La transición justa en la COP31, que arranca en Antalya, Turquía, enfrenta el desafío más complejo de su historia: construir consensos climáticos en un mundo fracturado por guerras, democracias debilitadas y emisiones que no bajan. Así lo plantea Florencia Ortúzar Greene, directora del Programa de Clima de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA), en una tribuna publicada por EFEverde.
“La COP31 llega en un momento sombrío, marcado por guerras, democracias amenazadas y estándares de derechos humanos debilitados, así como crecientes daños y pérdidas climáticas, mientras las emisiones continúan en aumento”, escribió Ortúzar Greene. El conflicto en el estrecho de Ormuz este año, que encareció la energía globalmente, demuestra según la analista que seguir dependiendo de los combustibles fósiles “no es únicamente un problema ambiental, es también una fuente de vulnerabilidad económica”.
El estancamiento de tres décadas
Tuvieron que pasar más de 30 años de negociaciones para que, en 2023, la COP28 de Dubái acordara por primera vez llamar a “transitar hacia el abandono de los combustibles fósiles”. Pero ese avance quedó congelado: ni la COP29 de 2024 ni la COP30 de 2025 lograron construir sobre él, según detalla Ortúzar Greene.
Frente al estancamiento formal surgieron dos vías paralelas. Por un lado, la hoja de ruta impulsada por la presidencia brasileña de la COP30. Por otro, el proceso iniciado en la Conferencia de Santa Marta, liderado por Colombia y los Países Bajos, que continuarán Tuvalu e Irlanda en 2027. “Aunque no formen parte de las negociaciones oficiales ni tengan el peso de una decisión multilateral adoptada por consenso, demuestran que hay una coalición de países dispuestos a avanzar”, sostiene la especialista.
Qué se juega en Antalya
Un logro clave para la COP31 sería que estos procesos recibieran reconocimiento político formal y que la hoja de ruta continúe en Turquía como insumo para el segundo Balance Mundial, que comienza en esta cumbre y concluirá en 2028.
La puesta en marcha del Mecanismo de Acción de Belém (BAM, por sus siglas en inglés) será uno de los resultados cruciales de Antalya. Su funcionamiento deberá conectar las necesidades de los territorios con el financiamiento, la asistencia técnica y la tecnología, advierte Ortúzar Greene.
El nuevo Programa de Trabajo sobre Financiamiento Climático (CFWP), acordado en la COP30, ofrece una oportunidad para que los países desarrollados cumplan con sus obligaciones de proveer recursos de manera predecible. “El desafío no es solo movilizar el financiamiento, es lograr que llegue a quienes lo necesitan”, afirma la directora de AIDA. Hoy buena parte se queda en intermediarios y requisitos de acreditación que dificultan el acceso de organizaciones locales.
El riesgo de repetir el extractivismo
“Sin participación ni salvaguardas, se corre el riesgo de repetir lo peor del extractivismo, que los territorios del Sur Global sigan siendo la fuente de donde extraer recursos para abastecer el consumo y la calidad de vida del Norte Global”, plantea Ortúzar Greene. Una transición impuesta sin respetar derechos de comunidades ni garantizar beneficios locales puede generar conflictos, litigios y rechazo social capaces de paralizar los proyectos.
La analista cierra con un llamado pragmático: “Cada acuerdo que se traduzca en acciones, cada alianza que se logre entre gobiernos y sociedad civil, y cada decisión que incorpore las prioridades de las comunidades puede acercarnos a una transición más justa”. La cumbre arranca en noviembre en Turquía con la mirada puesta en si la cooperación internacional puede producir cambios reales en un planeta fragmentado.
Fuente original: https://efeverde.com/puede-la-cop31-impulsar-una-transicion-justa-en-un-mundo-fragmentado-por-florencia-ortuzar-greene/
