La muerte de ballenas en Puerto Madryn alcanzó niveles sin precedentes durante la temporada 2026 de la ballena franca austral (Eubalaena australis). Lo que comenzó en julio con ballenatos muertos en las costas de Península Valdés y el Golfo Nuevo escaló en las últimas semanas a ejemplares adultos y juveniles, según informaron investigadores del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (Cesimar-Conicet) a Clarín.
El censo aéreo realizado el 6 de septiembre por el Cesimar-Conicet contabilizó 1.375 ballenas francas australes, entre ellas 409 crías. Pero la cifra de muertes podría superar el registro histórico de 113 crías documentadas por el Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) en 2012. La temporada se extiende hasta noviembre y los especialistas prefieren no confirmar el número total hasta entonces.
Dos hipótesis bajo investigación científica
Mariano Coscarella, investigador del Conicet en el Laboratorio de Mamíferos Marinos del Cesimar-Cenpat, explicó a Clarín que los equipos científicos trabajan sobre dos fenómenos diferentes. Los primeros episodios de ballenatos muertos comenzaron en julio, con mayor intensidad durante agosto y septiembre. Desde fines de septiembre y durante octubre, empezaron a aparecer adultos y juveniles muertos a una velocidad que llamó la atención.
En los ballenatos, el Programa de Monitoreo Sanitario de Ballena Franca Austral, dirigido por la doctora Marcela Uhart de la Universidad de California, Davis (UC Davis), detectó la presencia de Erysipelothrix rhusiopathiae, una bacteria responsable de la erisipela. “En el caso de los ballenatos, los estudios realizados hasta ahora indican que las muertes fueron causadas por la bacteria”, señaló Víctor Fratto, especialista en Manejo de Fauna Silvestre y Biodiversidad que participó en la toma de muestras.
La infección puede provocar una enfermedad sistémica grave, con septicemia y falla multiorgánica que conduce a la muerte del animal. La enfermedad no siempre deja señales externas evidentes: puede producir lesiones en la piel o avanzar sin manifestaciones cutáneas reconocibles.
La sospecha de la marea roja en ejemplares adultos
En los adultos y juveniles no se observaron lesiones cutáneas compatibles con erisipela. Esa ausencia, sumada a la velocidad de los hallazgos y al momento de la temporada, orientó las investigaciones hacia otra hipótesis: una posible intoxicación por biotoxinas asociadas a la marea roja.
La llamada marea roja es en realidad la proliferación de microalgas. Solo algunas producen toxinas capaces de afectar a la fauna marina. Durante la primavera, las ballenas francas australes comienzan a alimentarse en los golfos antes de emprender la migración hacia sus áreas tradicionales de alimentación en el Atlántico Sur. Al filtrar grandes volúmenes de agua, pueden incorporar organismos microscópicos y, si están presentes en concentraciones elevadas, también sus toxinas.
Coscarella recordó que el escenario actual tiene similitudes con lo ocurrido en 2022 y 2024, cuando se registraron muertes de ballenas asociadas a biotoxinas marinas. Entre el 24 de septiembre y el 11 de octubre de 2022, en el Golfo Nuevo murieron varios ejemplares en circunstancias similares.
El posible vínculo con El Niño
Los investigadores no descartan que las condiciones ambientales alteradas por el fenómeno de El Niño, que los pronósticos climáticos anticipan que se intensificará hacia un Súper Niño en 2026, estén creando un escenario propicio para la proliferación de microalgas tóxicas en aguas patagónicas. Las mayores lluvias registradas en la región y las variaciones en la temperatura del mar Atlántico Sur forman parte de las líneas de investigación.
“En principio, estaríamos hablando de dos eventos diferentes”, resumió Fratto. Por ahora, no existe evidencia que permita establecer una relación causal entre las muertes de las crías y las de los ejemplares adultos y juveniles. Que ambos fenómenos ocurran en una misma temporada plantea interrogantes sobre las condiciones del ecosistema patagónico.
Puerto Madryn es santuario de la ballena franca austral, declarada Monumento Natural Nacional en Argentina. La especie fue clasificada como Preocupación Menor (LC) por la UICN en 2018, pero la población del Atlántico sudoccidental sigue monitoreada por su importancia ecológica como guardiana del clima marino. Los equipos científicos mantienen el monitoreo costero diario mientras continúan los análisis de tejidos para confirmar las causas de la mortandad.
Fuente original: https://www.clarin.com/sociedad/alerta-muerte-ballenas-puerto-madryn-hipotesis-posible-efecto-nino_0_TkiavNFeZX.html












