El riesgo climático y el costo del crédito agrícola dejaron de ser variables independientes en Argentina. Según la economista Lara Colombo, investigadora del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, lo que registran los pluviómetros hoy puede determinar cuánto paga un productor por su seguro y si consigue financiamiento para la próxima campaña.
Colombo sostiene que el problema adquirió una dimensión mayor. Según relevamientos de la Universidad Austral, como la Encuesta de Necesidades del Productor Agropecuario y el Ag Barometer, los factores climáticos aparecen como uno de los principales desafíos que deberá enfrentar el sector durante los próximos años.
Cómo un evento extremo encarece el acceso al crédito
Cuando una sequía o una inundación reduce los rindes, la consecuencia inmediata aparece en los ingresos del productor. Pero si esos eventos se vuelven más frecuentes o difíciles de anticipar, cambia la ecuación para quienes aseguran y financian al campo.
Las compañías aseguradoras encuentran mayores dificultades para estimar pérdidas y diseñar coberturas cuando los eventos climáticos son impredecibles e intensos, según explica Colombo a Bichos de Campo. En ese escenario, las primas pueden aumentar y algunos productos directamente dejar de ofrecerse.
El problema continúa en el sistema financiero. Una menor cobertura de seguros hace más difícil conseguir financiamiento y aumenta su costo. El productor termina enfrentando mayor exposición productiva y mayores costos para cubrirla o financiarla.
La sequía 2020-2023 como ejemplo concreto
Los productores argentinos conocen el efecto del clima sobre una campaña. La sequía que atravesó tres ciclos consecutivos entre 2020 y 2023 y el impacto de la chicharrita sobre el maíz en la campaña 2023/24 dejaron ejemplos de cómo un fenómeno puede alterar los resultados de una explotación y, al mismo tiempo, afectar a toda la cadena.
Por eso, Colombo propone cambiar la forma de evaluar algunas inversiones que suelen quedar asociadas exclusivamente con cuestiones ambientales. Cada peso que se invierte en reducir vulnerabilidades frente al clima no es un gasto ambiental aislado: es una inversión para bajar costos financieros, estabilizar al sector y destrabar crecimiento.
La discusión lleva a Colombo hacia otro concepto que empieza a ganar espacio en el análisis económico del agro: el del capital natural. Durante mucho tiempo, el suelo, el agua y otros recursos naturales fueron considerados principalmente como insumos disponibles para producir. La propuesta consiste ahora en incorporarlos a la mirada empresarial como activos cuya condición tiene consecuencias sobre la productividad futura.
Un suelo con capacidad para retener agua, una buena gestión hídrica o una mayor biodiversidad pueden ayudar a que un establecimiento absorba mejor una situación adversa y se recupere con mayor velocidad. El desafío para el productor es pasar de una lógica centrada en la explotación de recursos a una visión empresarial orientada a la gestión del capital natural.
La Universidad Austral proyecta que los eventos climáticos extremos continuarán siendo uno de los principales condicionantes del agro argentino durante la próxima década.
