Emprender en Argentina es, para muchos, un ejercicio de supervivencia. Pero emprender con impacto (poniendo a las personas en el centro) es, además, un acto de fe. Este año, Boomerang Viajes cumple 25 años. Nacimos en 2001, apenas meses antes de que el país atravesara una de sus crisis más profundas. Desde entonces, hemos navegado devaluaciones, la irrupción digital que transformó por completo nuestro sector y una pandemia que, literalmente, detuvo al mundo.
A menudo me preguntan cómo logramos sostener la empresa sin perder de vista el propósito durante un cuarto de siglo en un contexto tan volátil. Mi respuesta es siempre la misma: el propósito no es un lujo que uno se da cuando la economía va bien, el propósito es lo que te salva cuando todo lo demás falla.
El modelo de negocio como base para el largo plazo
Muchos aún cometen el error de ver la “sustentabilidad” como algo periférico, como una acción de responsabilidad social que se suma al final, cuando todo lo demás está resuelto. Si hay algo que aprendí es que la mejor decisión es reconocer y gestionar lo mejor posible los impactos de nuestra actividad desde el inicio.
Boomerang nació desde esa necesidad, porque queríamos impulsar un turismo que no degrade ecosistemas naturales ni desplace culturas, sino que contribuya al cuidado de la naturaleza y a una distribución más justa hacia las comunidades locales. Nunca vimos las ganancias financieras como un fin en sí mismo, sino como una consecuencia de hacer las cosas bien, y esa mirada nos ayudó a no perder el norte en los momentos más difíciles.
Cuando comenzamos, nos inspiramos en los valores de la Economía de Comunión. Esto significa que nunca tomamos decisiones basadas en la especulación, sino en el bienestar de todas las partes involucradas. Cuando el objetivo es la rentabilidad humana y no solo financiera, la empresa se vuelve más resiliente. ¿Por qué? Porque genera confianza, y la confianza es la moneda más estable en tiempos de crisis.
La resiliencia se construye en los vínculos
La pandemia de 2020 fue una prueba de fuego. El turismo desapareció de la noche a la mañana. Tuvimos que suspender 300 contratos y enfrentamos la incertidumbre total. Sin embargo, nuestra reacción no fue la de una empresa fría. Cuando vimos lo que sucedía en China, empezamos a pausar ventas incluso antes de que se detuviera la actividad, priorizando el cuidado de nuestros viajeros (y, por ende, de nuestra empresa).
Nos tomó tres años reprogramar esos viajes pendientes y acompañar los contratos. ¿Cómo lo logramos sin quebrar? Por la honestidad. Tomamos decisiones difíciles, buscando el mal menor. Tuvimos conversaciones frontales con cada proveedor y cada cliente. Cuando has construido una relación de años basada en el precio justo y el respeto mutuo, el otro confía en tu palabra. Esa red de contención es la que nos permitió seguir de pie mientras otras estructuras más grandes, pero vacías de vínculo, colapsaban.
Nadie llega solo: el valor de la red
Si hay un consejo que puedo dar a quienes hoy comienzan su camino en el impacto, es que no intenten ser héroes solitarios. La sostenibilidad de una empresa depende de su capacidad de crear alianzas.
El trabajo con otros no siempre es el camino más cómodo. Pero tenemos claro que nuestra empresa no es una cosa aislada, sino un punto más en una red social que opera en este planeta. Los humanos somos seres sociales, y las empresas son actores sociales. No existe negocio alguno sin trabajadores, proveedores, clientes… y todas son personas.
En estos 25 años, la colaboración fue clave:
- Con referentes de nuevas economías: nuestra empresa surge a partir de leer, escuchar y conversar con referentes de la Economía de Comunión. Y en estos 25 años no dejamos de estar en contacto con personas, proyectos y movimientos que nos inspiran para seguir aportando al futuro desde nuestro lugar.
- Con los prestadores: no somos simples intermediarios; somos socios en el desarrollo de emprendedores de muchas regiones de Argentina, como el noroeste, el Gran Chaco, Iberá y la Patagonia. Si a ellos les va bien, a nosotros nos va bien. Y en su éxito vemos reflejado el nuestro.
- Con otras organizaciones: entendimos que para escalar el impacto hay que articular con el Estado, con agrupaciones de la sociedad civil e incluso con competidores. Participamos en procesos complejos, trabajamos por varios años desarrollando destinos antes de hacer una sola venta, tuvimos conversaciones incómodas, pero que dieron sentido al camino.
- Con el ecosistema de impacto: certificar como Empresa B en 2019 nos dio un lenguaje común con otros empresarios que creen, como nosotros, que el éxito se mide por el bienestar que generamos. Compartir espacios con ellos nos abrió muchas puertas, especialmente en el segmento corporativo.
Un legado que trascienda
Atravesamos crisis, cambios tecnológicos y profundos momentos de duda. Si algo hemos aprendido en este tiempo es que la única constante es el cambio. Por eso, al cumplir 25 años, el desafío ya no es solo sostener el presente, sino definir qué legado dejamos al mundo: ¿Cómo logramos que esta visión trascienda cuando yo ya no esté?
Durante un cuarto de siglo construimos una organización que siempre entendimos como un actor social. Al mirar el aporte realizado, el valor se vuelve tangible: formamos a 297 agentes turísticos en temas de impacto, desarrollamos destinos nacionales fortaleciendo a más de 120 emprendedores de comunidades locales y llevamos el concepto del turismo responsable a más de 31.500 viajeros.
Hoy, Boomerang Viajes se está volviendo a fundar sobre la base de un nuevo contrato con otros. El año pasado incorporé a un nuevo socio para formalizar el hecho de que esta empresa no es mía, no me pertenece.
Elegir el camino de intercambiar con otro que trabaja y piensa diferente, que tiene otros tiempos y otras formas de analizar las cosas, no es el camino más fácil. Sin embargo, estoy convencida de que es el único posible para que Boomerang Viajes siga aportando al sector por muchos años más. Porque, al final del día, los propósitos que valen la pena son aquellos capaces de sobrevivirnos.
* Bettina González es fundadora y directora de Boomerang Viajes (Empresa B), y referente de Turismo Solidario y Sostenible. Licenciada en Turismo con Posgrado en Economía Social y Desarrollo Local.
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