Una planta de biogás a base de efluentes porcinos redujo gases de efecto invernadero equivalentes a las emisiones anuales de 2851 autos

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La planta de bioenergía Pacuca, ubicada en Roque Pérez (Buenos Aires) y operativa desde hace cinco años, es hoy una de las demostraciones más concretas de que la economía circular puede transformar un pasivo ambiental en una solución energética de alto impacto. En 2024, su operación permitió reducir 12.232 toneladas de CO₂e, una cifra equivalente a las emisiones anuales de 2851 automóviles.

Un modelo donde nada se desperdicia

El proyecto integra producción porcina, manejo eficiente de efluentes y generación de energía renovable. Con una inversión inicial cercana a los 6 millones de dólares, la planta produce más de 8000 MWh al año, energía suficiente para abastecer a unas 5.000 personas y que se inyecta completamente al sistema interconectado nacional.

Daniel Fenoglio, presidente de Pacuca Bioenergía, destaca que este método permite reducir emisiones y generar energía.

La clave está en cerrar el ciclo productivo: los efluentes de 50.000 cerdos en ciclo completo, que antes se enviaban a lagunas de tratamiento y luego al campo, hoy alimentan tres biodigestores de tecnología alemana y española. En ese proceso, el purín (residuo semilíquido) se convierte en biogás y luego en electricidad.

“A partir de un efluente que iba al campo, en el medio estamos generando energía limpia que entra a la red”, explica Daniel Fenoglio, presidente de Pacuca Bioenergía.

Beneficios ambientales medibles

El impacto es doble: se evita la liberación de metano (uno de los gases de efecto invernadero más potentes) y se genera un subproducto valioso para la agricultura. Tras la digestión anaeróbica, la fracción sólida se composta como biofertilizante, mientras que la fracción líquida se utiliza para nutrir más de 300 hectáreas mediante riego dirigido. En consecuencia, esto permite reducir el uso de fertilizantes inorgánicos y mejorar la calidad del suelo.

“Ambientalmente mejoramos al 100%. Evitamos emisiones, generamos energía y producimos fertilidad para los campos”, destaca Fenoglio.

Energía, calor y eficiencia

La planta funciona bajo un esquema de cogeneración: además de electricidad, recupera calor para mantener la temperatura de los digestores y se evalúan nuevos usos productivos para ese excedente térmico. El motor principal, similar a uno naval y alimentado íntegramente con biogás, garantiza una operación continua las 24 horas. La planta cuenta con certificaciones ambientales y está supervisada por el ENRE.

En términos económicos, el proyecto se sostiene con un contrato de venta de energía a 20 años, que brinda estabilidad y viabilidad a la inversión inicial.

El avance de Pacuca anticipa una tendencia global: la huella de carbono será una de las métricas decisivas en los próximos años. Medirla, reducirla y certificarla ya no es una formalidad administrativa, sino la llave de acceso a mercados internacionales cada vez más exigentes y a financiamiento verde. Las cadenas de valor que incorporen estas herramientas de manera temprana serán las mejor posicionadas para competir.

Un caso que marca tendencia en Argentina

El desarrollo de Pacuca se inscribe dentro del crecimiento del biogás en el país, donde ya operan alrededor de 20 plantas con distintos orígenes de biomasa. Sin embargo, la planta de Roque Pérez se distingue por su escala, su funcionamiento estable y su integración vertical: producción animal, tratamiento de efluentes y generación de energía en un mismo ecosistema productivo.

Por eso se convierte en un modelo replicable para otras cadenas agroindustriales (láctea, avícola, feedlots, agroindustrias regionales) que buscan reducir su huella ambiental y sumar eficiencia energética.

Un futuro con más energía limpia

A cinco años de su puesta en marcha, Pacuca demuestra que la economía circular no es solo un concepto, sino una estrategia de desarrollo concreta. En un contexto donde la descarbonización y la eficiencia energética definirán la competitividad global, la planta de Roque Pérez muestra que producir energía limpia a partir de efluentes porcinos es estratégicamente necesario para el futuro de la agroindustria argentina.

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