La defensa de los biocombustibles en Argentina cobró centralidad pública esta semana después de que Lucas Llach, ex vicepresidente del Banco Central, calificara de «curro» y «mierdas humanas» a los promotores del proyecto de ley que incrementa los cortes obligatorios de biodiesel y bioetanol en combustibles fósiles. El proyecto, que obtuvo media sanción en el Senado, eleva el corte de bioetanol en naftas del 12% al 15% y el de biodiesel en gasoil del 7,5% al 20%.
Llach cuestionó en redes sociales la obligatoriedad de estos cortes en «un país petrolero» y pidió al presidente Javier Milei que vetara la iniciativa. «La casta protegida buscando un curro pagado por todos los argentinos de bien con la excusa del cambio climático. La agricultura es para comer, para energía hay hidrocarburos, nuclear, hidro, sol y viento», escribió el economista.
El origen del proyecto: resolución 79/2026 y la crisis energética
Lo que Llach no menciona es que la iniciativa legislativa surgió del propio Poder Ejecutivo nacional en respuesta a la escalada del precio internacional del petróleo tras el recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente y la guerra ruso-ucraniana. En marzo de 2026, el gobierno de Milei emitió la resolución 79/2026, que habilitó de forma voluntaria una mezcla de hasta 15% de bioetanol en naftas y hasta 20% de biodiesel en gasoil, por encima de los cortes obligatorios vigentes.
Según el último balance de YPF publicado en julio, el mayor uso de biocombustibles permitió a la petrolera estatal evitar importar nafta y gasoil, compensando parte del impacto del alza del crudo. El reporte destaca que la empresa no tuvo que comprar «ni una sola gota» de combustibles líquidos refinados en el exterior durante el primer semestre de 2026, a diferencia de años anteriores.
La industria del biodiesel también argumenta que producción de petróleo no es sinónimo de capacidad de refinación. Argentina extrae crudo de Vaca Muerta, pero su parque de refinerías no alcanza para cubrir la demanda interna de naftas y gasoil sin apelar a importaciones o a mezclas con biocombustibles locales.
Desregulación de precios y modelo brasileño
El proyecto aprobado en el Senado incluye un cambio estructural: el precio de los biocombustibles dejará de fijarse en una oficina pública y se definirá en subastas entre productores y petroleras. Además, habilita la circulación de vehículos flex fuel, que permiten usar bioetanol en mezclas superiores al 15% o incluso al 100%, replicando el caso de Brasil.
Brasil cuenta con un corte obligatorio del 32% de bioetanol en naftas y más del 80% de su parque automotor es flex fuel. Gracias a esa política, el país puede priorizar exportaciones de petróleo crudo, que genera más divisas que los commodities agroindustriales, mientras el mercado interno elige entre nafta mezclada o bioetanol puro según precio y disponibilidad.
La Cámara Argentina de Biocombustibles estima que el proyecto, si se convierte en ley, podría atraer inversiones por más de USD 1.000 millones y reducir la dependencia de importaciones energéticas en un contexto de volatilidad global. El debate ahora pasa a Diputados, donde se espera tratamiento antes de fin de año.
Fuente original: https://bichosdecampo.com/educando-a-lucas-llach-los-biocombustibles-no-son-un-curro-promovido-por-mierdas-humanas/
