El cambio climático e incendios en España: riesgo 20 veces mayor

Paisaje de incendio forestal con humo denso cubriendo bosques en España durante la ola de calor extrema.

Imagen generada por IA. Escena representativa.

Un nuevo estudio de atribución climática confirma que el cambio climático multiplicó por 20 la probabilidad de las condiciones extremas que alimentaron los megaincendios en España durante julio de 2026. La investigación, publicada este viernes por World Weather Attribution (WWA), también reveló que el riesgo se duplicó en el suroeste de Francia, aunque los científicos consideran que ambas cifras son conservadoras.

Desde principios de julio, España y Francia enfrentan una sucesión de incendios que ha cobrado la vida de tres personas, arrasado miles de hogares y obligado a evacuar a más de 300.000 personas. El origen del fuego suele estar en la acción humana, una chispa de maquinaria pesada o un coche que arde, pero el calentamiento global creó las condiciones meteorológicas perfectas para que los incendios sean cada vez más incontrolables, impredecibles y difíciles de apagar, según el análisis de WWA.

El patrón del latigazo: de un enero lluvioso a una primavera seca extrema

Para comprender la ferocidad de estos incendios, el equipo de WWA analizó el Índice de Severidad Diaria (DSR), una métrica que evalúa las condiciones de calor, sequedad y viento para reflejar la dificultad de sofocar un fuego una vez iniciado. Lo que hallaron fue un patrón cada vez más habitual y peligroso en Europa occidental: el latigazo meteorológico.

El año 2026 comenzó con un enero inusualmente húmedo en España, el más lluvioso del último cuarto de siglo, lo que fomentó un crecimiento desmesurado de la biomasa vegetal. Sin embargo, a este periodo de lluvias le siguió una primavera marcada por una sequedad anómala y olas de calor prematuras. Esta secuencia temporal hizo que la vegetación crecida se secara rápidamente debido a la alta demanda evaporativa de la atmósfera, convirtiendo bosques enteros en enormes depósitos de combustible altamente inflamable.

En el clima actual, los científicos de WWA advierten de que episodios de fuego de esta intensidad ocurren con una frecuencia de una vez cada 20 años en el suroeste francés y una vez cada 6 años en el centro de España.

Más de 200.000 hectáreas quemadas y sistemas meteorológicos propios

La magnitud de las llamas ha sido tal que, en algunos casos, los incendios llegaron a crear sus propios sistemas meteorológicos, complicando drásticamente las labores de extinción. En España se quemaron más de 160.000 hectáreas solo en julio, y más de 200.000 desde que empezó el año, según datos del sistema europeo EFFIS. En Francia llevan más de 90.000 hectáreas calcinadas, la cifra más alta desde que hay registros.

Este patrón destructivo no es un hecho aislado. En las últimas semanas, la propia WWA publicó análisis que muestran que tanto las olas de calor de junio como la sequía que afecta actualmente a Europa han sido impulsadas directamente por el cambio climático. El vínculo entre el calentamiento global y la vulnerabilidad de los bosques es una advertencia recurrente: ya en septiembre de 2025, el equipo concluyó que el cambio climático había empeorado los incendios forestales del año anterior en España y Portugal.

En la región francesa de Nueva Aquitania, el fuego encontró un ecosistema perfecto para su rápida propagación, con más de 800.000 hectáreas de monocultivos de pino marítimo gestionados de forma intensiva. La abundancia de hojarasca y la continuidad de las copas de los árboles permitieron que las llamas se extendieran con extrema rapidez, calcinando unas 40.000 hectáreas en el que ya es el segundo incendio más grande registrado en Francia desde la Segunda Guerra Mundial.

En territorio español, el abandono de las tierras rurales en favor de la urbanización provocó un severo aumento de la densidad forestal. Grandes fuegos, como el originado cerca de Ávila (el mayor incendio de la historia de España), o los de Madrid, Toledo y Guadalajara, se propagaron con violencia por zonas con gran acumulación de matorral.

La combustión liberó cantidades masivas de contaminantes a la atmósfera, generando una crisis de salud pública. En Francia, las emisiones de carbono procedentes de estos incendios rozaron las 300 kilotoneladas diarias en julio, un volumen que ya superó los devastadores registros anuales de 2022 y 2003.

Fuente original: https://climatica.coop/cambio-climatico-incendios-espana-francia/

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