Los nueve delfines nariz de botella del Indo-Pacífico (Tursiops aduncus) que permanecen en cautiverio en Cancún enfrentan un cuadro de enfermedades crónicas que, según dos evaluaciones médicas realizadas en 2026, hace inviable su traslado inmediato a corrales marinos. Los animales llevan décadas confinados en las instalaciones de Dolphin Discovery, hoy conocido como Dolphin Connection, un delfinario clausurado en octubre de 2025 tras la muerte de 16 ejemplares entre junio de 2018 y agosto de 2025.
El primer informe, elaborado por la veterinaria Heather Rally a solicitud de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), documentó entre enero y abril una alta prevalencia de afecciones graves, según informó Mongabay Latam. Rally, directora de la organización Thrive Wild LLC, identificó problemas recurrentes en la cavidad oral, los ojos, las vías respiratorias superiores y el sistema gastrointestinal, además de alteraciones hematológicas y metabólicas.
Tres de los nueve delfines presentan un estado crítico. Mincho padece un carcinoma que afecta alrededor del 70% de su lengua. Oceanía y Solei registran enfermedades que comprometen varios sistemas de su organismo. Diego presenta abrasión dental crónica grave y pérdida parcial de la aleta caudal. Satu tiene una úlcera en la lengua y desgaste dental severo. Solomon muestra lesiones oculares y ulceración en la lengua. Apolo y Flex presentan inflamación de la córnea del ojo derecho. Squalo sufre inflamación crónica de las córneas, desgaste dental y erosiones en la piel.
El dilema del traslado a corrales marinos
En su segunda evaluación fechada en abril, Rally analizó si los animales podían ser estabilizados y trasladados a un corral marino, un espacio delimitado en el mar que ofrece condiciones más naturales que una piscina de concreto. La conclusión fue que ninguno cumplía los criterios para un traslado seguro. La especialista señaló que varios presentaban enfermedades activas o progresivas y que aún no existía una estabilización ambiental suficiente para evaluar su capacidad de adaptación.
Meses más tarde, el 14 de agosto, Profepa emitió un nuevo informe que reporta que los nueve ejemplares se encuentran estables, aunque con pronóstico reservado por sus padecimientos crónicos y la edad avanzada de algunos. La autoridad destacó mejoras en la limpieza de los estanques, la calidad del agua, el manejo veterinario y la continuidad del monitoreo. Sin embargo, advirtió que un traslado podría poner en riesgo sus vidas.
“Varias de ellos nacieron en cautiverio y tal vez al enfrentarse a un corral marino van a vivir mucho estrés; igual los que nacieron en libertad, porque hace mucho que están cautivos y ya olvidaron lo que es la libertad”, explicó Beatriz Vanda Cantón, patóloga veterinaria y doctora en bioética de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en declaraciones a Mongabay Latam. “Un cambio de casa y un cambio tan drástico de temperatura, de pH, de salinidad, los va a estresar. Pero hay que darles esta oportunidad porque estarán en un ambiente más parecido al que ellos requieren como especie”.
Profepa informó que desde la clausura del recinto en octubre de 2025 ninguno de los nueve animales ha muerto, un contraste marcado con el historial previo de mortalidad en las mismas instalaciones. La autoridad aclaró que las mejoras registradas en estos meses no eliminan la responsabilidad del lugar por los presuntos incumplimientos ya señalados, y que las sanciones correspondientes continúan su curso.
El caso expone las consecuencias del turismo de cautiverio en mamíferos marinos y la ausencia de protocolos efectivos de rescate en México, un problema que afecta decenas de instalaciones similares en el Caribe mexicano. La decisión sobre el futuro de los delfines sigue pendiente mientras las autoridades evalúan cuándo su condición de salud permitirá un traslado sin comprometer sus vidas.
