Yanina Martínez: “En el turismo argentino, la sostenibilidad es competitividad”

Yanina Martínez hablando en FEMTUR, "Mujeres liderando el turismo del futuro", durante la feria internacional de turismo de América Latina.

El turismo argentino atraviesa un momento de expectativa: la Feria Internacional de Turismo (FIT) acaba de cerrar su 30ª edición con más de 143.000 visitantes y 64 países, y el sector celebra el crecimiento de la llegada de extranjeros. Para Yanina Martínez, presidenta de FEMTUR, es un momento “histórico para salir a conquistar mercados”, pero con deudas pendientes: conectividad, infraestructura, capacitación y una integración todavía incompleta entre turismo y ambiente.

Abogada catamarqueña, Martínez fue secretaria de Promoción Turística de la Nación entre 2019 y 2023 y subsecretaria de Turismo hasta enero de 2025. Hoy encabeza FEMTUR, una organización que promueve el liderazgo de las mujeres en un sector donde son mayoría en la fuerza laboral pero minoría en los espacios de decisión, y que realizó su foro internacional en el marco de la FIT.

En diálogo con EcoNews, habla del valor económico de la naturaleza, de los destinos que todavía están subestimados y de cómo integrar el turismo con otras actividades productivas.

Después de tantos años en la gestión pública, ¿qué diagnóstico hacés hoy del turismo argentino? ¿Dónde están las mayores oportunidades y dónde seguimos teniendo déficits estructurales?

Creo que es un momento de alguna manera histórico para salir a conquistar mercados. Argentina está atravesando una muy buena calidad turística en los distintos servicios que tiene para ofrecer y es un país privilegiado por su patrimonio, tanto natural como cultural, con toda su biodiversidad y un montón de lugares reconocidos por la UNESCO. Eso hace que tenga un producto turístico inigualable para salir a vender al mundo, con condiciones que hoy están dadas, como la seguridad jurídica, y con una estabilidad cambiaria que le da previsibilidad al turista.

Antes a lo mejor estaba más barata en términos competitivos: se cruzaba la frontera, se compraba mercadería y se volvía, y por eso quizás había más caudal. Hoy creo que la Argentina vende servicios de calidad, servicios valiosos que hay que pagar. Y venimos de un trimestre con récord histórico de turismo receptivo.

Además, podría decirse que la Argentina está de moda para distintos mercados. Ya sea porque se la nombró de manera positiva o negativa, estuvo nombrada en el Mundial, y eso hace que un país se posicione. Generó el interés de decir: “A ver, ¿qué es lo que pasa en Argentina? Quiero ir a verlo”.

La fortaleza, sin dudas, es nuestra naturaleza y nuestra diversidad. Somos cinco veces Francia: en un mismo país podemos hablar de diferentes climas, de una oferta cultural y gastronómica muy diversa. Tenemos yunga, selva, puna, Patagonia.

¿Qué debilidades hay? Hay que trabajar en infraestructura. Al ser un país tan extenso tenemos que mejorar la conectividad. Ha mejorado, pero seguimos dependiendo de Buenos Aires para el ingreso, y debería haber más conexiones entre las provincias sin tener que pasar siempre por Buenos Aires. Creo que esa es la debilidad más grande. Y poder incorporar alguna vez el tren como medio sustentable, de menor contaminación y más accesible en términos económicos.

También hay que trabajar muchísimo en capacitación: en hospitalidad, en servicio al turista, porque cada ciudadano es un embajador turístico y es quien más puede hacer que un turista vuelva a elegirnos. Y tenemos destinos muy consolidados, que son los más visitados, pero hay muchísimos destinos emergentes maravillosos que tenemos que seguir promocionando. Para eso hay que darles la infraestructura para que la gente pueda llegar.

Mencionabas el patrimonio natural, ¿los argentinos entendemos realmente el valor económico que tiene?

Creo que no. No lo dimensionamos, no lo cuantificamos. Trabajado de manera sostenible, nuestro patrimonio natural es una de las mejores ventajas competitivas que tenemos. Hoy la sostenibilidad para Argentina es competitividad, incluso en términos económicos. Un lugar cuidado que se visita es un lugar que genera ingresos para una comunidad local. Y el beneficio tiene que quedar en la comunidad local: es una de las grandes cosas que genera el turismo, ese arraigo de las comunidades en el lugar donde son los verdaderos protagonistas y dueños de ese patrimonio.

Cuando esa comunidad lo ve como un beneficio económico, siempre cuidando el ambiente, es cuando se hace la verdadera sostenibilidad en la actividad turística, donde toda la cadena de valor se ve beneficiada. El problema es cuando viene lo foráneo y el impacto positivo no queda en lo local. Desde lo global hay que ir a lo local.

Y tenemos que generar producto. Por ahí tenemos un gran patrimonio natural pero no hay un itinerario armado: por dónde y cómo tiene que ir un turista, cuáles son las medidas de seguridad, qué productos le puedo ofrecer en términos sostenibles. Esa es la mayor competitividad que tiene la Argentina, porque es viable desde lo social, desde lo económico y, si lo hacemos con una gran preservación, desde lo ambiental.

Pareciera que ambiente y desarrollo van por caminos separados. ¿El sector turístico logró internalizar esa interdependencia?

Se ha crecido, hay una conciencia mayor, pero no del todo. El potencial de crecimiento que hay en esa integración es enorme. Hay que trabajar para que el sector vea lo ambiental como un beneficio: controlar la huella de carbono, aplicar medidas más sostenibles que además generen productividad. Poder vender bonos de carbono, por ejemplo, es un beneficio para quienes aplican medidas de compensación. Hay que lograr que ser sostenible se vea como un beneficio y no solo como una tendencia.

Se están haciendo muchas cosas: eventos sostenibles, medir el impacto de los eventos masivos y reducirlo, trabajar con indicadores, certificadoras que avalan si un evento es sostenible o no. Pero todavía no está en la conciencia de muchos empresarios que es una oportunidad y que pueden marcar un diferencial.

El cambio climático ya está modificando temporadas de nieve, disponibilidad de agua y ecosistemas, y lo vamos a ver con el Súper Niño. ¿El turismo argentino se está preparando para esa nueva realidad?

Está en proceso. Creo que nadie está preparado al cien por ciento. Sin hablar de la peor catástrofe que le sucedió al turismo, que fue el parate total de la pandemia, los desastres naturales asociados al cambio climático van a generar un retroceso en el desarrollo y en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Falta mucho. Hay que tomar más conciencia y generar medidas. Tenemos el Niño, sabemos que vamos a tener mucha lluvia: ¿cómo nos preparamos en una actividad que en gran parte se realiza al aire libre? Y eso es lo simple; ni hablar si sucede una catástrofe vinculada con inundaciones. Debería generarse una mesa sectorial en la que participen el sector público, el privado y la academia, para tener al menos la previsibilidad de cómo vamos a accionar ante un suceso climático.

Ser hijos del rigor es un problema que tenemos como humanidad: hasta que no nos pasa, no nos damos cuenta, y después nos olvidamos. Lo que hay que lograr es que queden procesos. Así como la pandemia aceleró de manera exponencial el uso de la tecnología, ahora hay que prepararse ante el impacto del cambio climático, que ya está. No queda otra que trabajar para aminorarlo, para que no sea realmente una catástrofe para el sector.

¿Cuál es la gran conversación del turismo argentino que todavía no estamos teniendo y que a vos te obsesiona?

Como presidenta de FEMTUR, me obsesiona cómo las mujeres se incorporan al sector. Somos la mayoría de la fuerza laboral del turismo, el 54%, pero todavía no estamos ocupando los lugares de liderazgo donde se toman las decisiones. Y lo veo desde lo positivo: nunca hablo del feminismo como una contraposición al hombre, sino como un complemento. Hay muchas mujeres liderando y muchas que quieren liderar, pero muchas veces tienen trabas. Las tuve yo, en un lugar donde tenía poder de decisión.

Tuve la suerte de conocer todas las provincias y más de 832 localidades de la Argentina, y siempre me llamaron la atención las mujeres, porque me parecía que hacían futuro en el momento. Me decían: “Yo hago este tejido, señora, y con este tejido estoy educando a mi hijo: lo llevo a la escuela, le compro la ropa, los cuadernos”. Que una mujer pueda incorporarse con un proyecto, como emprendedora, y tener su sustento es transformador, porque lo destina a conciencia a la educación, a la alimentación, al cuidado de los hijos. Los gobiernos tienen que apostar a eso.

Y la clave de todo desarrollo es la educación: es la única fuerza transformadora de una sociedad. Hay que brindar mucha capacitación en los destinos, dar herramientas para que el que no tiene posibilidades pueda tener su propio sustento, y no vivir de otra cosa, como paradójicamente pasó en la Argentina con los subsidios. Esa es la mesa de debate que yo pondría: qué estamos haciendo para que más mujeres, y más hombres también, se incorporen a la economía formal.

Lo digo desde el turismo porque me parece la más humana de todas las actividades económicas. La inteligencia artificial puede agilizar procesos, pero el que hace turismo lo hace viviendo experiencias. Un viaje es transformador tanto para quien lo hace como para el destino que lo recibe, y genera empleo genuino en localidades que, si no fuera por el turismo, a lo mejor no tendrían otra forma de vivir.

¿Y qué pasa con los jóvenes? ¿Cómo se los seduce para que elijan formarse en turismo cuando están tan atravesados por las carreras tecnológicas?

Hay que concientizarlos justamente de eso: el turismo es un motor de desarrollo y una oportunidad de salida laboral. De hecho, está contabilizado como una de las primeras salidas laborales de los jóvenes. Y vuelvo a las mujeres: el 69% de quienes se gradúan en carreras turísticas o afines son mujeres.

Hay que mostrarles que somos un país en el que el turismo tiene que ser una de las actividades que haga crecer el producto bruto interno y, por ende, la que genere más puestos de trabajo. Hoy Argentina ronda los 7 millones de turistas receptivos. Hay que hablar con los jóvenes, que son el futuro, y preguntarnos cómo hacemos para que Argentina sea el destino turístico por excelencia. Estamos lejos de un montón de cosas, pero cuantos más turistas vienen, más divisas ingresan.

Además, el turismo tiene algo maravilloso: podés formarte en una carrera técnica o universitaria, pero también con una simple capacitación podés acceder a un puesto de trabajo. Hablamos de hotelería, de gastronomía, de eventos. Y hay que resetear la educación: los sistemas educativos están vetustos frente a lo que la realidad está pidiendo.

¿Cuál es ese destino argentino todavía subestimado que podría convertirse en protagonista en la próxima década?

Me tocaste el corazón, porque soy catamarqueña. Hay un destino que para mí está recontra subestimado, aunque ha ido creciendo y los números lo van comprobando: la Puna catamarqueña. Antofagasta de la Sierra me parece un lugar soñado, surrealista, mágico. Tenés volcanes, cielos prístinos, lagunas de diferentes colores, montañas de colores impresionantes. El Campo de Piedra Pómez es un lugar increíble, como si fueras a la Luna. Sé que están haciendo más infraestructura y hoteles importantes, algunos hasta de cinco estrellas, para atraer turismo receptivo.

También creo que de Jujuy se muestra la parte de Tilcara, Los Colorados, pero la yunga jujeña es impresionante, maravillosa.

En la Puna se puede trabajar mucho la sostenibilidad como competitividad. En Antofagasta de la Sierra hay muchas mujeres hilanderas, y hombres también, que hacen hilados y telares con la fibra de un animal que también se trabaja mucho en Perú: la vicuña. Lo que se produce con esa lana es maravilloso, y nuestra fibra se la llevan las grandes marcas de lujo, como Loro Piana. Entonces digo: démosle más valor acá. Trabajemos para que esas mujeres se inserten en la cadena productiva, que puedan vender por e-commerce y que les paguen un precio justo.

Y la vicuña tiene una historia maravillosa para contar. Cuando se la esquilaba, se estresaba y se moría; estaba en peligro de extinción. Entonces se aplicó una técnica ancestral que se llama chaku: la comunidad va avanzando, la va encerrando y ahí la esquilan, sin que se estrese. Hoy los turistas participan cuando vienen en esa fecha. Se recuperó un saber ancestral para conservar al animal, y eso además genera un beneficio para la comunidad local.

Recientemente fue la Feria Internacional de Turismo. ¿Qué conclusiones te dejó?

La feria es positiva porque vienen muchos países, este año fueron más de 60, y porque da la posibilidad de interrelacionarse. Hoy lo podés hacer por una reunión virtual, pero no es lo mismo que la venta directa. Las rondas de negocios cara a cara no se reemplazan, y se concretaron muchos negocios. Los destinos pueden mostrarse, ver cuáles son las tendencias, compartir experiencias. Tenés dos días abiertos al público, para que la gente vea hacia dónde puede viajar, y dos días para profesionales, con las rondas de negocios y las reuniones con agentes de viaje. Es una gran vidriera.

Nosotras realizamos el foro de FEMTUR, un encuentro de mujeres líderes que permitió visibilizar ese liderazgo tanto en el sector público, con ministras de distintas provincias, como en el privado, con empresarias y emprendedoras. Lo trabajamos desde la complementariedad entre hombres y mujeres líderes apostando al turismo. Porque en momentos caóticos como los que hay en el mundo, donde hay turismo hay paz.

¿Qué viene ahora en la agenda de FEMTUR?

El foro empezó el año pasado y este año se volvió a hacer. A raíz de eso se creó una asociación civil sin fines de lucro para potenciar el liderazgo y generar herramientas, capacitaciones, mentorías y un observatorio. Se pueden asociar las mujeres, y también tenemos un capítulo de hombres aliados, que son los que acompañan este proceso de transformación.

Esto se dio, además, porque por primera vez en 50 años de historia de ONU Turismo una mujer ocupa el cargo de secretaria general, y es de Emiratos Árabes. Algo está sucediendo. ¿Hacia dónde vamos? Hacia una humanidad más equitativa.

En lo que viene, estamos viendo si volvemos a Paraguay para la feria de octubre; estamos hablando para hacer un FEMTUR en Chile; después en la feria de ANATO, en Colombia, que es muy comercial, con muchos agentes de viaje; y en Fitur, en Madrid, con su directora, María Valcarce, que vino y expuso en nuestro foro. También buscamos conseguir recursos para apoyar proyectos y sumar más capacitaciones, mentorías y talleres para las que se están iniciando, las estudiantes, que tienen un fuerte interés por saber cómo dar sus primeros pasos después de recibirse.

Y en la Argentina hay provincias que quieren trabajar en esto: estamos hablando con Neuquén, con Chubut para el año que viene, y con Mendoza, con Gabriela Testa, presidenta del Ente Mendoza Turismo. Sin articulación público-privada no se puede.

Mencionaste varias provincias mineras. ¿Qué lugar tiene el turismo en la integración con otras actividades económicas?

En estas provincias mineras sabemos que uno se lleva el recurso natural. Entonces: te llevás el recurso natural, pero ¿qué legado queda en nuestro lugar? Para mí el turismo es una de las actividades a las que hay que apostar y en las que hay que invertir para que realmente se dé un desarrollo sostenible.

No van a poder ser los unos sin los otros: hay que complementar. Y más con el boom y el crecimiento que puede estar teniendo la minería. Hay que trabajar para que las regalías mineras también fortalezcan los destinos, generando más mano de obra local y apoyando a las mujeres que trabajan en las comunidades.

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