones. “La prevalencia del tema de subsidios dañinos en las negociaciones es una señal positiva”, dijo An Lambrechts, experta de Greenpeace, a Dialogue Earth. “Las industrias que se lucran destruyendo la naturaleza también deben dar un paso al frente aquí”.
“A veces el trabajo que hacemos es una gota en el océano debido al tamaño de la crisis de biodiversidad”, reconoció Hambardzum Matevosyan, presidente de la COP17, en conferencia de prensa. “Esto no fue suficiente, pero logramos más de lo que podíamos esperar”.
La próxima COP de biodiversidad está prevista para 2026, con sede aún por definir.
Fuente original: https://dialogue.earth/en/nature/cop17-yerevan-pathway-for-nature-leaves-out-the-money-and-the-detail/
