La desalinización de agua marina en Chile avanza como solución para reducir la presión sobre fuentes de agua dulce en el norte del país, pero la expansión no cuenta con regulación suficiente para medir su impacto en ecosistemas costeros. Según informó Michael Lieberherr Pacheco en Mongabay Latam, más de 20 plantas desalinizadoras operan actualmente, y la minería consume el 70% del agua desalinizada producida en el país.
Entre enero y junio de 2026, el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) aprobó 23 proyectos mineros por 3275 millones de dólares. El reporte estadístico del organismo registra además 34 proyectos mineros ingresados al sistema durante ese semestre, con inversiones declaradas por más de 18 000 millones de dólares. La mayoría de estos proyectos se concentra en las zonas desérticas del norte de Chile, donde la región de Antofagasta lidera la actividad.
El agua de mar reemplazará dos tercios del consumo minero
La Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) proyecta que el consumo hídrico de la minería del cobre aumentará de 18.5 metros cúbicos por segundo en 2024 a 20.6 en 2034. Este incremento representa la cantidad de agua que permite llenar una piscina olímpica cada 20 minutos. El cambio más profundo está en el origen del recurso: el agua de mar pasará de representar un 40.7% del abastecimiento de la minería a un 67.6% en ese período.
En mayo de 2026, tras siete años de discusión en el Congreso, Chile promulgó su primera ley de desalinización. La norma crea un régimen jurídico específico para eliminar la sal del agua marina de tal manera que pueda ser destinada a diferentes usos, desde el consumo humano hasta la producción minera. Sin embargo, la ley estableció un período máximo de 18 meses para dictar los reglamentos necesarios y definir cómo será el procedimiento para elaborar una Estrategia Nacional de Desalinización.
Científicos advierten vacíos en regulación ambiental
Según el reporte de Mongabay Latam, la ley no establece estándares específicos para las descargas de salmuera, el agua con una alta concentración de sal disuelta que resulta del proceso de desalinización. La salmuera suele ser vertida al mar, aunque existe evidencia sobre sus potenciales efectos en ecosistemas marinos. Todavía existen importantes vacíos sobre cómo se manifiestan estos impactos en las distintas condiciones que presenta la costa chilena.
Daniela Rivera, profesora de la Facultad de Derecho y del Centro de Derecho y Gestión de Aguas de la Pontificia Universidad Católica de Chile, explicó que hasta ahora la desalinización se desarrollaba mediante normas dispersas sobre concesiones marítimas, evaluación ambiental y regulación sanitaria. Con la nueva ley se crea una concesión especial de desalinización y se le entregan nuevas funciones a la Dirección General de Aguas (DGA).
La ley tampoco incorpora reglas propias para evaluar los impactos acumulativos de varias plantas desalinizadoras sobre un mismo ecosistema costero, ni fija criterios concretos sobre la captación de organismos marinos que pueden ser absorbidos junto con el agua de mar. Parte de esas definiciones dependerán de los reglamentos, normas ambientales y herramientas técnicas que todavía están en proceso de elaboración.
La Asociación Chilena de Desalación y Reúso de Aguas (ACADES) informó que el país contaba con 24 plantas que producían en conjunto más de 11 000 litros por segundo durante la promulgación de la ley. Los proyectos previstos para entrar en operación durante 2026 podrían aumentar esa capacidad en aproximadamente un 30%.
Fuente original: https://es.mongabay.com/2026/09/chile-desalinizacion-agua-mar-mineria-vacios-ambientales/













