Un año después de que las aguas del tifón Halong arrasaran la aldea nativa de Kwigillingok en Alaska, la mayoría de sus habitantes permanece en el limbo, dispersa entre refugios temporales en Bethel, Anchorage y comunidades cercanas. Solo unas 30 personas regresaron a la aldea yup’ik, ubicada a 400 metros del mar de Bering, a pesar de que permanece mayormente inhabitable.
Lucy Martin, coordinadora de resiliencia tribal de la aldea, fue evacuada entre las últimas familias en octubre de 2025. Hoy sigue en Bethel, a 110 kilómetros al noreste, sin saber cuándo podrá volver. Según declaró a Inside Climate News, ni ella ni los demás líderes tribales tienen viviendas a las que regresar.
La noche que el mar se tragó la aldea
En la madrugada del 12 de octubre de 2025, los restos del tifón Halong, que había alcanzado categoría 4 cerca de Japón, impactaron el suroeste de Alaska afectando a más de 40 comunidades del delta Yukón-Kuskokwim. La marejada ciclónica superó los 1,9 metros por encima de la línea de marea más alta registrada, más del doble del récord anterior, impulsada por vientos del suroeste y la luna llena.
El agua levantó 46 de las 99 casas de sus cimientos y las arrastró kilómetros enteros, muchas con habitantes atrapados adentro. La inundación arrancó pasarelas elevadas sobre la tundra, derribó cables eléctricos y se llevó motos de nieve, vehículos todo terreno, botes y congeladores repletos de comida para meses. Hasta los ataúdes del cementerio rodaron entre las olas. Tres personas murieron. Un cuerpo aún no fue recuperado.
La evacuación de unas 1.500 personas desde Kwigillingok, Kipnuk y Nightmute fue la operación de rescate doméstico más grande en la historia de Alaska, según datos del Departamento de Seguridad Nacional.
La reconstrucción estancada
Aunque el desastre recibió reconocimiento federal, la recuperación se retrasó por múltiples cierres del Departamento de Seguridad Nacional, incluida la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA). Pese al clima templado, ninguna cuadrilla de construcción trabajó en la aldea entre principios de septiembre y mediados de octubre de este año, confirmó un portavoz del Departamento de Transporte e Instalaciones Públicas de Alaska. Los equipos esperaban que se reanudara el financiamiento de FEMA.
Los escombros mayores fueron removidos, pero el resto permanece. Algunas pasarelas fueron restauradas y reforzadas; muchas siguen rotas. Martin estima que solo 13 casas han sido reparadas parcialmente. Otras yacen en la tundra, de costado o apiladas como fichas de dominó. El moho invadió los hogares. La escuela, aunque mayormente intacta, permanece cerrada indefinidamente. Unos 50 ataúdes esperan en fila sobre una pasarela para un entierro masivo. Siete más continúan en la tundra.
Wassilie Andrew, trabajador de mantenimiento de la escuela y residente de toda la vida, recorre en cuatriciclo las pasarelas quebradas. Recuerda cuando Kwigillingok tenía colinas y la tundra permanecía congelada.
Ayuda federal y un futuro incierto
El estado de Alaska ya comprometió 75 millones de dólares para la recuperación, una cifra que seguirá creciendo. FEMA aprobó y desembolsó en gran parte 62,9 millones de dólares en asistencia individual y de vivienda a más de 2.500 hogares, más 40,2 millones adicionales para equipamiento de subsistencia como aparejos de pesca, estantes y ahumadores. La agencia reservó casi 9 millones de dólares para que el estado repare o reemplace infraestructura crítica en todas las comunidades impactadas.
Este año, tanto Kwigillingok como Kipnuk votaron a favor de reubicarse en terreno más elevado. Pero ni el financiamiento federal ni el estatal de recuperación de desastres están diseñados para ayudar a comunidades a mudarse fuera de zonas de riesgo.
Los habitantes que regresaron tienen poco para sobrevivir mientras Kwigillingok se prepara para su segundo invierno desde el desastre.
Fuente original: https://insideclimatenews.org/news/31102026/alaska-village-typhoon-halong-recovery/
