Usar una servilleta de papel puede parece un detalle menor, pero ese gesto, multiplicado cada día por miles y millones de personas, tiene un costo ambiental enorme: se estima que cada persona utiliza unas 2.000 servilletas de papel por año. Ese número se dispara al ir a un restaurante: entre 3 y 5 por comida.
Un restaurante que decidió hacer las cosas diferente en Argentina
Teniendo eso en cuenta, algunos negocios gastronómicos empiezan a revisar sus prácticas. Uno de ellos es Vivarium donde, alertados del impacto ambiental de este producto, tomaron la decisión de eliminar las servilletas de papel y reemplazarlas por servilletas de tela.
“Elegimos servilletas de tela precisamente por un fin ecológico”, explicó Marcelo Pedro de Vivarium a EcoNews. El cambio no fue improvisado: el restaurante trabaja con un lavadero que, tal como explicó, minimiza el consumo de agua y utiliza productos adecuados para ese proceso.
Los resultados resultaron evidentes, aseguró en diálogo con EcoNews: “Notamos una diferencia en la cantidad de residuos que se generan“, afirmó.
La decisión de Vivarium muestra que las elecciones cotidianas —incluso las más pequeñas— tienen un impacto global. Si bien las servilletas de papel siguen siendo la opción dominante en la industria gastronómica, experiencias como esta demuestran que existen alternativas viables y que el cambio es posible, incluso dentro de la lógica de un negocio.
El costo invisible de cada servilleta
Para producir una sola servilleta de papel se utilizan alrededor de 10 litros de agua. Si eso se escala a la producción industrial, los números se vuelven difíciles de asimilar: fabricar una tonelada de papel requiere entre 2 y 3 toneladas de árboles y hasta 10.000 litros de agua solo para obtener la pulpa de celulosa.
El proceso es exigente desde el inicio: los árboles son talados, descortezados y triturados para producir esa pulpa, que luego se mezcla con químicos para darle al papel la resistencia y suavidad que esperamos. El resultado final son enormes volúmenes de papel que terminan, después de segundos de uso, en la basura.












