Las inundaciones en el suroeste de Estados Unidos dejaron al menos cuatro muertos el fin de semana pasado, cuando una tormenta feroz descargó entre dos y tres meses de lluvia en pocos días. Desde el 20 de septiembre, Clovis, Nuevo México, recibió 28,84 pulgadas de precipitación, comparado con su promedio histórico de apenas 3,3 pulgadas para ese período, según datos del Centro Climático de Colorado.
“Este fin de semana sumó más sufrimiento a las comunidades del suroeste de Colorado, Arizona, Utah y Nuevo México que ya venían siendo golpeadas. Creo que la conexión con El Niño es bastante clara”, dijo Russ Schumacher, director del Centro Climático de Colorado en la Universidad Estatal de Colorado, a Grist.
El fenómeno de El Niño —una banda de agua cálida en el Pacífico— está preparando a gran parte del sur de Estados Unidos para un invierno de precipitaciones aumentadas, según la perspectiva estacional de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). El Super El Niño activo desde 2026 ya es el más fuerte registrado, y podría intensificarse en los próximos meses.
El agua cálida carga la atmósfera de energía y humedad
Aunque el calentamiento del Pacífico representa apenas unos pocos grados extra, inyecta una cantidad tremenda de energía en la atmósfera que altera patrones meteorológicos en todo el mundo. Más del 90% del exceso de calor que los humanos han bombeado a la atmósfera ha sido absorbido por los océanos, lo que explica por qué la parte occidental del Pacífico ya produjo 10 huracanes esta temporada mientras el Atlántico permaneció inusualmente tranquilo.
“¿Podría haber ocurrido un evento como este en un año sin El Niño? Podría, pero habría sido mucho más difícil reunir todos los ingredientes al mismo tiempo, y habría sido mucho menos probable”, explicó Michael A. Crimmins, climatólogo de la Universidad de Arizona, en declaraciones a Grist.
La lluvia de otoño ya preparó el terreno para más destrucción: los ríos corrían altos antes de la última tormenta, y los suelos saturados convierten cada nueva precipitación en escorrentía que desborda cauces. “Si el segundo sistema llega poco después del primero, todo queda preparado para inundaciones aún peores”, dijo Schumacher.
Deslizamientos y torrentes en terreno montañoso
En las zonas montañosas del suroeste, la topografía canaliza el agua de lluvia en torrentes violentos. “Si caminás por el suroeste, vas a ver rocas enormes fuera de lugar por todos lados. El agua las puso ahí. Tal vez fue hace 5.000 años, pero el agua se mueve. Podemos tener inundaciones repentinas realmente épicas”, advirtió Crimmins.
Un sistema separado a fines de octubre se convirtió en una de las tormentas más extremas en la historia de Colorado, arrojando hasta 8 pulgadas de lluvia en cuatro días en las elevaciones más altas y causando destrucción generalizada.
El lado positivo es que cualquier aumento en la precipitación invernal podría aliviar la sequía en gran parte del sur de Estados Unidos, según las proyecciones de la NOAA. El cambio climático no solo exacerba estas sequías prolongadas —las temperaturas más altas también aumentan la evaporación de los embalses— mientras las poblaciones del suroeste siguen creciendo y demandando más agua. Los dos mayores reservorios del río Colorado, el lago Powell y el lago Mead, se acercan al punto de colapso. Las lluvias de este invierno podrían ayudar a llenarlos, dijo Schumacher a Grist, pero no pueden revertir el declive precipitoso del sistema. “Falta mucho camino para volver siquiera a donde estábamos hace un año, ni hablar de cuando estaba en buenas condiciones hace décadas”.
Fuente original: https://grist.org/extreme-weather/extreme-flooding-in-the-southwest-foreshadows-a-wild-el-nino-winter/










