La tragedia de Aberfan se consumó en menos de cinco minutos la mañana del 21 de octubre de 1966, pero sus consecuencias marcaron para siempre a Gales y al Reino Unido. Una avalancha de más de 40.000 metros cúbicos de desechos de carbón sepultó la escuela primaria Pantglas en ese pequeño pueblo minero, matando a 144 personas: 116 eran niños de entre 7 y 10 años.
Eran las 9.15 de la mañana y los alumnos recién comenzaban el último día de clases antes de las vacaciones. Las luces del edificio empezaron a parpadear. Un instante después, un estruendo que los sobrevivientes describieron como “un jet volando demasiado bajo” sacudió las aulas. La masa negra bajaba desde la cumbre de la montaña Mynydd Merthyr, arrastrando rocas, árboles y casas.
“Era como un trueno. El profesor nos aseguró que solo era un trueno. Después perdí el conocimiento. Lo único que recuerdo es despertarme rodeado de ese material. Tenía una niña muerta sobre mi hombro”, relató Jeff Edwards, entonces de ocho años, en una entrevista con la BBC publicada en 2016. Edwards fue el último niño rescatado con vida, gracias a su pelo blanco que resaltó entre el barro negro.
Por qué colapsó la montaña de desechos mineros
Durante más de medio siglo, la mina de carbón de Merthyr Vale había depositado sus desechos directamente sobre la ladera de la montaña que mira al pueblo. Barro, piedra caliza y carbón se acumularon sin control hasta formar un montículo inestable. Ese día, la acumulación de agua y residuos provocó el colapso.
Cuando el material se detuvo, se solidificó nuevamente formando un bloque de casi diez metros de altura que bloqueó toda el área. Los padres corrieron a excavar con las manos. Llegaron rescatistas de pueblos cercanos. Después de las 11 de la mañana ya no se encontraron sobrevivientes. La mayoría de los niños murieron por asfixia o aplastamiento.
Según informó Associated Press, dieciocho casas en las calles circundantes quedaron destruidas y el barro inundó otras viviendas, obligando a evacuar a decenas de familias. El director de la escuela secundaria del pueblo, también afectada por el deslizamiento, recordó en 2016: “Cuando miré directamente delante de mí, vi que las casas de Moy Road se habían esfumado en una masa de material de desecho y que el frontón de la Junior School sobresalía de este pantano”.
Las comitivas fúnebres que avanzaron hacia el cementerio de Bryntaf días después depositaron los ataúdes de los niños en una fosa común. La reina Isabel II demoró ocho días en visitar el pueblo, una tardanza que los sobrevivientes nunca le perdonaron y que la propia monarca reconoció décadas más tarde como su mayor arrepentimiento.
La investigación oficial determinó que el desastre fue evitable: la National Coal Board había ignorado advertencias sobre la inestabilidad del vertedero. Ningún directivo fue procesado penalmente. El gobierno británico creó un fondo de compensación, pero parte del dinero terminó financiando la remoción de los desechos restantes, una operación que debió haber sido responsabilidad de la empresa minera. Seis décadas después, Aberfan sigue siendo el símbolo de una catástrofe industrial anunciada que nadie detuvo a tiempo.









