Los aparejos de pesca a la deriva utilizados por flotas atuneras industriales invaden más de la mitad de las áreas marinas protegidas del mundo, según un estudio publicado en Science Advances en junio de 2026. Los dispositivos agregadores de peces a la deriva (dFADs, por sus siglas en inglés) son balsas flotantes que atraen atunes skipjack, aleta amarilla y patudo, pero muchos son abandonados o desactivados y terminan recorriendo miles de kilómetros hasta llegar a santuarios marinos donde estaban prohibidos.
La investigación, liderada por Laurenne Schiller de la Universidad de Dalhousie en Canadá, documentó al menos 6.324 varamientos de dFADs en 174 áreas protegidas distribuidas en 53 jurisdicciones marítimas durante el período 2007-2023, según informó Keith Anthony Fabro en Mongabay. Los puntos críticos se concentran en el Pacífico occidental y central, el océano Índico occidental y el mar Caribe.
Polinesia Francesa registró 1.539 varamientos, seguida por Seychelles con 1.404 y Maldivas con 746. Alrededor del 30% de las áreas protegidas con varamientos confirmados son pequeños estados insulares en desarrollo, donde las comunidades locales cargan con los costos de limpieza y disposición de los desechos, detalla el estudio.
Miles de kilómetros sin control ni responsabilidad
Los dFADs transportan boyas satelitales y ecosondas que permiten a las compañías rastrearlos y estimar la biomasa de peces debajo. Pero una vez desactivados, siguen flotando sin supervisión. Un estudio previo de 2025 liderado por Schiller estimó que los pescadores de atún desplegaron 1,41 millones de dFADs entre 2007 y 2021, que derivaron por más de un tercio de los océanos del mundo.
“Nos sorprendió descubrir que los FADs afectan más de la mitad del área marina protegida mundial, y que los impactos ocurren a menudo a miles de kilómetros de las zonas de pesca originales”, declaró Boris Worm, coautor del estudio y ecólogo marino de Dalhousie, en declaraciones reproducidas por Mongabay.
Los aparejos varados pueden romper, sofocar o enredar corales. Sus colas sumergidas atrapan tiburones, tortugas y otros animales marinos. Sus componentes plásticos y electrónicos persisten durante décadas, incluso cuando las balsas están hechas de materiales biodegradables.
La vigilancia satelital, ausente
El equipo de investigación examinó si las flotas atuneras concentran deliberadamente la pesca con dFADs cerca de los límites de áreas marinas protegidas para explotar peces que cruzan las fronteras. Usando datos públicos, confirmaron que la pesca con dFADs cerca de las áreas protegidas aumentó, pero al mismo ritmo que la pesca en zonas más alejadas.
“Esto nos dice dos cosas: primero, confirmación de que la pesca con dFADs se ha vuelto más común, lo cual ya se sabía. Y segundo, que los pescadores probablemente no están pescando estratégicamente en dFADs cerca de los límites de las AMP, al menos a las escalas espaciales muy amplias en las que pudimos medir esto”, explicó Juan Carlos Villaseñor-Derbez, coautor del estudio y científico marino de la Universidad de Miami, según Mongabay.
Los hallazgos no descartan despliegues deliberados cerca de áreas protegidas individuales. Un entrevistado de la industria, citado en el estudio, reconoció que las tripulaciones a veces liberan dFADs cerca de límites de áreas protegidas para atraer atunes desde aguas protegidas, pero los datos disponibles son demasiado gruesos para mostrar qué tan extendida está esta práctica.
Los investigadores y expertos pesqueros independientes reclaman límites más estrictos en los despliegues de dFADs, mejor rastreo obligatorio y mayor responsabilidad de las compañías en la recuperación de dispositivos perdidos. La falta de datos públicos de rastreo satelital sigue siendo una barrera mayor para evaluar el alcance real del problema.
Fuente original: https://news.mongabay.com/2026/07/drifting-tuna-fishing-gear-enter-half-of-marine-protected-areas-study-finds/













