Los huracanes en Hawaii durante el verano 2026 rompieron un patrón de décadas. Lowell, que esta semana dejó árboles caídos, caminos destruidos y muelles hundidos en Kauai, fue la segunda tormenta con nombre que impactó las islas en menos de un mes. En agosto, Lala golpeó la Isla Grande y Oahu con vientos huracanados, los primeros registrados allí en 155 años.
Hawaii ocupa 2.400 kilómetros en el centro del Pacífico Norte, pero históricamente esquiva el impacto directo de huracanes. Desde 1992, cuando Iniki devastó Kauai con vientos de 233 kilómetros por hora y destruyó el 70% de las viviendas de la isla, ninguna tormenta había tocado tierra en el archipiélago. Según Michael Brennan, director del Centro Nacional de Huracanes, citado por The Guardian, “un evento de esta magnitud es algo raro”.
Las aguas cálidas del Pacífico quebraron el escudo natural de las islas
No es la suerte lo que protege a Hawaii, sino su ubicación. Nicholas Grondin, profesor de Ciencias Ambientales de la Universidad de Tampa, explicó en un editorial publicado por The Conversation que las islas son un blanco pequeño en medio del océano. La mayoría de las tormentas que se acercan atraviesan aguas más frías al este del archipiélago, lo que las debilita. “Sin océanos cálidos que provean combustible, los huracanes tienden a perder fuerza y desvanecerse al aproximarse a las islas”, escribió Grondin.
Pero 2026 no fue un año normal. Las temperaturas superficiales del mar en el Pacífico tropical alcanzaron niveles excepcionales debido a El Niño, el fenómeno climático que ya se desarrolló y que, según los pronósticos, se intensificará en los próximos meses. El Niño limita la actividad de huracanes en el Atlántico, pero potencia la formación de tormentas más fuertes en el Pacífico.
Según Matthew Rosencrans, meteorólogo líder de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos, el fenómeno provocó que los huracanes se formaran más al sur y al oeste este año, “ubicándolos en una posición desde la cual pueden avanzar hacia las islas hawaianas”. También extendió la temporada: septiembre y octubre son mucho más activos en años de El Niño, cuando los riesgos suelen caer después de julio.
El cambio climático amplificó la ferocidad de Lowell
El calentamiento global se superpuso a los efectos de El Niño. Lowell se convirtió temporalmente en huracán categoría 5 el 2 de septiembre, al pasar sobre aguas inusualmente cálidas que alimentaron su intensidad. Según un informe de Climate Central, organización que investiga los impactos del calentamiento global, las temperaturas del mar en la trayectoria de Lowell “fueron hasta 60 veces más probables debido al cambio climático causado por los humanos”.
Juntos, el cambio climático y El Niño están potenciando eventos extremos en todo el planeta durante el próximo año. Para las tormentas del Pacífico, Rosencrans advirtió que eso significa más humedad y vientos más fuertes.
Mientras las autoridades de Hawaii limpian escombros y reparan infraestructura dañada por Lowell, los oficiales de gestión de emergencias deben seguir monitoreando el océano. “Solo necesitan reajustarse y prepararse para cualquier impacto potencial que venga”, dijo Rosencrans a The Guardian. “La temporada no terminó. Todavía queda un largo trecho por delante.”
Fuente original: https://www.theguardian.com/us-news/2026/sep/10/hawaii-hurricane-damage-el-nino
