Una hembra adulta de 2,25 metros llevó durante nueve meses un pequeño transmisor satelital adherido al cuerpo. En ese tiempo no se alejó demasiado: pasó el verano, el otoño y el invierno entre el Parque Provincial Patagonia Azul (PPPA) y el Golfo San Jorge. Es el dato más fuerte de una investigación que viene cambiando lo que se sabía sobre el tiburón gatopardo (Notorynchus cepedianus) en la costa patagónica. El área no es solo un lugar de paso para la temporada estival: la especie la usa a lo largo de casi todo el año.
Los resultados llegan junto con una decisión oficial. El Gobierno del Chubut, a través del Ministerio de Turismo y Áreas Protegidas, renovó la autorización para que el estudio siga hasta el 18 de junio de 2027, mediante la Disposición N° 70/2026-SsCyAP.
Una caleta que funciona como guardería
Entre octubre de 2025 y agosto de 2026, el equipo científico hizo campañas de captura, marcado y liberación en la Caleta Malaspina, dentro del PPPA. Ahí capturaron y devolvieron al mar 204 tiburones gatopardo: 177 hembras y 27 machos. Cerca del 80 % de las hembras eran juveniles.
El dato que más llamó la atención fue el de las 13 recapturas: los mismos ejemplares volvieron a la caleta en períodos de entre 141 y 209 días. Según el estudio, esto muestra que el lugar funciona como un sitio clave de agregación, alimentación y refugio, sobre todo en las primeras etapas de vida.
No todas se quedaron cerca. Algunas hembras marcadas en la caleta viajaron hasta el Golfo Nuevo y regresaron en dos meses. Otra llegó hasta la Bahía San Blas, en la provincia de Buenos Aires.
El viaje de Josefa
En paralelo, un equipo de Mar Azul Uruguayo y del Dr. Andrés Jaureguizar (ECOSOB-UPSO) trabajó en el Cabo San Antonio, en la costa bonaerense. Allí marcaron a una hembra a la que bautizaron “Josefa”.
Después de lo que el estudio describe como un probable parto, Josefa recorrió 2.239,4 kilómetros hacia el sur. En el camino pasó por tres Áreas Importantes para Tiburones y Rayas (ISRA, por su sigla en inglés), zonas reconocidas a nivel internacional por su valor para estas especies: Cabo San Antonio, Península Valdés y Golfo San Jorge. A mediados de diciembre llegó a las inmediaciones de la Caleta Malaspina.
Su recorrido muestra que estos tiburones no respetan límites provinciales. Lo que pasa en Buenos Aires y lo que pasa en Chubut forman parte de la misma historia.
Los números del estudio
- 230 tiburones gatopardo marcados entre Cabo San Antonio y Caleta Malaspina
- 204 ejemplares capturados y liberados en Caleta Malaspina (177 hembras, 27 machos)
- 13 recapturas que confirman el regreso a la caleta en períodos de 141 a 209 días
- 9 meses de seguimiento satelital continuo de una hembra adulta
- 2.239 km recorridos por Josefa
La amenaza que dejaron ver los transmisores
Los transmisores también dejaron ver qué pone en riesgo a la especie. Tres de ellos se desprendieron antes de tiempo, y el estudio lo atribuye a capturas vinculadas a la pesca. Uno estuvo asociado a la pesca deportiva costera cerca de Punta León. Los otros dos coincidieron en tiempo y lugar con operaciones de arrastre industrial.
En el Golfo San Jorge, además, los tiburones se alimentan cerca del fondo, lo que podría exponerlos más a la captura incidental de las redes de arrastre.
Por eso los equipos científicos recomiendan una estrategia de conservación a gran escala para el Mar Argentino. Incluye áreas marinas protegidas que cubran los sitios de reproducción y alimentación y los corredores que los conectan, medidas pesqueras adaptadas a los movimientos de la especie según la estación (como cierres de zonas en ciertos períodos) y la continuidad del monitoreo. Los datos del Golfo San Jorge también aportan evidencia a una discusión que sigue abierta: la posible ampliación hacia el sur de la protección del PPPA.
“Estos resultados confirman que el Área Natural Protegida Parque Provincial Patagonia Azul es mucho más que un sitio de paso para el gatopardo: es un área que la especie usa durante todo el año y que está conectada con el Golfo San Jorge y con el resto de la costa patagónica”, dijo Nadia Bravo, subsecretaria de Conservación y Áreas Protegidas del Chubut. Y agregó: “Acompañar la ciencia con permisos, control y articulación entre áreas del Estado nos da la información que necesitamos para tomar mejores decisiones de manejo y conservación en el mar chubutense”.
Qué viene ahora
Para la nueva etapa, el equipo prevé:
- Colocar 8 nuevos transmisores satelitales MiniPAT en la Caleta Malaspina.
- Instalar 5 receptores acústicos y marcar tiburones con transmisores acústicos.
- Hacer talleres para pescadores deportivos sobre manipulación segura, devolución obligatoria y marcado como herramienta de ciencia ciudadana.
- Relevar sitios del Golfo San Jorge con cámaras subacuáticas con carnada (BRUVS).
El proyecto también busca armar una red provincial de información con pescadores deportivos y artesanales de las localidades costeras, para que quienes están en el mar todos los días aporten datos.
Los resultados ya se presentaron en congresos científicos en Bahía Blanca y Puerto Madryn. Las imágenes registradas en las campañas se usan en la Campaña de Concientización sobre Tiburones, que llevan adelante el Gobierno del Chubut y el Club del Mar, el programa educativo para jóvenes de Rewilding Argentina.
El estudio está dirigido por el Dr. Emiliano Donadio, con aval de la Fundación Rewilding Argentina y apoyo de la Blue Marine Foundation. Cuenta con permisos de la Subsecretaría de Conservación y Áreas Protegidas y de la Subsecretaría de Pesca del Chubut (Resolución N° 231/2026-SP), y con la colaboración de la estancia Bahía Bustamante, que facilitó el acceso a los sitios de muestreo.



Fotos: Horacio Barbieri.












