En el norte de Colombia, comunidades talaban el guáimaro sin saber que sus semillas eran comestibles y ricas en nutrientes, creían que solo eran alimento para los animales. No es que nunca lo hubieran sabido, es que lo habían olvidado. Los pueblos indígenas Yukpa, guardianes de la Serranía del Perijá, lo consumían desde siempre y lo llamaban Sharha. Sin embargo, con la colonización, el conocimiento se perdió, el árbol pasó a ser un obstáculo y talarlo pasó a ser una normalidad.
En 2020, expertos del Real Jardín Botánico de Kew y el Instituto Humboldt de Colombia ayudaron a recuperar ese vínculo. Hoy, a través de la asociación SOVECAB, 18 familias viven de recolectar lo que antes tiraban. El árbol que se talaba ahora vale más si está de pie.
Esta historia, relatada por Mauricio Diazgranados, director científico del Jardín Botánico de Nueva York, durante los Diálogos Mutis celebrados del 8 al 10 de junio en Ciudad de Panamá, resume la filosofía del encuentro: el uso sostenible de la biodiversidad no es solo posible, sino rentable.
Ciencia en el corazón del Canal de Panamá
La jornada comenzó donde respira la ciencia: la Isla Barro Colorado. Un grupo de 25 expertos internacionales recorrió este laboratorio natural donde el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI, por sus siglas en inglés) monitorea el impacto de la deforestación y la crisis climática, hace más de un siglo. La visita no fue casual; buscaba conectar el rigor científico con decisiones concretas de inversión para América Latina y el Caribe, que es la región que más sufre la pérdida de biodiversidad en todo el mundo. Según un informe de Planeta Vivo, en solo 50 años, las poblaciones monitoreadas de anfibios, aves, peces, mamíferos y reptiles de América Latina y el Caribe han disminuido un 95%.
Para Hernando García, director del Instituto Humboldt, este intercambio es vital: “Debemos actuar localmente, pero también conectar la fuerza del conocimiento científico global. Y esto son los Diálogos Mutis”.
¿Cómo ponerle valor económico a la naturaleza sin destruirla?
Uno de los mayores desafíos discutidos en la segunda jornada de los diálogos, en el Biomuseo de Panamá, fue cómo ponerle valor económico a la naturaleza sin destruirla. “La biodiversidad es el material más crítico de América Latina y el Caribe. Debemos poner en valor el capital natural de la región y ampliar la frontera tecnológica de sus recursos naturales con una nueva visión de desarrollo productivo”, destacó Alicia Montalvo, vicepresidenta de Cooperación, Alianzas y Movilizaciones de CAF (Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe).
Para respaldar esa visión, que busca posicionar a la biodiversidad como un activo estratégico, CAF anunció una inversión masiva: 40.000 millones de dólares en los próximos cinco años para el crecimiento verde. De ese monto, un 10% (4.000 millones de dólares) se destinará exclusivamente a proyectos de conservación, restauración y uso sostenible de la naturaleza.
Las aves migratorias: guías de inversión
Una de las innovaciones más destacadas fue la Iniciativa de Rutas de Aves Migratorias de las Américas (AFI). Esta alianza entre CAF, Audubon y BirdLife demuestra que proteger las rutas de las aves (que conectan desde el Ártico hasta Tierra del Fuego) es también una oportunidad para diseñar mejor infraestructura y turismo sostenible.
Elizabeth Gray, directora de National Audubon Society, destacó la relevancia de este puente entre biólogos y financistas: “Hace algunos años, habría sido difícil imaginar al sector financiero y al sector ambiental diseñando juntos estrategias para conservar aves. Hoy, la crisis climática nos muestra que estos mundos están profundamente conectados”.
En diálogo con EcoNews, el CEO de BirdLife International, Martin Harper, resaltó la importancia de proteger las rutas de estos animales: “Alrededor del mundo, cada año, miles de millones de aves migran. Para proteger esa maravilla debemos proteger cada lugar al que van, sea que se alimenten ahí o no, y también donde descansan”.
Una carrera contra el tiempo
Juan Carlos Navarro, ministro de Ambiente de Panamá, dejó una de las declaraciones más contundentes del evento, generando una sensación de urgencia para motivar acciones concretas: “La agenda nacional de cada uno de los países (de cada uno de nosotros) es la que cuenta. Frenar la destrucción de los hábitats, frenar la avaricia y la codicia desmedida que destruyen nuestros bosques, que contaminan (…) El primer paso es proteger lo que tienen a su alrededor y no perder el tiempo, que es lo más valioso que tenemos”.
Con ese objetivo, los expertos intercambiaron conocimiento en mesas de trabajo focalizadas, en torno a tres temáticas distintas:
- La biodiversidad como valor económico: transformación de los sistemas productivos con enfoque ecosistémico.
- Tecnologías innovadoras aplicadas para el desarrollo sostenible en la biodiversidad.
- Gobernanza, financiamiento e incentivos para escalar soluciones basadas en biodiversidad.
En red y con el mismo objetivo común, buscan darle un valor económico al capital natural y hacer un uso sostenible de él, porque le conviene al planeta, y al ser humano también.
Al igual que las semillas de guáimaro que volvieron a las mesas colombianas, los Diálogos Mutis reforzaron la idea de que la verdadera riqueza de la región no está en lo que podemos extraer, sino en lo que somos capaces de mantener con vida y transformar en bienestar para las comunidades.
