El fracaso global en reducción de emisiones quedó certificado este lunes con la publicación del Informe sobre la Brecha de Emisiones 2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Bajo las políticas actuales, el calentamiento global alcanzará los 2,8 °C dentro de este siglo, muy por encima del límite de 1,5 °C acordado en París.
“El mundo ya no puede evitar sobrepasar el límite de 1,5 °C”, declaró António Guterres, secretario general de la ONU, tras conocerse los datos. El organismo advierte que se ha perdido toda posibilidad de mantener el calentamiento por debajo de ese umbral como consecuencia de décadas de inacción y políticas tibias.
Las emisiones globales alcanzaron las 58,4 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente (GtCO2e) en 2025, una cifra similar a 2024 que apenas supone un descenso de 0,1 GtCO2e. Este tímido retroceso se vio impulsado por una disminución en las emisiones derivadas de la quema de biomasa y los incendios forestales, pero no logró compensar el aumento sostenido del uso de los combustibles fósiles.
Las potencias del G20 acaparan el 76% de las emisiones mundiales
A nivel geopolítico, los miembros del G20, excluyendo a la Unión Africana, siguen siendo los principales responsables del colapso climático, acaparando el 76% de las emisiones mundiales. Sus emisiones conjuntas, sin contar los usos de la tierra, aumentaron un 0,7% en 2025. Menos de la mitad de los países del G20 están bien encaminados para cerrar sus brechas de implementación para 2030.
Si se cumplen a rajatabla todas las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) presentadas por los países, el calentamiento lograría limitarse a 2,6 °C. Incluso en el escenario más optimista, donde se cumplen todas las NDC y todas las promesas a largo plazo de cero emisiones netas, el aumento de la temperatura llegaría a 2,1 °C, aún fuera del margen de seguridad del Acuerdo de París.
El PNUMA propone un plan B: avanzar hacia el “menor exceso posible” de 1,5 °C. Este escenario asume una mitigación estrictamente rigurosa desde 2025, limitando el calentamiento máximo a un pico de 1,7-1,8 °C con un 66% de probabilidades, y devolviendo la temperatura a 1,5 °C o menos en el año 2100 con un 50% de probabilidades.
Qué recortes de emisiones harían falta para evitar lo peor
Para entrar en esa trayectoria, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero deben reducirse de manera urgente: un 18% para 2030, un 45% para 2035 y un 69% para 2040, todo ello respecto a los niveles base de 2025. Sin embargo, la plena aplicación de las nuevas NDC apenas lograría una reducción del 5 al 8% para 2030 y del 11 al 15% para 2035.
El informe señala que la generación de electricidad a partir del carbón tendrá que reducirse al menos un 75% para 2035 respecto a los niveles de 2025. El uso del carbón en la generación eléctrica deberá ser eliminado a nivel mundial para el año 2040. Por su parte, las emisiones de metano tendrán que caer al menos un 25% para 2035 y un 40% para 2040.
A pesar del escenario catastrófico, el PNUMA señala que las energías renovables han demostrado ser un destello de esperanza tangible. Desde la adopción del Acuerdo de París, el crecimiento de la energía solar fotovoltaica y la energía eólica ha superado continuamente hasta las previsiones más optimistas. La capacidad mundial de electricidad renovable ha crecido tres veces más rápido de lo anticipado, y la energía solar fotovoltaica ha aumentado a un ritmo siete veces superior a lo esperado hace una década.
Guterres cerró su mensaje con un llamado a no rendirse: “Sobrepasar el límite no significa rendirse. Todavía podemos mantenerlo lo más pequeño y breve posible”. El primer Balance Mundial subrayó la necesidad urgente de triplicar la capacidad global de energía renovable y duplicar la tasa anual de mejora de la eficiencia energética para 2030.
Fuente original: https://climatica.coop/pnuma-fracaso-global-brecha-de-emisiones/
