La Amazonía podría alcanzar su punto crítico en 2040 si la deforestación y las sequías recurrentes continúan al ritmo actual, según revelan tres investigaciones científicas publicadas en 2026 en las revistas Nature y PNAS. Los estudios advierten que el bosque tropical más grande del planeta enfrenta un umbral de degradación irreversible que desencadenaría efectos climáticos globales.
El análisis más reciente, publicado en Nature en mayo, concluye que el aumento de la frecuencia e intensidad de las sequías podría llevar al bioma a un punto de inflexión sistémico en solo 15 años. Bernardo Flores, investigador forestal y climático de la Universidad Federal de Santa Catarina y coautor del estudio, explicó a Mongabay Latam que la mayoría de los modelos climáticos no consideran la interacción entre clima, cobertura arbórea y humedad.
“Si se tienen en cuenta los principales factores de degradación —sequías, tala selectiva, fragmentación forestal e incendios—, es posible que ya estemos al borde del punto de no retorno”, declaró Flores a Mongabay Latam.
El bosque se recupera pero es más vulnerable
Los otros dos estudios, ambos publicados en abril de 2026, ofrecen un panorama dual. Uno en Nature muestra que la Amazonía se regenera más rápido de lo esperado después de eventos extremos, pero tarda más en recuperar completamente su biodiversidad. El segundo, en PNAS, concluye que el bosque es más resistente a los incendios de lo previsto y no muestra signos inmediatos de transición a sabana.
Sin embargo, los investigadores advierten que los ecosistemas que surgen del proceso de recuperación son más vulnerables a futuras perturbaciones climáticas. Los incendios forestales recurrentes están reemplazando árboles especialistas resistentes al fuego por especies generalistas, reduciendo a la mitad la biodiversidad en los bordes del bosque a pesar del cierre del dosel forestal.
El cambio ya está en marcha
Luciana Gatti, investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE), sostiene que el clima en la Amazonía ya cambió lo suficiente como para que los árboles típicos de la selva tropical no encuentren las condiciones necesarias para sobrevivir. “Aproximadamente la mitad de la lluvia en la Amazonía proviene de los árboles. Al transpirar, liberan vapor de agua a la atmósfera y absorben el calor del entorno, manteniendo bajas las temperaturas. Menos árboles significa menos lluvia y más calor”, explicó Gatti a Mongabay Latam.
El Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonía (IPAM) registró una disminución del 74% en las precipitaciones durante los últimos 35 años hasta 2025. En algunos lugares, según el colectivo MapBiomas, la precipitación anual cayó por debajo de 1000 milímetros, el umbral mínimo que los expertos consideran necesario para que una selva tropical se mantenga como tal.
Mientras tanto, algunas de las zonas mejor conservadas del bioma registraron temperaturas máximas 5°C superiores a lo normal. Desde la década de 1980, las temperaturas en la Amazonía aumentaron al doble de la tasa promedio mundial, con incrementos de 0,5°C por década.
Las investigaciones demuestran que las condiciones extremas han incrementado la mortalidad de los árboles debido a fallas hidráulicas, un factor clave para comprender la disminución de los sumideros de carbono del bosque. Los expertos afirman que poner fin a la deforestación es necesario y factible, pero debe combinarse con acciones globales para frenar el cambio climático. La ventana para actuar se cierra en menos de dos décadas.
Fuente original: https://es.mongabay.com/2026/08/amazonia-resiliencia-riesgo-sequias-deforestacion-umbral-critico-2040/











