Por qué el calor extremo nocturno afecta el sueño y se convierte en crisis de salud

Persona despierta en la cama durante una noche de calor extremo, incapaz de conciliar el sueño.

Foto: HEY ERRY / Pexels

El calor extremo nocturno afecta el sueño y se ha convertido en una amenaza silenciosa para la salud pública global. Las temperaturas mínimas que no descienden de los 25°C durante la noche impiden que el cuerpo humano complete su ciclo natural de enfriamiento, necesario para el descanso reparador.

Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), las noches tropicales se han multiplicado en el hemisferio norte durante la última década. Un estudio global del Servicio de Cambio Climático de Copernicus, publicado en Nature Climate Change, analiza el estrés térmico entre 1950 y 2024 y concluye que el calor peligroso es hoy más frecuente, intenso y prolongado, alcanzando territorios que antes quedaban fuera de su radio de acción.

La investigación utiliza el Índice Universal de Clima Térmico (UTCI), que combina temperatura, humedad, viento y radiación solar con un modelo de respuesta fisiológica. Esta herramienta estima la carga térmica real que soporta el organismo, no solo la sensación de calor.

Las mínimas nocturnas crecen más rápido que las máximas diurnas

Desde los años setenta, la temperatura percibida máxima de los diez días más cálidos de cada año aumentó globalmente 0,27°C por década. Pero las mínimas de las diez noches más cálidas crecieron aún más rápido: 0,32°C por década, según datos de Copernicus.

La diferencia parece pequeña hasta que se entiende su significado biológico. La noche debería permitir al cuerpo disipar el calor acumulado durante el día. Si la temperatura se mantiene por encima de 25°C, esa reparación se interrumpe: el sueño se fragmenta, el sistema cardiovascular continúa bajo presión y la exposición deja de ser un episodio para convertirse en un evento térmico continuo de 24 horas.

En Europa, los episodios de un día con estrés térmico seguido de una noche tropical aumentaron un 73% desde los años setenta. Los que duran entre 15 y 30 días son ahora 3,4 veces más frecuentes, según el estudio publicado en Nature Climate Change.

Insomnio, problemas cardiovasculares y desigualdad urbana

Una investigación publicada en Nature Communications confirmó que las temperaturas nocturnas por encima de 25°C disminuyen la duración total del sueño e incrementan el riesgo de descanso insuficiente. Se reduce el sueño profundo y aumenta la sensación de agotamiento al despertar.

El calor nocturno persistente también incrementa el riesgo de mortalidad en poblaciones vulnerables: adultos mayores, personas con enfermedades cardiovasculares preexistentes y quienes viven en viviendas sin aislamiento térmico ni aire acondicionado.

La crisis amplifica la desigualdad social. Las familias de bajos ingresos en áreas urbanas densas, sin acceso a refrigeración, sufren de manera desproporcionada. La noche tropical no distribuye democráticamente su insomnio: los pobres urbanos pagan el precio más alto en salud y capacidad de concentración durante el día siguiente.

La OMM alertó que los récords de temperaturas nocturnas se están rompiendo con mayor frecuencia que los diurnos en el hemisferio norte. El último refugio fisiológico que permitía al cuerpo recuperarse del calor diurno está desapareciendo.

Fuente original: https://climatica.coop/calor-extremo-noche-convierte-sueno-pesadilla/

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