La minería ilegal de oro en la Amazonía brasileña convirtió el territorio indígena Sararé en una zona de devastación total, según confirmaron autoridades del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva durante operativos antiilegales que The Guardian documentó en terreno como único medio extranjero autorizado.
Vila Cururu, el campamento minero más grande del área, fue demolido por fuerzas del IBAMA, la Policía Federal y Funai a fines de marzo de 2026. Hasta entonces, el asentamiento operaba como un enclave criminal con burdeles, explosivos y cientos de mineros que excavaban túneles en las laderas del territorio del pueblo Nambiquara.
“Arrasaron con todo. Destruyeron la naturaleza“, declaró Jackson Katitãurlu, líder indígena nambiquara, en una entrevista publicada por The Guardian. Katitãurlu describió cómo los ríos quedaron envenenados con mercurio y la fauna huyó por el ruido constante de música y explosiones.
El territorio Sararé, un área del tamaño de Singapur cerca de la frontera con Bolivia, perdió el 4% de sus bosques entre enero de 2024 y agosto de 2025. En total, 44,8 kilómetros cuadrados fueron destruidos desde que comenzó la fiebre del oro hace cinco años, una superficie equivalente a casi la mitad de Manhattan.
Cómo el precio del oro dispara la destrucción en Sararé
Nilton Tubino, coordinador de las operaciones de desintrusión de Lula, explicó a The Guardian que la crisis en Sararé se intensificó por el récord histórico del precio del oro, impulsado por la inestabilidad global que desató la política errática de Donald Trump. “El precio del oro, este contexto global loco, Trump, estas cosas tienen un impacto directo en toda la Amazonía”, afirmó Tubino mientras recorría las ruinas carbonizadas de Garimpo Quatro, una de las minas más grandes del área.
Desde helicópteros, los pilotos del operativo describieron el paisaje como “una favela, como Río de Janeiro”, por la densidad de estructuras improvisadas hechas con lonas y tablones. Media docena de túneles perforaban una pared rocosa. Excavadoras Hyundai, ahora incendiadas por las fuerzas de seguridad, habían reemplazado el bosque con montañas de escombro gris y cobre sobre las que volaban guacamayas rojas.
La ofensiva de Lula desplazó mineros hacia nuevas fronteras
La devastación de Sararé tiene una paradoja: parte de la explicación está en el éxito de la campaña antiminería que Lula lanzó en enero de 2023 al regresar al poder. Después de que el equipo de Tubino expulsó a miles de garimpeiros del territorio Yanomami en 2023, muchos huyeron hacia el sur, a Sararé, esperando seguir operando lejos de los controles.
El pueblo Nambiquara, unas 200 personas que habitan Sararé, ya enfrentó agresiones externas desde el siglo XVIII, cuando colonos portugueses encontraron oro en las colinas circundantes y esclavizaron a indígenas y africanos para trabajar en las minas, según documenta el antropólogo David Price en su libro Before the Bulldozer (1989).
Las fuerzas brasileñas prometieron mantener presencia permanente en Sararé. Los próximos operativos se concentrarán en destruir la maquinaria pesada que aún permanece oculta en campamentos secundarios y en rastrear las redes de financiamiento que abastecen a los mineros ilegales desde ciudades fronterizas.
Fuente original: https://www.theguardian.com/world/2026/jul/20/brazil-gold-rush-illegal-mining-settlements-indigenous-lands
