Cómo las sequías por cambio climático disparan enfermedades en nuevas regiones

Las sequías provocadas por el cambio climático están reconfigurando los mapas epidemiológicos globales, disparando la transmisión de enfermedades dependientes del agua en regiones que antes estaban protegidas. Un estudio publicado en la revista Trends in Ecology & Evolution documenta cómo la paradoja sequía-enfermedad transforma la ecología de patógenos y sus vectores, exponiendo a poblaciones enteras a amenazas sanitarias inéditas.

La investigación, liderada por Pieter Johnson (Universidad de Colorado Boulder) y Tara Stewart Merrill (Instituto Cary de Estudios de Ecosistemas), analizó 100 estudios previos sobre enfermedades acuáticas causadas por parásitos y patógenos que dependen del agua para alguna fase de su ciclo vital. Los autores concluyeron que, aunque la sequía puede frenar algunos patógenos, aumenta el riesgo de ciertas enfermedades infecciosas incluso cuando el agua disponible disminuye.

La zona crítica donde explotan los contagios

La paradoja sequía-enfermedad ocurre en una zona intermedia: cuando las fuentes de agua se reducen pero no desaparecen por completo. “En esa área media, donde el agua es limitada pero no se fue del todo, vemos este punto óptimo contraintuitivo donde hay un aumento de la enfermedad acuática”, explicó Stewart Merrill en una entrevista con Mongabay.

La clave está en la proximidad forzada: cuando las fuentes se secan y las restantes se achican, animales y microorganismos patógenos se concentran en los últimos cuerpos de agua disponibles, facilitando la transmisión. Los mosquitos, por ejemplo, encuentran en esos charcos residuales condiciones ideales para reproducirse, especialmente si la sequía eliminó a sus depredadores naturales y competidores.

El caso de la fiebre amarilla en Brasil

Un estudio de 2026 liderado por Jamie Caldwell (Universidad de Princeton) documentó cómo la sequía y los mosquitos se combinaron para desatar el brote urbano de fiebre amarilla de 2017 en Brasil, el primero en casi un siglo. “No había habido fiebre amarilla en una población urbana en casi cien años, y también coincidió con una sequía que ocurre una vez cada cien años”, señaló Caldwell a Mongabay.

La enfermedad, normalmente confinada a los bosques brasileños, saltó a las ciudades cuando la deforestación, el cambio de uso del suelo intensivo y la sequía brasileña de 2014-2017 (la peor en al menos 80 años) crearon las condiciones para que los vectores migraran.

En 2025, la sequía anual afectó aproximadamente el 30% de la superficie terrestre global, casi el doble del área registrada desde 2000. Actualmente, un niño muere cada 90 segundos por una enfermedad transmitida por el agua. Johnson advirtió que “la sequía también está influyendo en cómo las plantas y los animales interactúan, incluida su interacción con parásitos”, y determinando cuáles de esos patógenos serán ganadores o perdedores a medida que la sequía se expande.

Los investigadores sostienen que rastrear la respuesta de los patógenos a la sequía podría ayudar a predecir futuros brotes de enfermedades infecciosas. Entre las estrategias propuestas figura la introducción de libélulas que se alimentan de mosquitos, un enfoque ecológico para frenar la transmisión en su origen, junto con conservación, control de vectores y vacunación.

Los autores del estudio advierten que comprender mejor el funcionamiento de la paradoja sequía-enfermedad será indispensable para anticipar y combatir brotes infecciosos en un mundo donde la sequía se profundiza año tras año.

Fuente original: https://news.mongabay.com/2026/11/drought-driven-by-climate-change-is-redefining-how-disease-spreads-study-finds/

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