Mujeres rurales de Laguna Blanca crean trabajo digno con la fibra de vicuña en Catamarca

Vicuña en paisaje andino de la Puna catamarqueña, cerca de Laguna Blanca.

Foto: Anyela Málaga / Pexels

Las mujeres rurales de Laguna Blanca, en Catamarca, transforman la fibra de vicuña en prendas artesanales que sostienen a 75 familias y les permiten quedarse en su territorio. La cooperativa local organiza chakus, encierres comunitarios para esquilar a los camélidos silvestres sin dañarlos, y convierte esa fibra en una fuente de ingresos que compite con la migración.

Anita Suárez, integrante de la cooperativa, explicó durante el congreso de Mujeres de la Ruralidad en Mar del Plata que el trabajo empieza en octubre, cuando las vicuñas se acercan a las aguadas dentro de los módulos de captura. “Nos juntamos temprano todos los que somos de la cooperativa. A las cinco o seis empezamos el arreo”, relató, según publicó Bichos de Campo.

Cada chaku puede reunir entre 70 y 200 animales. Después de la esquila, los liberan. Las autoridades sanitarias y ambientales supervisan el estado de cada vicuña. La fibra obtenida lleva certificados que identifican el módulo de origen y el año de captura, un sistema que nació para combatir la caza furtiva que hace 25 años era un problema grave en la zona.

La fibra de vicuña se teje a mano en cada casa

Lo que sigue sucede en los talleres familiares. “Nosotros no implementamos ninguna clase de industria. Lo que van a encontrar en nuestro pueblo es todo artesanal, realizado con fibra de vicuña 100%. No es mezcla con algodón y con seda”, destacó Suárez. Cada prenda lleva el trabajo de quienes participaron del chaku y de quienes después hilaron y tejieron la fibra.

El precio refleja ese proceso. Una chalina o un poncho cuestan varios miles de pesos, pero están hechos con la fibra natural más fina del mundo y con saberes transmitidos entre generaciones. La cooperativa vende en su local de Laguna Blanca, en la Fiesta del Poncho de la capital catamarqueña y en la Exposición Rural de Buenos Aires.

Para las mujeres jóvenes que empiezan a tejer, la cooperativa es una alternativa concreta a la migración. “Es la subsistencia para nosotros, para nuestro pueblo, para nuestras familias”, resumió Suárez. El modelo combina conservación de una especie nativa, arraigo territorial y autonomía económica en una de las zonas rurales más vulnerables del país.

Laguna Blanca queda a 18 kilómetros de la ruta provincial 43, camino a Antofagasta de la Sierra. Las vicuñas cruzan el camino en libertad porque nadie las agrede. La cooperativa convirtió esa convivencia en un trabajo que sostiene a tres generaciones de artesanas.

Fuente original: https://bichosdecampo.com/ojito-con-las-vicunas-las-mujeres-rurales-de-laguna-blanca-transforman-la-fibra-de-esa-especie-en-un-trabajo-que-les-permite-permanecer-en-su-bella-tierra-catamarquena/

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