La salida de Estados Unidos de organismos globales y su impacto en América Latina

El presidente Donald Trump pronuncia un discurso ante el 80.º periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el martes 23 de septiembre de 2025, en la sede de la ONU en Nueva York. (Foto oficial de la Casa Blanca por Daniel Torok)

El gobierno de Estados Unidos anunció el 7 de enero su retiro de 66 organismos internacionales, entre ellos 31 vinculados al sistema de Naciones Unidas y otros 35 foros, agencias y acuerdos multilaterales. La decisión, que ha tenido amplia repercusión en EE.UU. y Europa, tiene implicancias directas y todavía poco exploradas para América Latina.

Entre los organismos abandonados por Estados Unidos hay varios que cumplen un rol central en la región, tanto en términos de financiamiento como —sobre todo— de producción de conocimiento, cooperación técnica y construcción de agendas en temas como cambio climático, biodiversidad, ciencia, desarrollo, desigualdad y transición energética.

Algunos de los casos más relevantes para América Latina

CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe – ECLAC)

Aunque Estados Unidos no era un gran financiador directo, su participación tenía peso político y simbólico. La CEPAL es uno de los principales centros de pensamiento sobre desarrollo de la región, con influencia en debates sobre desigualdad, política industrial, deuda, cambio climático, adaptación y financiamiento. La salida de este país implica ceder influencia en un espacio clave donde hoy ganan peso actores como Europa y China.

Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático (CMNUCC)

Es el marco institucional de las COP, del Acuerdo de París, del financiamiento climático y de mecanismos clave para América Latina como adaptación, pérdidas y daños y mercados de carbono. La retirada de Estados Unidos debilita uno de los principales pilares del multilateralismo climático en un momento de alta vulnerabilidad regional.

“Mientras todas las demás naciones avanzan juntas, este último paso atrás en el liderazgo mundial, la cooperación climática y la ciencia solo puede perjudicar a la economía, el empleo y el nivel de vida de Estados Unidos, ya que los incendios forestales, las inundaciones, las megatormentas y las sequías empeoran rápidamente”, reflexionó Simon Stiell, secretario ejecutivo de la CMNUCC.

Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC)

El IPCC no financia proyectos, pero define la base científica de las políticas climáticas. América Latina tiene una participación creciente de científicos y depende de sus informes para planificación climática y negociaciones internacionales. La salida de Estados Unidos afecta la gobernanza, el financiamiento y el papel del organismo.

Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global (IAI)

Con sede en Uruguay, el IAI es uno de los principales organismos científicos regionales sobre cambio climático. Durante años, gran parte de su investigación fue financiada por la National Science Foundation (NSF) estadounidense. La retirada del país norteamericano pone en riesgo la continuidad de redes científicas regionales y la cooperación Norte–Sur en ciencia climática.

IPBES (plataforma científica sobre biodiversidad)

Clave para países megadiversos como Brasil, Colombia, México, Perú y Argentina. América Latina ha sido una de las regiones más activas dentro del organismo, tanto en producción científica como en discusiones políticas.

“Estados Unidos es miembro fundador de la IPBES y los científicos, responsables políticos y partes interesadas, incluidos los pueblos indígenas y las comunidades locales estadounidenses, han sido algunos de los colaboradores más activos en la labor de la IPBES desde su creación en 2012, realizando valiosas contribuciones a las evaluaciones objetivas y basadas en la ciencia del estado del planeta, para las personas y la naturaleza”, dijo al respecto David Obura, presidente de esa plataforma científica.

Otros organismos relevantes para la región incluyen el Fondo Verde del Clima (GEF), UNCTAD (comercio y desarrollo), la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), la Organización Internacional de las Maderas Tropicales (ITTO) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), todos con presencia y programas activos en América Latina.

El impacto en la región

Más allá del impacto financiero —que varía según el organismo—, la salida de Estados Unidos de estos organismos plantea preguntas de fondo relevantes para la región:

“La decisión de los Estados Unidos de retirarse de agencias clave, tanto del sistema de Naciones Unidas como de otros organismos internacionales, es un grave retroceso para la gobernanza global que ha sido una herramienta fundamental para conservar la paz y garantizar la mejora de la calidad de vida de las personas en el último siglo”, dijo Andrés Nápoli, Director Ejecutivo de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) al respecto. “Este tipo de decisiones reduce la capacidad colectiva para responder a fenómenos que no reconocen fronteras: sequías extremas, inundaciones, incendios forestales, inseguridad alimentaria y desplazamientos forzados. En este escenario, la cooperación y el respaldo internacional no son una opción, sino una necesidad impostergable”. 

Por su parte, Francesco de la Camera, director general de IRENA, lamentó la salida del país norteamericano de la Agencia Internacional de Energías Renovables. “Estados Unidos ha desempeñado durante mucho tiempo un papel importante en el fomento de las energías renovables a través de la cooperación internacional. Hoy en día, las energías renovables no son solo una solución climática, son una economía inteligente y serán el factor decisivo en la competitividad de las economías”.

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