La catástrofe glaciar en Nepal que mató a más de 1.300 personas en agosto pasado funciona como alerta temprana para Perú, donde el 71% de los glaciares tropicales del mundo retrocede a velocidad récord por el calentamiento global. El colapso en la frontera entre Nepal y el Tíbet arrasó los valles de Trishuli y Bhotekoshi tras el desbordamiento de un lago glacial, un fenómeno que Perú ya vivió en carne propia.
Benjamín Morales tenía siete años cuando el desborde de la laguna glacial Palcacocha arrasó Huaraz en 1941, matando a miles de personas. El geólogo peruano presenció después las tres mayores catástrofes glaciares de la historia humana: Ranrahirca en 1962 y Yungay en 1970, donde un terremoto desencadenó un alud que mató a 25.000 personas en menos de diez minutos.
“Lo sigo recordando como una película pasando sobre mis ojos”, dijo Morales a Dialogue Earth, recordando el desastre que marcaría toda su vida y lo llevaría a dirigir las iniciativas más importantes de reducción de riesgo glaciar en la Cordillera Blanca entre las décadas de 1960 y 1990.
Los Andes, tercera cordillera de mayor riesgo global
Paola Moschella, directora de Investigación en Glaciares del Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM), explicó a Dialogue Earth que “estudios ubican a la Cordillera de los Andes como la tercera de mayor riesgo a nivel mundial” en cuanto a inundaciones glaciares. La combinación de glaciares tropicales ubicados en pendientes pronunciadas y poblaciones viviendo cerca de los cauces de los ríos multiplica la amenaza.
Tras las catástrofes, Perú organizó una respuesta estatal sin precedentes. El desastre de 1941 dio origen a los primeros esfuerzos sistemáticos para monitorear lagos glaciares, con la creación de la Comisión de Lagunas y la Corporación Peruana del Santa. Morales y sus colegas desarrollaron un método preventivo de cuatro pasos: reducción controlada del volumen de agua, excavación de túneles de desagüe subacuáticos, levantamiento de diques de contención reforzados y trazado de canales de rebose hidráulico.
“Venían de todas partes del mundo a buscar nuestras experiencias y nos invitaban a todos lados para contar lo que hacíamos. Fuimos pioneros”, remarcó Morales con orgullo. El equipo estabilizó 35 lagos glaciares en la Cordillera Blanca entre las décadas de 1960 y 1990.
El glaciólogo peruano César Portocarrero, con 50 años desarrollando proyectos de seguridad en los Andes peruanos y en Nepal, destacó “la audacia técnica de aquellos años”. Los ingenieros realizaron perforaciones rotativas sobre hielo a 160 metros de profundidad, estudios por refracción sísmica y un túnel morrénico de 150 metros en la laguna Parón, donde también perforaron 55 metros de roca viva mediante buceo de alta montaña.
La tragedia de Yungay en 1970 forzó al Estado peruano a dar un salto institucional decisivo. En 1972 se fundó el Sistema Nacional de Defensa Civil, origen del actual INDECI, institucionalizando por primera vez un organismo dedicado formalmente a la prevención y atención de desastres. Yungay fue reubicada y refundada en terreno seguro, mientras las ruinas de la antigua ciudad fueron declaradas campo santo para preservar la memoria.
Sin embargo, gran parte de los avances comenzaron a desmoronarse con el cambio de siglo. La responsabilidad técnica, que había pasado de la Corporación del Santa a Electroperú manteniendo una cadena institucional concentrada que ejecutó obras ininterrumpidamente hasta los noventa, se fragmentó. El desastre del Himalaya ocurrió en la frontera entre Nepal y el Tíbet a finales de agosto, y al 11 de septiembre miles de personas seguían desaparecidas.
Perú concentra millones de personas que dependen del agua que proveen los glaciares andinos. La desglaciación acelerada por el calentamiento global multiplica el riesgo de nuevos colapsos catastróficos en una región que ya conoce el costo humano de la falta de prevención.
Fuente original: https://dialogue.earth/es/clima/catastrofe-nepal-advertencia-glaciar-peru/












