La historia oculta del Sueño Americano inventado por el petróleo

Autopista suburbana estadounidense con autos vintage, símbolo del Sueño Americano inventado por la industria petrolera.

Foto: Mark Butterworth / Pexels

La historia oculta del Sueño Americano inventado por el petróleo no es una teoría conspirativa: es propaganda documentada. Durante décadas, la industria petrolera moldeó el imaginario cultural estadounidense del «buen vivir», anclándolo al consumo de combustibles fósiles. Autos, suburbios alejados del centro, casas con jardín y dos garajes: cada pieza del American Dream fue diseñada para que la prosperidad fuera imposible sin gasolina.

La investigación histórica de Grist revela cómo Big Oil desplegó estrategias de propaganda cultural para anclar el estilo de vida occidental al petróleo. No fue casual que las ciudades estadounidenses se expandieran horizontalmente en lugar de crecer en densidad: la presión de la industria automotriz y petrolera empujó subsidios para autopistas, desmanteló redes de tranvías eléctricos y promovió zonificaciones que obligaban a depender del auto privado.

Cómo la industria petrolera moldeó el American Dream

Desde los años 40, Big Oil financió campañas publicitarias que equiparaban libertad con movilidad en auto. El automóvil dejó de ser un medio de transporte para convertirse en símbolo de estatus, independencia y éxito. Las petroleras patrocinaron series de TV, películas y hasta programas escolares que naturalizaban el consumo de gasolina como parte de la vida moderna.

Pero el impacto fue más profundo: la industria también operó en el diseño urbano. Presionó a gobiernos locales para que adoptaran códigos de construcción que prohibían la mezcla de usos (vivienda lejos del comercio), forzando desplazamientos largos. Según Grist, documentos internos de Shell y ExxonMobil muestran que las petroleras sabían que el modelo de ciudad dispersa garantizaba demanda cautiva de combustibles.

Por qué importa hoy desmantelar esa narrativa

Comprender cómo Big Oil construyó el imaginario del «buen vivir» basado en consumo fósil es clave para desmantelar las narrativas que obstaculizan la transición energética. Hoy, cuando se proponen ciudades compactas, transporte público o barrios de 15 minutos, aparecen resistencias culturales que no son espontáneas: son el legado de décadas de propaganda.

La investigación sobre propaganda fósil muestra que la industria no solo vendió petróleo, sino un modelo de bienestar completo. Desacoplarlo requiere proponer alternativas culturales igual de potentes: ciudades caminables, movilidad eléctrica compartida, espacios públicos de calidad. No alcanza con cambiar la matriz energética si el imaginario sigue atado al auto privado y la casa suburbana.

Grist documentó que las mismas estrategias de Big Oil se replicaron en Europa, América Latina y Asia durante la segunda mitad del siglo XX, adaptadas a cada contexto local pero con el mismo objetivo: anclar el desarrollo económico al consumo de combustibles fósiles.

Fuente original: https://grist.org/extreme-heat/europes-hottest-summer-ever-was-also-its-deadliest-by-far/

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