¿Es el fenómeno therian (la autopercepción como un animal no humano) una simple moda o un síntoma de nuestra época?
Recordemos que una de las grandes heridas al narcisismo humano, como bien señaló Sigmund Freud, fue el descubrimiento de que no somos criaturas especiales ni divinas, sino animales producto de la evolución. Y, parafraseando a Jacques Lacan, somos animales “mordidos” por la cultura y el lenguaje. Sea una tendencia pasajera o no, los therians nos obligan a preguntarnos qué hay detrás de esa representación. Junto a otros fenómenos actuales, como quienes dialogan o “se psicoanalizan” con Inteligencia Artificial, el interrogante de fondo es el mismo: ¿Cuál es la subjetividad de nuestra época? ¿Qué significa ser humano hoy?
La mayoría de quienes atraviesan este fenómeno son adolescentes. La adolescencia es una etapa de fragilidad subjetiva, de autoafirmación y de búsqueda de identidad para alcanzar, paulatinamente, el territorio adulto. Existe allí una necesidad imperiosa de exogamia: romper con los mandatos familiares para pertenecer al grupo de pares. Pero, paradójicamente, también necesitan ser registrados, vistos y orientados por esos mismos adultos. Muchos actos realizados por adolescentes son maniobras a favor del autoconocimiento y, simultáneamente, llamados de atención para poner a prueba la consistencia de los adultos. En un contexto de precarización laboral, de vidas virtuales, encierro y desconexión emocional, donde los modelos de referencia están en crisis, surgen preguntas inevitables: ¿Cómo habitar la adultez? ¿Cómo sostener la condición humana?
Cuando alguien se autopercibe como un animal, cabe preguntarse de qué huye o qué le resulta insoportable de su realidad. Por un lado, puede ser una metáfora identitaria o la dificultad de “encajar” en el mundo adulto; por otro, una búsqueda de reconocimiento y pertenencia. Sin embargo, no debemos descartar casos de regresión defensiva frente a traumas (como abusos o maltratos) o cuadros psicopatológicos (como psicosis). Tal vez sea solo un juego, pero un juego serio donde se prefiere representar a un animal porque no se soporta lo humano tal como se ofrece hoy. Therian como refugio y aislamiento frente a las exigencias y dificultades del mundo actual.
Mientras se trate de algo pasajero y lúdico, no representa ningún peligro para la salud mental. El riesgo surge cuando no se puede salir del personaje y afecta la vida cotidiana; allí es fundamental la intervención de un profesional de la salud mental para desentrañar lo que subyace al síntoma. Lo vital es que estos jóvenes puedan “entrar y salir” de ese rol, sin que esto detenga su desarrollo social y académico. En definitiva, el fenómeno nos devuelve el espejo a los adultos: ¿Qué mundo estamos ofreciendo y qué sentido le damos hoy a nuestra propia humanidad?
* Pablo Melicchio es escritor y psicólogo egresado de la Universidad de Buenos Aires. Ha sido docente en esa casa de estudios e investigador para la Universidad Católica Argentina. Trabajó en clínicas de salud mental, en institutos de menores y con personas en situación de calle, experiencias que marcaron su vida y que se reflejan en su escritura. Actualmente ejerce la profesión de psicólogo en su consultorio en Castelar, y colabora para diversos medios gráficos, radiales y televisivos.
En 2018 fue declarado ciudadano ilustre de Morón. Es autor de “Letra en la sombra” (2008), “Las voces de abajo” (2013), “GPS para orientarnos por el mundo adolescente” (2016), entre otros.
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