Un equipo de la Universidad de Stanford está pintando techos de chapa metálica con pintura blanca de alta reflectancia solar en asentamientos informales de Makassar, Indonesia, y los primeros resultados apuntan a reducciones de temperatura interior de hasta 2,8 °C. La intervención, de bajo costo y alta escalabilidad, busca proteger a familias vulnerables del estrés térmico sin necesidad de aire acondicionado.
En Makassar, aproximadamente el 40% de la población vive en asentamientos informales donde las viviendas carecen de servicios básicos y registran temperaturas superiores a 32 °C durante buena parte del año, según informó Ecoinventos. Muchas de estas casas tienen cubiertas de chapa ondulada oscura que absorben radiación solar y transmiten ese calor hacia el interior. La pintura blanca reflectante devuelve una proporción mayor de esa energía hacia el exterior, impidiendo que la estructura acumule calor.
Stanford mide impacto fisiológico, no solo temperatura
El proyecto no se limita a comparar temperaturas entre techos pintados y sin pintar. El equipo de la Stanford Doerr School of Sustainability entregó sensores portátiles a unos 30 voluntarios para registrar frecuencia cardíaca, patrones de sueño y actividad física durante el día. Los datos se compararán entre viviendas intervenidas y viviendas control.
Demostrar que una reducción térmica de 2,8 °C mejora el descanso nocturno o disminuye el estrés cardiovascular podría transformar una simple capa de pintura en una medida de salud pública, según el enfoque del estudio. Esa evidencia facilitaría inversiones de gobiernos locales, organismos humanitarios y ONG.
El proyecto forma parte del Stanford Sustainability Accelerator y está diseñado para evaluar cómo escalar estas intervenciones en comunidades costeras vulnerables de Indonesia. Stanford calcula que el modelo podría aplicarse a los aproximadamente 1.100 millones de personas que viven en asentamientos informales en todo el planeta.
Por qué unos pocos grados importan para el cuerpo humano
Con temperaturas elevadas y mucha humedad, el organismo pierde capacidad de disipar calor mediante la evaporación del sudor. Mantener estable la temperatura corporal exige entonces un esfuerzo creciente del corazón, los riñones y otros órganos. Exposiciones prolongadas pueden agravar enfermedades cardiovasculares, diabetes o asma, y en situaciones extremas resultar peligrosas incluso para personas jóvenes.
Una vivienda que absorbió radiación durante todo el día puede seguir liberando calor durante horas, actuando como una batería térmica involuntaria. En climas cálidos y húmedos, abrir las ventanas por la noche no siempre resuelve el problema: la estructura puede almacenar tanta energía que el interior permanece incómodo incluso cuando la temperatura exterior desciende.
El problema ya no afecta únicamente a ciudades tropicales. Stanford señala casos como San Francisco, Londres o París, donde históricamente las temperaturas moderadas hicieron innecesaria la instalación generalizada de aire acondicionado. Buena parte de esos edificios fueron diseñados para conservar calor, una característica que se vuelve problemática durante olas de calor intensas.
Según los investigadores citados por Ecoinventos, algunas regiones soportan actualmente alrededor de 50 días adicionales de estrés térmico al año respecto a 1950. Además, la frecuencia de las olas de calor en las grandes ciudades estadounidenses pasó aproximadamente de dos a seis episodios anuales.
Menos aire acondicionado, menos presión sobre la red eléctrica
Los techos reflectantes tienen una segunda lectura importante: energía. Durante una ola de calor, la demanda de aire acondicionado puede saturar las redes eléctricas. Reducir la carga térmica de las viviendas mediante pintura blanca disminuye la necesidad de refrigeración mecánica, aliviando la presión sobre el sistema y reduciendo emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la generación eléctrica.
La intervención es especialmente relevante en contextos de bajos recursos, donde el aire acondicionado resulta inaccesible por costo de instalación y consumo eléctrico. Una lata de pintura reflectante ofrece una alternativa pasiva, sin costos operativos recurrentes.
El equipo de Stanford continuará monitoreando los datos fisiológicos y térmicos durante los próximos meses para cuantificar el impacto real sobre la salud de los habitantes.
Fuente original: https://ecoinventos.com/investigadores-de-stanford-pintan-techos-de-blanco-para-reducir-hasta-28-c-el-calor-en-viviendas-vulnerables/
