La deuda de productores agrícolas en Argentina dejó de ser una herramienta de inversión y se convirtió en una trampa de supervivencia. Un relevamiento del Centro de Estudios de la Tierra (CET) sobre 340 familias del cinturón hortícola de La Plata confirmó que el 92,3% tiene deudas impagas, y el 87% las contrajo durante los últimos dos años.
El dato más duro lo revela el destino del dinero prestado. Según el estudio publicado por Agencia Tierra Viva, el 37% de las familias tomó créditos para comprar alimentos, afrontar gastos del hogar y cubrir necesidades básicas. La paradoja es brutal: quienes producen verduras todos los días se endeudan para llenar su propia olla. Además, el 65,9% tuvo que contraer una nueva deuda para pagar una anterior.
Detrás del endeudamiento aparece una frase que se repite en las quintas: “no se vende”. Y cuando se vende, los precios recibidos están por debajo de los costos de producción. Los bajos precios a los que se vende la producción aparecen como el principal obstáculo para pagar las deudas. Entre quienes se endeudaron exclusivamente para sostener la producción, el 56% señaló este problema como la principal dificultad.
Durante agosto, el Mercado Central registró bajas interanuales en los precios de distintas hortalizas. Al mismo tiempo, entre enero y agosto los costos del transporte aumentaron un 27% y el combustible un 34,5%, según datos citados en el informe del CET. Semillas, plantines, insumos, alquiler y electricidad deben pagarse antes de iniciar cada ciclo productivo. Con costos que aumentan y precios que caen, cada nueva plantación implica asumir un riesgo mayor.
La producción se achica para reducir pérdidas
La primera respuesta frente a este escenario es achicar la superficie cultivada. El productor que trabajaba dos hectáreas pasa a cultivar una. El que producía una hectárea reduce a media. Se produce menos porque hay menos margen para perder.
El achicamiento modifica la organización familiar. Integrantes que históricamente trabajaban la tierra comienzan a buscar changas y otras fuentes de ingreso. Se reduce la superficie cultivada, disminuye el trabajo familiar dedicado a la producción y aumenta la necesidad de conseguir ingresos por fuera de la quinta.
La crisis también frena los procesos de transición agroecológica. Durante los últimos años, numerosas familias avanzaron en experiencias de producción agroecológica, incorporando bioinsumos y diversificando cultivos. Pero producir con deudas, alquileres cada vez más altos y precios de venta que quedan por debajo de los costos reduce el margen para decidir cómo producir. Ante la necesidad de asegurar ingresos, algunos productores vuelven a las formas de producción que conocen desde hace años.
La situación se observa con fuerza en el cinturón hortícola de La Plata, pero atraviesa también otras zonas hortícolas del país y distintas producciones regionales. El endeudamiento estructural del sector amenaza la seguridad alimentaria local y expulsa a productores familiares del campo, concentrando la tierra en pocos actores.
Fuente original: https://agenciatierraviva.com.ar/cuando-producir-alimentos-se-convierte-en-una-deuda/











