En 2027, Rosario elegirá a 28 estatuyentes para escribir su Carta Orgánica. Mientras tanto, la quema de los humedales, el aire irrespirable, la contaminación del río, el agua intomable, las inundaciones, las bajantes, el plástico y los transgénicos siguen su cauce. Esa constitución local abre una posibilidad: reconocer a la Naturaleza como sujeto de derechos.
El 15 de septiembre, la cátedra de Derecho Ambiental de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) organizó un debate sobre los temas ambientales que debería incluir la futura Carta Orgánica de la ciudad.
Matías De Bueno, abogado especialista en derecho ambiental, presidente del Instituto de Derecho Ambiental del Colegio de Abogados de Rosario y secretario de Políticas Ambientales de la UNR, aseguró en diálogo con EcoNews que “Rosario puede reconocer en su Carta Orgánica a la Naturaleza como sujeto de derechos”.
“En la constitución rosarina vamos a establecer los principios básicos con los cuales queremos vivir los ciudadanos. Somos una ciudad muy ligada a la problemática ambiental”, explicó. Y agregó: “Dejar establecidas las bases de cómo nos vamos a regir en nuestro estatuto principal para las próximas generaciones es absolutamente fundamental. No podemos dejar que quede fuera la dimensión ambiental y de sustentabilidad en este debate”.
Hoy, el Río Paraná no cuenta con derechos reconocidos. La nueva Constitución de Santa Fe, en sus artículos 33 y 34, garantiza a los habitantes de la provincia el derecho a vivir en un ambiente sano, equilibrado y sostenible, teniendo en cuenta a las futuras generaciones, y asegura el acceso universal al agua, considerada “un bien de todos, indivisible y vital para la vida humana y la naturaleza”. Pero bien sabe el río que hasta las mejores leyes lo siguen tratando de vía navegable.
Hace décadas el Río Paraná, que en guaraní significa Padre o Pariente del Mar, perdió su identidad por la de Hidrovía, palabra que no existe en castellano. Sus funciones ambientales fueron reemplazadas por el de una autopista fluvial para grandes embarcaciones. Sin embargo, forma parte del sistema de humedales del Paraná-Paraguay, provee agua, regula el clima, amortigua inundaciones, fertiliza los suelos y es el hábitat de numerosas plantas y animales.
El Remanso Valerio, una de las últimas comunidades urbanas de pesca artesanal del país, es reconocido por la canción “Oración del Remanso” de Jorge Fandermole y su Cristo de las Redes. Enfrenta la escasez de peces por su incapacidad de reproducción a causa del dragado del Río Paraná. Los primeros pobladores llegaron hace más de ochenta años y hoy son unas 350 familias. Desde hace años, las familias isleñas denuncian el desgaste y el derrumbe de las costas, y la obstrucción de cauces, que impide la recarga de las bocas de lagunas y arroyos. Eso puede dejarlas sin acceso al agua, como ya ocurrió en Victoria, Entre Ríos.
La Naturaleza todavía puede ser legalmente malherida. En el mejor de los casos, los afectados son indemnizados y los criminales sancionados luego del delito. Pero eso no impide que la población caiga en manos de las empresas y acepten abandonar sus hogares o vivir en ambientes insalubres.
La región sufrió numerosas catástrofes en su historia. Por citar un ejemplo, tras 12 años de proceso judicial, la Suprema Corte bonaerense confirmó, en julio de este año, la responsabilidad de Atanor por la contaminación irreversible del río Paraná en San Nicolás. El fallo determinó que la empresa provocó daño ambiental mediante desechos líquidos industriales y cuestionó las fallas en los controles estatales. Los estudios detectaron glifosato, AMPA y atrazina en descargas que llegan al río. Actualmente, la planta atraviesa un proceso de relocalización, mientras organizaciones ambientales exigen monitoreo, controles estrictos y acceso público a la información en el desmantelamiento. Casos como este muestran por qué los controles y la prevención no pueden quedar fuera de la discusión ni llegar después del daño.
Nada tiene de raro el grupo de personas que un año antes de la elección de los estatuyentes ya debate los aspectos ambientales de la Carta Orgánica. “Puede haber una justicia municipal en materia ambiental y puede haber un fiscal ambiental de Rosario para garantizar estos derechos. También pueden establecerse procedimientos específicos en cuanto a la participación ciudadana y a los estudios de impacto ambiental”,explicó De Bueno en torno a las herramientas jurídicas que podrían incorporarse para garantizar los derechos ambientales.
Hoy, la ley protege el derecho de las personas antes que de la Naturaleza. Reconocer el Río Paraná es competencia de la Nación. Sin embargo, Rosario tiene la oportunidad de sentar un precedente en materia de derechos ambientales y es el pueblo quien debe exigir que esto sea parte de la agenda.
