Un techo biosolar con plantas que reduce el calor hasta 28 °C y aumenta la generación de energía solar en 23,25% durante episodios extremos es la apuesta de la Universidad de Sídney para transformar las cubiertas urbanas. El sistema combina 319 paneles fotovoltaicos con más de 14.000 plantas autóctonas de Cumberland Plain sobre el First Building de Bradfield City, una nueva ciudad que se está construyendo junto al Aeropuerto Internacional de Western Sydney.
La cubierta biosolar ocupa aproximadamente 1.300 m² y fue monitoreada durante cuatro meses del verano austral de 2025 por investigadores del Centro de Energía Sostenible de la University of Technology Sydney (UTS). El estudio analizó rendimiento fotovoltaico, temperatura, biodiversidad, calidad del aire y comportamiento del agua de lluvia. Los resultados fueron publicados por Ecoinventos.
Cómo las plantas refrigeran los paneles solares cuando más se necesita
Existe una paradoja alrededor de la energía fotovoltaica: mucho sol resulta favorable, demasiado calor no. La potencia de un módulo fotovoltaico disminuye conforme aumenta la temperatura de sus células. Las plantas introducen una variable que cambia esa ecuación.
La vegetación libera agua mediante evapotranspiración, un proceso que extrae calor del entorno. El sustrato húmedo y la cubierta vegetal se comportan térmicamente de forma muy diferente al metal o el hormigón expuestos directamente al sol. En Bradfield, la cubierta biosolar llegó a mantenerse hasta 28 °C más fría que una cubierta convencional de aluminio durante episodios de calor extremo.
Esa diferencia acabó apareciendo también en el contador eléctrico. Los módulos instalados sobre la cubierta vegetal produjeron de media un 11,1% más de energía durante el verano que los utilizados como referencia en una cubierta convencional. En las condiciones de mayor calor, la mejora alcanzó el 23,25%.
Un ecosistema que retiene agua y captura contaminantes
La producción eléctrica cuenta solo una parte de la historia. La cubierta incorpora 15 especies vegetales autóctonas, seis de ellas comestibles, adaptadas a las condiciones ecológicas de Cumberland Plain. Los estudios de campo y los análisis de ADN ambiental (eDNA) permitieron detectar 39 especies diferentes de aves, insectos, mamíferos y gasterópodos.
Entre ellas aparecieron 13 especies de polinizadores, incluida la característica abeja australiana de bandas azules. También se observaron arañas, mariposas, avispas, mantis y aves como las cucaburras.
El sistema retuvo de media el 73% del agua de lluvia en los episodios estudiados y eliminó más del 90% de varios metales presentes en la escorrentía. Cerca de 24 kg de contaminantes atmosféricos fueron capturados al año.
El edificio, de unos 3.000 m², abrió en marzo de 2025 y constituye la primera gran pieza construida de Bradfield City. Su arquitectura anticipa la filosofía del proyecto urbano: madera de bajas emisiones, muros de tierra apisonada, recuperación de agua y una cubierta concebida como parte activa del funcionamiento ambiental del edificio.
Investigaciones anteriores de UTS realizadas en edificios de Barangaroo, también en Sídney, compararon una instalación fotovoltaica convencional con otra integrada sobre una cubierta vegetal. Aquel trabajo encontró una producción horaria media aproximadamente un 4,5% superior en la instalación biosolar. Bradfield refuerza aquella evidencia, ahora bajo unas condiciones diferentes y con una infraestructura diseñada desde el principio para integrar ambos sistemas.









