Que Argentina forme parte del Acuerdo de París ya no parece un hecho seguro. El propio presidente Javier Milei ha cuestionado abiertamente el tratado, lo calificó como un “fraude ambientalista” e incluso insinuó su posible retiro en favor de una agenda negacionista alineada con Donald Trump. En ese contexto, las recientes declaraciones en el diario La Nación del subsecretario de Ambiente, Fernando Brom, resultan sorprendentes: calificó como “absurdo” que Argentina salga del Acuerdo de París, aunque su gobierno se ubica en el espectro político menos amigable con los compromisos climáticos.
Brom asumió su cargo hace poco más de seis meses y expresó que, aunque su subsecretaría carece de presupuesto sustancial y peso político, confía en poder gestionar sin contaminar los objetivos con ideología.
“Sería absurdo que Argentina se retire del Acuerdo de París”, afirmó, y sostuvo que se trata de un convenio que “no nos cuesta plata” y que, bien adaptado a los intereses nacionales, puede generar “grandes beneficios en bosques, en gestión climática y en residuos”.
Brom fue aún más categórico respecto al Presidente, señalando con rara sinceridad: “En cuanto sepa un poco más de ambiente, no me cabe duda de que va a tomar mejores decisiones”.
Cámara de ecos: los costos reales de abandonar París
La sorpresa no está solo en sostener el Acuerdo de París, lo notable es hacerlo desde una posición ministerial en un gobierno alineado con posiciones negacionistas como la de Donald Trump. Brom destaca que su gestión quiere actuar “más allá de las ideologías” y que su reporte no está supeditado a la ideología presidencial. Estas posiciones lo convierten en una figura inusual: ¿un funcionario pragmático en un Ejecutivo que burla el consenso climático global?
Diversos actores del ámbito público y académico ya han alertado sobre los impactos concretos que podría tener la salida del Acuerdo. Por ejemplo, la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) advirtió que esa decisión comprometería acceso a financiamiento internacional por cientos de millones de dólares, afectaría el ingreso de Argentina a la OCDE y cerraría puertas a mercados de carbono vitales.
El comentario de Brom sugiere que algo podría estar cambiando en la narrativa gubernamental: pasar del discurso libertario radical al acompañamiento técnico proactivo. La pregunta es si esta voz solitaria crecerá hacia políticas robustas o se quedará en un eco aislado. La preparación de las nuevas Contribuciones Nacionales Determinadas (NDC), que se espera finalicen en noviembre con enfoque para 2035, será un primer test para medir si esto es un cambio de verdad o una nota disonante.