En su séptima edición, Bioferia suma al pulso de la sustentabilidad una programación artística que convierte la creatividad en herramienta de transformación social. El arte se despliega en múltiples formas: desde instalaciones inmersivas y colectivas hasta pintura en vivo y esculturas que resignifican la materia.
El festival será escenario de propuestas que invitan a mirar la naturaleza desde nuevas perspectivas. La artista Romina Yurzola presentará Arte Cósmico, una exposición de dos cuadros acompañada de pintura en vivo, donde los símbolos y colores se inspiran en la energía del cosmos y en la conexión entre lo humano y lo universal. Por su parte, Catalina Guerrico desplegará la instalación Fungi Trametes Versicolor, esculturas pictóricas que exploran la resiliencia y belleza del reino fungi, transformando la observación científica en lenguaje poético.


El arte también se convierte en acción colectiva. Parley Argentina propone Trash Art – El Último Glaciar, una instalación que crece durante todo el viernes. Cada visitante interviene un fragmento de plástico recuperado y lo suma a un glaciar construido entre todos, acompañado de un compromiso personal: dejar de usar un plástico de un solo uso y firmar el AIR Pledge. Así, la obra se convierte en un símbolo de decisiones individuales que, sumadas, generan un cambio colectivo.
En la misma línea, TACHA invita a participar de Trash Art – Mandala Colectivo Sustentable, un taller donde el público construirá un gran mandala con plástico PET recuperado post consumo. Inspirados en la obra de Edgardo Rodríguez, pionero en el uso del descarte como lenguaje artístico, la experiencia resignifica el residuo como símbolo de conciencia, comunidad y nueva belleza.
En el corazón del predio, el Domo Central se transformará en un espacio de ZonderFlag, flamante Casa de Artistas en Palermo, que busca llevar el arte de las galerías hacia afuera y abrirlo al encuentro colectivo. Allí se presentará la instalación interactiva El Silencio de la Llanura, del artista Nika Seniora, realizada con telas y retazos de manteles heredados de su abuela.

La obra resignifica esos objetos domésticos como territorio poético y sensorial, convirtiendo la memoria íntima en paisaje compartido. Cada fragmento de tela, cargado de historia y afecto, se despliega en el domo como un espacio vivo donde la quietud y la contemplación se convierten en experiencia colectiva. El silencio se revela como un lenguaje capaz de conectar lo íntimo con lo universal, invitando a los visitantes a habitar un territorio que une naturaleza, memoria y comunidad.
Estas propuestas convierten residuos en mensajes, paisajes en símbolos y la participación colectiva en un acto de creación compartida. Bioferia 2026 reafirma que la sustentabilidad también se expresa a través del arte, como lenguaje capaz de inspirar, movilizar y generar conciencia.










