La pesca de arrastre es una de las prácticas pesqueras más extendidas del mundo, pero también una de las más cuestionadas por su impacto ambiental. Aunque resulta rentable por el volumen de capturas que permite, distintos organismos internacionales, científicos y organizaciones socioambientales advierten que sus consecuencias sobre los ecosistemas marinos y el clima son profundas y duraderas.
¿En qué consiste exactamente esta práctica y qué ocurre con ella en Argentina?

Qué es la pesca de arrastre
La pesca de arrastre “se refiere al arrastre de una red detrás de una embarcación para capturar peces o mariscos”, define el Dr. Bryce D. Stewart, ecólogo marino y experto en pesca en una entrevista con el Centro Regional de Información de las Naciones Unidas para Europa Occidental (UNRIC).
Esta actividad puede realizarse en distintas zonas de la columna de agua, cerca de la superficie (pesca de arrastre pelágica), a lo largo del lecho marino (pesca de arrastredemersal o de fondo) o incluso justo por encima del fondo (pesca de arrastre semipelágica). Según Naciones Unidas, este método representa cerca del 25% de las capturas de pescado a nivel mundial. Su principal característica es la baja selectividad: no distingue tamaños ni especies, por lo que captura grandes volúmenes de organismos que no son el objetivo comercial de la pesca.
El impacto ambiental es severo. El arrastre de fondo y otras técnicas similares, como el dragado, dañan físicamente el fondo marino, reducen la biodiversidad y eliminan especies que aportan estructura al hábitat, fundamentales como zonas de cría y alimentación para peces y mariscos, incluso aquellos de interés comercial, agrega Stewart, que también es investigador principal de la Asociación de Biología Marina del Reino Unido y profesor asociado de la Universidad de Plymouth.
Además, generan elevados niveles de captura incidental, que afecta a crustáceos, equinodermos, peces y, en algunas regiones, incluso a tortugas marinas.
A estos daños ecológicos se suma el impacto climático. Un estudio publicado en 2024 en la revista Frontiers in Marine Science estimó que la pesca de arrastre de fondo libera hasta 370 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono (CO₂) por año, al remover sedimentos ricos en carbono almacenado en el fondo del océano, según reporta National Geographic. Por este motivo, especialistas la señalan como una de las formas más destructivas de obtener alimentos del mar.
Qué sucede en Argentina con la pesca de arrastre
En Argentina, la pesca de arrastre es una de las modalidades más utilizadas dentro de la actividad pesquera industrial. Los buques arrastreros tiran de grandes redes que barren el fondo marino a su paso, destruyendo amplias superficies del lecho oceánico.
De acuerdo con la Fundación Rewilding Argentina, muchos de estos fondos no logran recuperarse. La erosión causada por el paso repetido de las redes es tan profunda que los procesos naturales de recolonización de organismos se vuelven improbables, transformando estas áreas en zonas degradadas y sin vida.
El problema no se limita a la pérdida de biodiversidad. La pesca de arrastre también libera grandes cantidades de carbono que permanecían almacenadas en los fondos marinos, lo que contribuye a agravar la crisis climática, insiste la Fundación Rewilding Argentina.
Frente a este escenario, científicos y organizaciones ambientales insisten en la necesidad de avanzar hacia una gestión pesquera basada en evidencia científica, reforzar la protección de los ecosistemas marinos y reducir progresivamente el uso de prácticas altamente destructivas como el arrastre de fondo.
Stewart, que contribuyó al documental Océano con David Attenborough, destacó la importancia de las Áreas Marinas Protegidas (AMP). “Las AMP adecuadamente diseñadas, gestionadas y vigiladas desempeñan un papel importante en la mejora de la salud de nuestros mares. Pueden proteger y recuperar hábitats y especies cruciales, a la vez que benefician a las pesquerías circundantes mediante la transferencia de larvas, juveniles y peces y mariscos adultos”, concluye el experto.












