Un equipo del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (ICMM-CSIC) desarrolló un método que logra la captura de nanoplásticos del agua en España y les da un segundo uso ambiental: eliminar metales pesados y colorantes tóxicos. El sistema usa nanopartículas magnéticas con forma de flor que atrapan hasta 10 gramos de plástico por cada gramo de material.
Los nanoplásticos de PET —las partículas que quedan cuando una botella se degrada hasta volverse prácticamente invisible— son uno de los contaminantes más difíciles de filtrar. Tienen el tamaño de una milmillonésima parte de un metro, y los filtros convencionales no pueden retenerlos. El problema es global: están en el agua que tomamos, en el océano, incluso en la sangre humana.
Lo novedoso del método español es que el plástico capturado no termina como residuo. Las nanopartículas magnéticas de óxido de hierro quedan adheridas al PET extraído y forman un material híbrido que funciona como adsorbente de otros contaminantes. Es decir: un problema se convierte en parte de la solución.
Cinco ciclos sin perder eficacia
Según los datos publicados por el CSIC, el material conserva el 88% de su capacidad descontaminante después de cinco reutilizaciones. Además, la liberación de hierro al agua se mantuvo por debajo del 0,82%, lo que reduce el riesgo de generar una nueva contaminación mientras se elimina la anterior.
El equipo ya había demostrado en 2024 la utilidad de estas nanoflores magnéticas para extraer microplásticos de cosméticos. Ahora llevaron el concepto a una escala mucho menor, capturando partículas mil veces más pequeñas. Y lo hicieron pensando en cerrar el ciclo: no solo sacar el plástico, sino aprovecharlo.
El siguiente paso será probar el sistema en aguas reales, fuera del laboratorio, y evaluar su viabilidad a gran escala. Por ahora, la tecnología demuestra que incluso los contaminantes más invisibles pueden tener una segunda vida útil.
