El crimen ambiental mueve entre USD 110.000 y 281.000 millones anuales, pero la cifra real podría superar el billón, según un nuevo documento del Brookings Institution firmado por Robert Muggah e Ilona Szabó de Carvalho. El problema no está solo en quien tala el árbol o extrae el oro: las ganancias más grandes se capturan en eslabones posteriores de la cadena, donde el recurso ilegal se blanquea y entra al comercio formal.
La madera amazónica talada ilegalmente en Pará adquiere papeles en aserraderos, se mezcla con troncos legales y termina en puertos de Francia, Alemania, Portugal y Estados Unidos. Un caso reciente rastreó más de 25.000 metros cúbicos de madera blanqueada hasta importadores europeos, según informó Mongabay. El oro ilegal peruano, extraído con mercurio en campamentos informales, cambia de manos varias veces antes de llegar a refinerías que borran su origen.
El dinero se esconde en transacciones ordinarias
El documento del Brookings Institution advierte que tratar estos delitos solo como infracciones ambientales subestima su magnitud. Las organizaciones criminales que operan en narcotráfico diversificaron hacia oro, madera y tierra en la cuenca amazónica. Investigaciones policiales en la Amazonía Legal brasileña muestran cómo redes de cocaína usan las mismas rutas de transporte para mover oro ilegal hacia refinerías que blanquean el mineral.
Los autores sostienen que el leñador con motosierra es la mano de obra más barata de la cadena. Las utilidades reales quedan en manos de quienes financian equipos, arreglan permisos falsos o facilitan el lavado de activos. En Perú, la producción ilegal de oro alcanzó en algunos períodos la escala de la extracción legal, pero cuando la policía llega a los campamentos, quienes capturaron la ganancia ya están en casas comerciales, refinerías u oficinas a cientos de kilómetros.
Rastrear flujos financieros, no solo decomisos
Muggah y Szabó de Carvalho argumentan que la fiscalización de parques y aduanas no alcanza para desmantelar economías criminales que drenan ingresos de empresas legítimas y arcas públicas. Proponen atacar los flujos financieros en cada punto de la cadena: desde el campamento minero hasta la refinería, desde el aserradero clandestino hasta el importador final.
El mercurio usado en garimpos ilegales se mueve en redes transfronterizas opacas, mientras el oro fluye en sentido inverso hacia el comercio formal. La grilagem (falsificación de títulos de propiedad) convierte la ocupación fraudulenta de tierras públicas en un activo vendible que alimenta especulación inmobiliaria y proyectos agropecuarios.
Los autores concluyen que sin transparencia total en las cadenas productivas y sin rastreo financiero de las ganancias, el crimen ambiental seguirá siendo un lastre para el desarrollo sostenible y la acción climática. El mundo lleva una década intentando ponerle precio a la naturaleza en pie; los mercados criminales lo hicieron hace mucho con los bosques talados.
Fuente original: https://news.mongabay.com/2026/09/to-tackle-environmental-crime-track-profits-through-the-whole-supply-chain-commentary/
