Un nuevo informe elaborado por Zero Carbon Analytics muestra, con datos concretos, cómo el cambio climático ya está afectando la producción y la calidad del vino espumante, una de las bebidas más emblemáticas del mercado global del vino.
El análisis describe cómo el aumento de las temperaturas, las olas de calor, las heladas fuera de temporada y las lluvias extremas están alterando variables clave para los espumantes (como la acidez natural, el contenido de azúcar y los perfiles aromáticos de la uva), lo que deriva en menores volúmenes, cambios en el sabor y mayores costos de producción.
Aunque el informe toma como referencia casos europeos (champagne, prosecco, cava), sus conclusiones son especialmente relevantes para América Latina, donde el impacto climático sobre la vitivinicultura ya es visible:
- Argentina y Chile, dos de los principales productores de vino de la región, registraron fuertes caídas en la producción en los últimos años, en parte asociadas a sequías prolongadas, olas de calor más intensas y eventos extremos.
- En ambos países, las vendimias se están adelantando, lo que reduce la acidez de la uva, un factor crítico para la elaboración de vinos espumantes de calidad.
- En zonas cordilleranas y de clima más frío (históricamente favorables para este tipo de vinos), las heladas tardías y la mayor variabilidad climática están aumentando el riesgo productivo.
- Al mismo tiempo, el estrés hídrico y el encarecimiento del riego presionan a pequeños y medianos productores, con impactos económicos y laborales.
Por el cambio climático, el futuro del vino es incierto
El caso del vino espumante funciona como una puerta de entrada potente para contar el cambio climático: no como un problema abstracto o futuro, sino como algo que ya está modificando qué se produce, en qué cantidad, con qué calidad y a qué precio. En países vitivinícolas de América Latina, donde el vino es parte de la identidad cultural y una fuente clave de exportaciones, estos cambios tienen implicancias que van más allá del sector agropecuario.
La caída en los volúmenes, la mayor variabilidad entre cosechas y la pérdida de características tradicionales afectan la competitividad internacional de los vinos de la región, presionan los ingresos de productores y encarecen un producto que forma parte del consumo cotidiano y de celebraciones populares. Lo que antes era sinónimo de estabilidad y tradición se vuelve cada vez más incierto.
