La Pulso Ambiental sobre inteligencia artificial, lanzada por FARN en su edición número 26, analiza cómo esta tecnología está transformando la vida cotidiana y plantea interrogantes sobre su huella ambiental. El informe, titulado “Un mundo nuevo”, aborda desde el uso estatal hasta los conflictos territoriales que genera su infraestructura.
Según FARN, la IA aparece como un desarrollo inmaterial, pero requiere centros de datos que consumen recursos concretos: energía, agua y territorio. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía, estos centros consumen el 1,5% de la electricidad mundial. Un solo centro puede usar 19 millones de litros de agua por día, el equivalente a una ciudad de 50.000 habitantes.
Argentina busca convertirse en enclave de la IA con el Súper RIGI
El gobierno de Javier Milei impulsa el proyecto de ley Súper RIGI para atraer inversiones en centros de datos con incentivos fiscales y económicos. FARN advierte que esta estrategia se combina con una reducción de funciones y recursos para el monitoreo ambiental, mientras se fortalecen las áreas de seguridad e inteligencia.
De acuerdo con el informe, instalar centros de datos en el país no equivale a insertarse en la industria del conocimiento. La infraestructura física es la parte de mayor impacto socioambiental y la de menor valor agregado en el proceso.
Qué desafíos éticos plantea la inteligencia artificial
La Pulso Ambiental plantea interrogantes que van más allá del uso extractivo de la naturaleza: quién controla la tecnología, qué sectores se benefician, qué personas resultan afectadas y cómo se regula su desarrollo. La revista cuestiona qué funciones está dispuesta la humanidad a delegar en las máquinas sin renunciar a su propia humanidad.
El documento completo está disponible en el sitio de FARN e incluye artículos sobre regulación, desinformación, cambio climático, derechos humanos y empleo vinculados a la IA.
Fuente original: https://farn.org.ar/pulso-ambiental-26-inteligencia-artificial/
