Un nuevo estudio científico publicado en la prestigiosa revista Science acaba de poner números precisos a algo que hasta ahora era intuición y promesa: el planeta tiene un enorme potencial para restaurar bosques y con ello enfrentar simultáneamente tres crisis globales —climática, hídrica y de biodiversidad—. Según la investigación, existe una superficie disponible de 389 millones de hectáreas (el tamaño de India) donde podrían crecer nuevamente bosques de manera sostenible. Si esto ocurriera, se podrían almacenar 39,9 gigatoneladas de carbono hacia 2050, equivalente a cerca del 63% de todo el sumidero de carbono anual registrado en la última década.
El mapa del carbono oculto en los suelos
Para llegar a estas cifras, los investigadores elaboraron mapas globales de carbono del suelo que revelan las ganancias y pérdidas de este elemento con la forestación, principalmente en la capa superior terrestre. Sus conclusiones marcan un contraste con estimaciones anteriores: el potencial de plantación es la mitad o dos tercios de lo que se pensaba una vez que se aplican criterios de sostenibilidad que eviten impactos negativos sobre la seguridad alimentaria, la biodiversidad o el agua.
En otras palabras: reforestar es crucial, pero no cualquier reforestación vale. Plantar árboles de forma indiscriminada podría generar nuevos problemas, desde pérdida de hábitats hasta afectación de comunidades rurales. La clave está en una planificación inteligente y políticas públicas claras que permitan liberar el potencial real de la restauración de bosques sin comprometer otros bienes comunes.
Sudamérica en el centro: Brasil concentra un quinto del potencial
El estudio revela que el mayor potencial de restauración está en Sudamérica, donde podrían volver a crecer enormes superficies de bosques previamente talados. Brasil, por sí solo, concentra una quinta parte del área mundial apta para forestación sostenible. Esta cifra refuerza el rol político y ambiental de la Amazonía en el tablero global.
De hecho, la publicación llega en un momento clave: faltan apenas tres meses para la COP30 en Belém (Brasil), donde los bosques tropicales estarán en el centro de las negociaciones climáticas. Brasil planea lanzar allí el Tropical Forest Forever Facility (TFFF), un mecanismo de financiamiento que busca recompensar a los países que logren reducir la deforestación.
El estudio refuerza la urgencia de que estos esquemas se diseñen con equidad: mientras América Latina concentra el mayor potencial de restauración, los compromisos asumidos hasta ahora en la región son limitados. En contraste, países africanos —con mucho menos potencial sostenible— están asumiendo desproporcionadamente el esfuerzo.
Hasta ahora, los compromisos globales de reforestación llegan a 230 millones de hectáreas para 2030. Sin embargo, solo la mitad de esas metas se ubica en tierras disponibles de forma sostenible. Esto revela una brecha preocupante entre la retórica y la acción concreta.
Más aún: incluso si se cumplieran todos los compromisos actuales, estos apenas compensarían una fracción de las emisiones generadas por la quema de combustibles fósiles. El estudio subraya entonces una idea fundamental: plantar árboles es necesario, pero detener la pérdida de bosques existentes es todavía más urgente. Según los cálculos, frenar por completo la deforestación de aquí a 2030 evitaría emisiones casi tres veces superiores a las que se lograrían cumpliendo todos los compromisos actuales de plantación.
Salud, agua y vida en juego
Más allá del carbono, la restauración de bosques cumple un rol vital en el ciclo del agua y en la conservación de la biodiversidad. La pérdida de cobertura arbórea reduce la evapotranspiración —el proceso por el cual las plantas llevan agua desde el suelo hasta la atmósfera, enfriando el aire—, lo que incrementa las temperaturas locales y agrava las sequías.
Además, los bosques tropicales son el hogar de una diversidad biológica única y brindan servicios ecosistémicos esenciales para millones de personas. La degradación de estos ecosistemas compromete no solo la estabilidad climática, sino también la seguridad alimentaria y sanitaria de comunidades enteras.
La dimensión política: OTCA y COP30
El momento político de la investigación no es casual. Apenas la semana pasada, los países amazónicos se reunieron bajo la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), donde insistieron en la necesidad de financiamiento internacional para sostener sus planes de reducción de deforestación y restauración de ecosistemas.
El estudio ofrece un respaldo científico contundente a esas demandas. Brasil y sus vecinos amazónicos cargan con la mayor parte del potencial global de reforestación, pero enfrentan contextos de alta presión agrícola y extractiva. Sin apoyo financiero internacional, difícilmente puedan cumplir el doble desafío de restaurar ecosistemas y garantizar seguridad alimentaria.
La coincidencia entre la ciencia y la política regional se transforma así en un argumento sólido para la COP30: si los países ricos quieren resultados reales en mitigación, deberán transferir recursos de manera justa y ambiciosa hacia las regiones tropicales.
El informe señala además una contradicción llamativa: Europa representa una cuarta parte de la superficie global con potencial de forestación sostenible, pero hasta ahora solo se ha comprometido a plantar árboles en el 13% de esa superficie. Mientras tanto, las naciones sudamericanas —con más potencial y más necesidades de financiamiento— muestran compromisos todavía limitados, lo que refleja un desequilibrio que la COP30 deberá corregir.
*Fuente: Periodistas por el Planeta