Las ballenas actúan como heroínas del clima marino por su capacidad documentada de secuestrar carbono oceánico, fertilizar el fitoplancton y sostener redes tróficas completas. A lo largo de su vida liberan toneladas de excrementos ricos en nitrógeno y fósforo que alimentan al fitoplancton, organismos microscópicos que absorben CO₂ mediante fotosíntesis y liberan oxígeno a la atmósfera. Además, el carbono acumulado en sus enormes cuerpos permanece fuera de la atmósfera durante décadas e incluso siglos después de su muerte, cuando sus cadáveres se hunden hasta el fondo marino en un proceso conocido como whale fall.
Chris Johnson, científico marino que dirige la iniciativa Protecting Whales & Dolphins de WWF desde Melbourne, explicó a Yale Climate Connections que el mecanismo principal es el reciclaje de nutrientes, a menudo llamado bomba de ballena. Las ballenas se alimentan en profundidades o en zonas productivas y luego liberan orina y heces cerca de la superficie, favoreciendo el crecimiento del fitoplancton. También transportan nutrientes a través del océano durante sus migraciones, conectando ecosistemas separados por miles de kilómetros en lo que los científicos denominan la gran cinta transportadora de ballenas.
El rol climático de las especies más grandes
La ballena azul (Balaenoptera musculus) y el rorcual común destacan por su enorme tamaño: la ballena azul es el animal más grande que jamás haya existido. Su alimentación y reciclaje de nutrientes pueden influir en la productividad de vastas zonas oceánicas. Los cachalotes (Physeter macrocephalus), los mayores cetáceos con dientes, son buceadores extraordinarios que alcanzan profundidades extremas y redistribuyen nutrientes desde las profundidades hacia la superficie.
Johnson comenzó su carrera en 1998, cuando conoció al doctor Roger Payne, pionero en demostrar que las ballenas son seres inteligentes y sociales con vidas complejas. Aquel encuentro cambió el rumbo de su vida profesional, según relató a Yale Climate Connections. Payne ayudó al mundo a entender que la conservación de ballenas importa no solo por su valor intrínseco, sino por los servicios ecosistémicos que prestan.
Amenazas crecientes en océanos más cálidos
A medida que los océanos de la Tierra se calientan, las ballenas enfrentan cambios en su hábitat que han mermado su alimento y amenazan de otras formas su supervivencia. La disponibilidad de krill y otros organismos de los que dependen se reduce en aguas más cálidas, forzando migraciones más largas o dejando poblaciones sin suficiente alimento. Además, el tráfico marítimo intenso y las redes de pesca industrial siguen siendo causas directas de mortalidad.
La recuperación de las poblaciones de ballenas puede enseñar lecciones clave sobre cómo proteger el planeta, según Johnson. El científico sostiene que revalorizar el papel climático de las ballenas más allá de su conservación intrínseca permite argumentar económicamente por su protección global, traduciendo los servicios ecosistémicos que prestan en términos que los gobiernos y los mercados comprendan.
La investigación sobre el rol de los cetáceos en el ciclo del carbono sigue evolucionando. Aunque la contribución global de las caídas de ballenas al almacenamiento de carbono es modesta e incierta, el efecto combinado de fertilización del fitoplancton, transporte de nutrientes y mantenimiento de redes tróficas convierte a estos mamíferos en actores clave de la salud oceánica. WWF y otras organizaciones internacionales trabajan para expandir las áreas marinas protegidas y reducir las colisiones con buques, medidas que podrían acelerar la recuperación de especies aún vulnerables según la clasificación de la UICN.
Fuente original: https://climatica.coop/ballenas-heroinas-clima-necesitan-proteccion/













