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Pangeísmo en 40 preguntas, con Máximo Mazzocco

Por: Lucía Lopreiato | Directora de EcoNews
22 septiembre, 2026
Pangeísmo en 40 preguntas, con Máximo Mazzocco

Máximo Mazzocco presenta su nuevo libro Pangeísmo: el camino del árbol.

Hay intuiciones que existen mucho antes de encontrar un nombre. El pangeísmo parte de ahí: una filosofía forestal en la que confluyen sabidurías ancestrales, filosofía, espiritualidad, ciencia, naturaleza y experiencia humana, y que propone aprender del árbol y del bosque para ensayar formas más armónicas de convivencia en un mundo fragmentado. 

De esto hablamos con Máximo Mazzocco, emprendedor socioambiental al servicio de la reconciliación sostenible, fundador de EcoNews y Eco House Global, que como consultor, autor y activista recorrió más de cuarenta países trabajando por la transición ecológica. Además, es presidente de Sintientes ONG, miembro de la Orden de Kay Pacha e integrante del Comité Directivo del Youth Climate Justice Fund, entre otros espacios en los que colabora.

A partir de su último libro, Pangeísmo: el camino del árbol, Máximo profundiza sobre las prácticas y búsquedas que atraviesan esta filosofía, y sobre el camino personal que lo llevó a estudiarla y compartirla.

Leí tu último libro, Pangeísmo: el camino del árbol. ¿Cómo fue ese viaje?  

Escribir este libro fue una novedad en mi vida. Muchas de las cosas que hago suelen empezar en una causa, en un nosotros, en algo colectivo. Esta vez el movimiento fue al revés: lo hice para mí. Necesitaba retirarme un poco, escuchar la voz del silencio y seguir el hilo de algo que venía intuyendo e investigando hacía mucho tiempo. El pangeísmo me ayudó a ponerle palabras a todo eso.

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¿Y qué encontraste en ese recorrido?

Sobre todo, resonancias. Cuando empecé a trabajarlo en conversación con otros autores, descubrí que muchas personas intuimos y practicamos cosas muy parecidas. Creo que fue entonces cuando apareció también la idea de publicar el texto: invitar a explorar algo que siempre estuvo ahí y que quizás hoy vale la pena volver a mirar.

Entonces, ¿de qué hablamos cuando hablamos de pangeísmo?

En pocas palabras, el pangeísmo es una filosofía forestal que busca la convivencia armónica y pacífica entre los existentes. Y en este momento del mundo, siento que esta mirada, esta sabiduría ancestral, tiene mucho para aportar.

¿A qué te referís con “filosofía forestal”?

El pangeísmo se reconoce aprendiz de los árboles, del bosque y de la tierra, por eso lo llamamos “el camino del árbol”. Es una mirada forestal de la vida y de la existencia, que busca aprender del bosque y de todo aquello que lo habita, lo sostiene y lo excede.

Me gusta esta idea. ¿Por dónde entramos?

Por muchos tiempos, por muchos lugares. Como en un bosque, no hay una sola puerta de entrada al pangeísmo ni una sola forma de responder las cosas.

Quizás una de las mejores maneras de acercarse sea a través de las preguntas que lo inspiran: ¿cómo sería una filosofía, una forma de convivencia, una política o incluso un proyecto inspirado en un árbol? ¿Cómo serían nuestras maneras de organizarnos, decidir y actuar tomando al bosque como referencia? ¿Qué tiene para decir la tierra?

Creo que el pangeísmo no es una respuesta definitiva a estas preguntas, pero sí una manera de habitarlas, investigarlas y ensayar respuestas.

¿Por qué se habla de una “filosofía del entre”?

El pangeísmo presenta una cosmovisión y una ética: una perspectiva respecto de qué es el mundo, qué son los seres, qué es la vida, qué es la muerte y qué devenires son deseables en términos de convivencia.

Es una “filosofía del entre”, porque se basa en la interdependencia. Parte de la idea de que todo está en relación, todo está en movimiento y todo forma parte de una continuidad viva y sagrada. Son conceptos muy poderosos si realmente los asimilamos y los llevamos al día a día.

¿Qué significa que se basa en la interdependencia?

Significa que invita a derribar la ilusión de que somos individuos aislados y autosuficientes. Reconoce que cada ser es, en realidad, un yosotros: un nodo de relaciones que depende de materias, energías, existencias, historias, lenguajes compartidos, otras dimensiones. 

Por eso, el pangeísmo asume que toda vida forma parte de una red interdependiente, donde nadie posee mecanismos para sostenerse por sí solo. Así, nuestra identidad se transforma en una composición de muchos otros existentes, muchos otros planos, muchos otros tiempos. Una identidad singular y plural a la vez. 

A veces me pregunto: ¿cuáles serían nuestros propósitos y cómo sería nuestro actuar si re-descubriéramos que todo está enlazado y que nada está separado?

¿Y cómo se lleva esta cosmovisión a la práctica?

En términos prácticos, los pangeístas buscamos cuidar, cohabitar y compartir: tres gestos que inspiran y que pueden cambiar la vida. Intentamos ser polinizadores de un devenir que tienda a convivir en armonía, con mucha humildad y respeto. Por eso nos reconocemos como nodos dentro de la gran red de la vida, y aspiramos a vivir como nodos de armonía, evitando caer en lo opuesto: actuar como nodos de violencia, discordia o malas vibras.

Pero como mencioné antes, resumir el pangeísmo solamente en esta búsqueda sería dejar afuera demasiado. Es una filosofía que contiene un universo muy rico en sentidos y prácticas. Por eso invito a explorarlo.

¿De dónde nace el pangeísmo?

Me gusta pensar que el pangeísmo es como un río en el que confluyen muchas aguas: sabidurías ancestrales, filosofías, espiritualidades, religiones, ciencia, naturaleza y experiencias humanas que, desde distintos tiempos y lugares, vienen preguntándose qué somos, qué significa estar vivos y cómo convivimos. Por eso digo que el pangeísmo nace desde antes de nacer: es una expresión actual de sensibilidades muy antiguas. 

Y no es casual que germine ahora: aparece en un momento de fragmentación social, fractura ecológica y una profunda crisis de sentido, de ética y de sensibilidad.

¿Pero no hay un fundador o algo parecido?

El pangeísmo no empieza en un nombre propio. No parte de un personalismo ni de una figura central. Sería contradictorio que una filosofía de la interdependencia se contara a sí misma como la creación aislada de un individuo. Y esto me parece importante porque el pangeísmo no debería convertirse nunca en una doctrina congelada alrededor de una biografía. Los personalismos corren siempre el riesgo de confundir una filosofía con quienes circunstancialmente la encarnan. 

Un bosque no tiene fundador: emerge de muchas raíces, semillas y relaciones. Emerge en conversación. Y si alguien quisiera buscar a sus maestros, quizás tendría que empezar por preguntarle a los árboles, a la tierra, al bosque mismo. Su sabiduría inspira a quienes intentan practicar y cultivar esta filosofía. 

Si tuvieras que resumir, ¿cuáles son las ideas de fondo del pangeísmo?

El pangeísmo recoge una huella muy antigua: que nada existe completamente separado. 

Que cada singularidad está atravesada por una pluralidad inmensa.
Que hay algo profundamente sagrado en la existencia.
Que todo está en movimiento.
Que nuestra presencia es parte de una trama mayor.
Que la vida no sucede en un solo plano.

Si no hay una figura central ni una doctrina cerrada, ¿hasta dónde llega esa apertura? ¿El pangeísmo puede convivir con otras religiones o prácticas espirituales? 

Por supuesto. El pangeísmo lleva la pluralidad en el corazón y la apertura como raíz. Es compatible con cualquier religión o práctica espiritual.

Y quizás por eso es una filosofía en la que muchos encontramos fuerte afinidad. Es muy fácil que penetre, que nos haga sentir presentes, porque es honesta, pragmática y muy permeable. El pangeísmo te deja respirar, no asfixia. Es una oleada permanente de aire fresco.

Y en tu caso, ¿qué lugar ocupa el pangeísmo en tu vida? 

Soy, antes que nada, un investigador del pangeísmo. Es algo que me resuena en lo más hondo, que me convoca, que me inspira, y que siempre estuvo en el trasfondo de mi hacer, de mi trabajo y de mi servicio como voluntario y emprendedor socioambiental.

En una esfera más íntima, el pangeísmo es parte de mi identidad. Es mi forma de entenderme, de entender la realidad, la espiritualidad, lo sagrado, lo metafísico. Y sobre todo, expresa mi intención respecto de cómo quiero habitar el mundo. Quizás ahí está, para mí, lo más importante.

¿Sentís que a veces es difícil explicar el pangeísmo?

Sí, porque definir es trazar fronteras, y el pangeísmo no puede pensarse solo como un corpus de respuestas directas. Tiene herramientas muy prácticas, pero entenderlo en toda su amplitud es otra cosa. Podríamos hacer doble clic en cuidar y quedarnos un rato largo ahí; lo mismo con cohabitar, compartir, el devenir o la diversidad. Podemos tener una charla entera solamente sobre el árbol y lo que significa dentro del pangeísmo.

Como pasa con muchas filosofías de este tipo, el pangeísmo tiene capas. Hay cosas que se entienden enseguida y otras que se van abriendo de a poco. Tal vez por eso tiene tantos neologismos: porque a veces una sola palabra carga un montón de sentidos, y necesitamos otras palabras para intentar nombrar cosas que no entran del todo en las que ya tenemos.

Entonces, ¿la razón sola no alcanza?

No todo pasa por la razón. Parte de la inspiración y del entusiasmo pangeísta tiene que ver con esas cosas que uno siente adentro, que intuye, que percibe, y cuyo origen no siempre está claro. Algunos le dicen Dios, otros hablan de otras dimensiones, de espíritus, de energías, de naturaleza. Cada persona encontrará sus propias palabras.

En el pangeísmo hablamos mucho del darse cuenta. Porque ese darse cuenta también necesita una especie de transmutación alquímica interna. Algo tiene que moverse adentro de uno. Es re-conectarse con la red. La interdependencia deja de ser una idea y se vuelve experiencia viva. Y ahí, conocerse a uno mismo ya no es mirarse como un individuo separado, sino como nodo dentro de una trama, atravesado por las mil vidas y mundos que llevamos, heredamos y compartimos.

¿Eso implica cierta responsabilidad a la hora de hablar del pangeísmo?

Sí. Hay que entender que acercarse al pangeísmo no significa dominarlo. El pangeísmo necesita estudio, práctica, conversación, preguntas. Lo seguimos investigando desde distintos ámbitos y espacios. Y lo digo empezando por mí: no tengo todas las respuestas sobre el pangeísmo, ni creo que pueda tenerlas. La clave es no creer que ya entendimos todo, sino seguir entrando.

Por eso, hay que recordar algo fundamental: el pangeísta cuida la palabra. De lo que no comprendemos, también sabemos guardar silencio. No hace falta tener una respuesta cerrada para todo.

¿Y hay una sola forma de “darse cuenta”?

No, para nada. El darse cuenta también vive en la diversidad. A veces llega en el silencio, en la meditación, caminando por un bosque o simplemente estando plenamente presentes. Maestros, místicos y filósofos intentaron nombrar ese momento de comunión de muchas maneras. Y también aparece, por ejemplo, en el arte: en quien quiso pintar una llanura, escribir una montaña o traducir en música un instante de conexión. 

En todo eso aparece el darse cuenta: un cambio de ritmo existencial, incluso una experiencia estética. Algo interrumpe la mirada habitual y aparece el asombro. Dejamos de querer explicarlo todo y simplemente estamos ahí. La atención cambia, surge otra presencia y nos dejamos afectar. Incluso el yo parece correrse del centro.

A través de la práctica pangeísta se busca cultivar esos momentos para que dejen de ser interrupciones y se vuelvan un ritmo existencial. 

¿Y por qué sentís que el pangeísmo es especialmente relevante en este momento?

El pangeísmo es una convergencia de sabidurías ancestrales, pero como mencioné, germina en una actualidad muy particular. Somos ocho mil millones de humanos y convivimos con muchas crisis al mismo tiempo: la crisis ecológica, de valores, de verdad, de sentido, de atención, de sensibilidad. Ante todo eso, el pangeísmo a mí me ayuda a ordenar.

Me ordena las ideas, me recuerda cuál es mi lugar en el mundo y desde dónde quiero salir a vivirlo. Es un recordatorio de algunas cuestiones muy simples que estaría buenísimo no olvidar a la hora de existir. Ante tanto desorden y tanta confusión, me da un lugar desde donde partir. Y a mí eso me hace bien.

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En el libro hablás de la “conversación pangeísta”. ¿Qué significa?

Como casi todo hacer pangeísta, la conversación parte de las 3C: cuidar, cohabitar y compartir. En este caso significa cuidar lo que vamos a decir, compartir la palabra en lugar de usarla para convencer, y aprender a cohabitar los silencios, las diferencias y también los desacuerdos. Me parece una herramienta muy sencilla y muy práctica para conversar tanto con quienes pensamos parecido como, sobre todo, con quienes pensamos distinto.

A eso le llamamos una conversación nutritiva. La idea no es salir pensando “gané” o “tuve razón”, sino salir con algo que antes no estaba: una pregunta, una mirada nueva, un “ah, no lo había pensado así”. Es, en ese sentido, un acto de humildad (una palabra muy importante en el pangeísmo) y, sobre todo, un acto de convivencia.

Hay algo que me llamó mucho la atención, porque venís trabajando hace muchos años por la sostenibilidad. ¿Qué es la “reconciliación sostenible” que propone el pangeísmo?

Después de muchos años trabajando por la sostenibilidad, empecé a sentir que no alcanza con pensar solamente en un equilibrio o una regeneración que algún día vamos a alcanzar y sostener. Todo cambia, aparecen nuevos conflictos, nuevas necesidades, nuevas diferencias. Por eso el pangeísmo propone la reconciliación sostenible: renovar cotidianamente los lazos de confianza que nos permiten convivir, haciendo del cuidar, cohabitar y compartir hábitos sostenidos.

Reconciliar no significa negar el conflicto ni que todos estemos de acuerdo. Significa volver al encuentro, al pacto, una y otra vez. La paz, entonces, para el pangeísmo, no es un punto de llegada: es un verbo, una práctica cotidiana. La reconciliación sostenible no reemplaza a la sostenibilidad o la regeneración; solo le aporta una capa más profunda desde donde partir.

Y a mí me sirve mucho aclarar algo: la paz no se juega solamente entre países o en los grandes conflictos. También se juega con uno mismo, con el vecino, con lo que tenemos al lado y con todo aquello que nuestro andar toca y afecta.

Siguiendo este hilo, ¿por qué se dice que el pangeísmo está tan relacionado con el ambiente?

Toda la vida me consideré ambientalista, aunque siempre sentí que “ambientalismo” puede significar cosas muy distintas según quién lo diga. Por eso me gusta hablar de ambientalismos, en plural. En mi caso, fue un ambientalismo profundamente pangeísta: detrás del cuidado del ambiente hay una filosofía, una sensibilidad espiritual y una forma de entender la existencia. No cuido la Tierra solamente porque la necesito o porque soy parte de ella, o por conveniencia o por los servicios que nos brinda; la cuido porque la siento sagrada. En ese sentido, el pangeísmo es la filosofía y espiritualidad que está detrás de mi ambientalismo. Cuidar, cohabitar y compartir es la postura que predico ante la vida.

Por otro lado, la noción de relación aparece en el corazón mismo de ambas miradas. La ecología, que podría decirse que es una de las ciencias que más sustento técnico le ha dado al ambientalismo, estudia justamente las relaciones entre los seres y su entorno. El pangeísmo también se piensa como una filosofía y una espiritualidad del entre, de la relación. De ahí que el árbol, el bosque, Gea, la ecojusticia, la metasostenibilidad, la solidaridad forestal, lo rizomático, el Antropoceno o el Ecoceno, sean imágenes esenciales del universo pangeísta: expresan una cosmovisión donde la salud de cada singularidad está ligada a la salud de la trama. 

Por eso, no es que lo ambiental o lo ecológico sea un tema más dentro del pangeísmo: está en sus raíces.

¿Y qué entiende el pangeísmo por naturaleza?

No la entendemos como algo que está afuera de nosotros. Somos una de sus formas. Reconocernos así implica pensar de una manera más ecocéntrica. Incluso cuando decimos que el árbol es maestro, hay una paradoja hermosa: aprender de él es también, en cierta medida, volver a aprender de nosotros mismos, porque somos esa misma naturaleza.

Hay algo de “educir” en todo esto: sacar hacia afuera aquello que ya llevamos dentro. Porque nunca somos solamente uno. Siempre somos otros. Somos una singularidad que contiene un nosotros.

¿Por qué el pangeísmo habla de un “lenguaje forestal”?

Porque también necesitamos palabras capaces de expresar la forma en que queremos comprender y habitar el mundo. Las palabras no son neutras: traen historias, sentidos, límites, pero también pueden abrir nuevas posibilidades. A veces, para mirar distinto, necesitamos también aprender a nombrar distinto.

El pangeísmo invita a repensar el lenguaje como parte de la transformación que acompaña su práctica. A través de lo que denomina el lenguaje forestal, o vocabulario del bosque, recupera sentidos antiguos, entrelaza conceptos de distintas tradiciones y propone nuevas expresiones para nombrar una mirada relacional de la existencia.

Así, recupera y resignifica palabras como interdependencia, hospitalidad o convivencia, e incorpora también neologismos, juegos etimológicos e imágenes propias. Y tiene algo muy práctico: esas palabras funcionan como pequeños recordatorios de la cosmovisión y del horizonte que elegimos habitar. En una vida donde es muy fácil distraerse, volver a ciertas palabras también puede ayudarnos a volver al camino.

¿Qué representa el árbol y el bosque en el pangeísmo?

El árbol condensa muchas de las intuiciones del pangeísmo: es símbolo de vida, continuidad, resistencia, adaptación, hospitalidad, presencia y paz. Está enraizado en la tierra y abierto al cielo; une pasado y futuro, pausa y movimiento. Cada árbol es único e irrepetible, pero nunca existe solo: necesita del bosque, de una inmensa trama de relaciones. Ahí aparece la interdependencia.

Y el bosque le da el carácter de lo rizomático: no tiene un único centro ni una sola dirección, crece por desvíos, conexiones y redes subterráneas. Encarna la diversidad. Pero también es territorio de misterio y espiritualidad, un umbral hacia lo sagrado, lo invisible y otras dimensiones de la existencia.

O sea, en cada árbol, hay un bosque; en cada hoja, toda la vida.

¿Por qué se dice que el pangeísmo es una filosofía tan práctica?

Porque tiene algo que para mí es muy valioso: simpleza en la propuesta y profundidad en todo lo que eso despliega. No necesitás aprenderte cien reglas para empezar a practicarlo. El pangeísmo ofrece herramientas muy concretas, fáciles de recordar y de llevar al día a día.

La que más uso es el prisma pangeísta, las 3C: cuidar, cohabitar y compartir. Son tres preguntas muy simples que podés llevar a casi cualquier decisión: ¿estoy cuidando?, ¿estoy cohabitando?, ¿estoy compartiendo? Obviamente, cada una (cada C) tiene un pequeño mundo adentro, pero cuanto más las practicás, más naturalmente las vas incorporando.

Y después están las 5P: presentificar, plantarse, pausar, pacificar y pluralizar. Son cinco gestos guía para la vida cotidiana, para la convivencia con uno mismo y con los demás. Son gestos simples que, de distintas maneras, aparecen en muchas sabidurías, tradiciones y caminos de todos los tiempos.

Las 3C parecen estar en el corazón de todo esto. Hay muchísimo para desarrollar en cada una, pero ¿cómo las explicarías en pocas palabras?

Cada una abre una dimensión distinta. Cuidar es el cómo de las relaciones: cómo estamos tratando aquello que nos vincula (esto incluye el autocuidado). Cohabitar es el dónde relacional: reconocer con quiénes compartimos espacio, tiempo, recursos y mundo. Y compartir es la apertura de la relación: preguntarnos si estamos abiertos a dar, recibir y dejarnos afectar sin perder nuestra propia singularidad.

Por eso las 3C no funcionan como tres casilleros separados. Forman un prisma: cuidar, cohabitar y compartir se necesitan mutuamente. Nuestra búsqueda es que, con el tiempo, dejen de ser preguntas que nos hacemos y se vuelvan hábitos, una manera cada vez más incorporada de estar y actuar en el mundo.

¿Todo esto podría resumirse en la ética del pisar leve?

El pangeísmo propone una ética, una manera de convivir. Existir es dejar huella, porque el impacto cero no existe. El tema está en qué huella queremos dejar detrás de nuestros pasos. Por eso hablamos de la ética del pisar leve. Y sí, resume muy bien la intención pangeísta.

Mientras más te escucho, más curiosidad tengo. ¿Cómo se lleva el pangeísmo a la vida cotidiana? ¿Qué cambiaría concretamente en la manera de vivir de alguien?

Se lleva empezando por algún lugar que te resulte familiar y practicándolo. A mí, por ejemplo, al principio me sirvieron mucho el presentificar y el pausar, y también cuidar la palabra y aprender a cohabitar los silencios; una vez que los entendí, empecé a llevarlos al día a día. Pero tengo amigos que entraron por otros lugares: como dije antes, cada uno encuentra su portal al bosque.

¿Hay una forma “correcta” de ser pangeísta?

El pangeísmo es humano, muy humano. Y los humanos nos equivocamos. Una cosa es lo que creemos y otra poder vivirlo todo el tiempo. Podemos hablar de armonía y entrar en conflictos innecesarios, entender la interdependencia y actuar de manera egoísta, creer en la compasión y después juzgar demasiado rápido.

Hay algo peligroso cuando perdemos eso de vista: podemos volvernos fundamentalistas de nuestras propias ideas y medir a los demás desde lo que creemos que debería ser, sin advertir nuestras propias contradicciones.

¿Y qué pasa con nuestras contradicciones?

Ser pangeísta no significa volverse perfecto; significa tener un lugar al que volver. Una orientación, una práctica, un recordatorio. No se trata de cumplir un corpus a rajatabla, sino de intentar incorporarlo a una vida que inevitablemente también es contradictoria.

El pangeísmo parte de algunas certezas bastante humildes: vas a equivocarte, vas a tener impacto y vas a cambiar. Vas a cambiar de opinión, porque vos también estás en movimiento. Por eso aparecen el perdón, la diversidad y la deconstrucción de sentidos.

Cambio, diversidad, deconstrucción de sentidos… ¿ahí entran las 3D del pangeísmo?

Sí, podríamos decir que las 3D expresan cómo entendemos que está moderada la existencia. Son como las condiciones del juego de la vida: el devenir cíclico, la diversidad interconexa y la deconstrucción de sentidos. Tres principios que nos recuerdan a diario que todo cambia, que la diversidad es constitutiva de la existencia y que aprender a convivir con estas condiciones puede acercarnos a formas más armónicas de habitar.

Aceptarlas e incorporarlas nos ayuda a movernos del apego a la fluidez, del aislamiento a la interdependencia y del fundamentalismo al pluralismo. El devenir nos compromete con la continuidad sagrada y misteriosa de la existencia; la diversidad interconexa, con el cuidado de las relaciones; y la deconstrucción de sentidos, con mantenernos abiertos a otras miradas y posibilidades.

Si querés decirlo simple: las 3D describen las condiciones del juego; las 3C (cuidar, cohabitar y compartir) son la postura que elegimos tomar frente a ellas.

En tiempos de tanto empoderamiento individual, ¿la idea de pensarnos como “nodos” no puede resultar un poco impersonal?

Entiendo que pueda sonar así, pero en el pangeísmo significa casi lo contrario. Un nodo no borra la singularidad: la sitúa. Cada uno es irrepetible porque en él confluye una existencia, una historia, un mundo, una forma que no se repite.

El pangeísmo ama la singularidad tanto como la pluralidad. Una de sus preguntas centrales es justamente cómo sostener al mismo tiempo la libertad singular y la interdependencia. Cada árbol es único, pero necesita del bosque; compartir no significa desaparecer en el otro ni autoanularse, y una trama sana tiene que poder respetar las originalidades, las voluntades y los caminos de cada uno. Ser nodo es ser uno y único sin dejar de ser con otros.

Visto así, cambia bastante. ¿Y qué hay detrás de la palabra “nodo”?

La palabra nodo viene del latín nodus: nudo. En su raíz está la idea de atar, enlazar, unir. Y eso es justamente lo que buscamos expresar: un nodo no existe solo; existe en relación. Es una identidad singular, reconocible, pero al mismo tiempo un lugar donde los vínculos llegan, se cruzan y continúan. Incluso en un árbol, es el lugar desde donde nacen nuevas ramificaciones.

Somos nodos porque somos nudos, pero también porque somos portales. Portales entre planos, entre generaciones, entre mundos; portales en devenir. Algo llega a nosotros, nos atraviesa, se transforma y continúa. 

No hablamos de nodos para volvernos impersonales, sino para recordar que somos singulares y relacionales al mismo tiempo. No te vuelve menos vos; te devuelve a la potencia de tu singularidad, te recuerda el valor irrepetible de ser quien sos. Y, al mismo tiempo, te muestra cuántos otros hacen posible que seas vos, cuántos otros viven en eso que llamamos “yo”. Ahí se abre una puerta de mucha sensibilidad y conciencia.

Y desde ese portal aparece otra idea: ¿qué significa vivir como un nodo de armonía?

En el fondo, reconocernos como nodo dentro de una trama interdependiente tiene consecuencias. Es asumir una responsabilidad. Nos lleva a preguntarnos: todo lo que pasa por mi nodo, ¿sale un poco más armónico o un poco más violento? ¿Más cuidado o más dañado? ¿Más reconciliado o más fragmentado? De ahí que una de las búsquedas centrales de los pangeístas es, justamente, intentar vivir como nodos de armonía.

Esa imagen me parece tremendamente práctica porque la podés llevar a una conversación, un vínculo, una decisión, un conflicto, un trabajo o cualquier situación cotidiana. Y va de la mano con la ética del pisar leve.

Y hay algo importante: siempre es un intentar. Como charlamos, el pangeísmo no promete perfección ni una vida sin contradicciones. Hay un hacerse cargo, una responsabilidad de existir y de trabajar con aquello que pasa por nosotros. En una época de tanta confusión individual y colectiva, tantos cambios y tanto desorden, a mí eso me da mucha claridad.

¿Sentís que el pangeísmo es también una forma de refugio personal?

Claro. Por eso digo que el pangeísmo me deja respirar. Me ofrece un corpus organizado, pero al mismo tiempo flexible, abierto a la diversidad, al cambio y a la deconstrucción que acabamos de mencionar. Eso me ayuda a volver rápidamente a las raíces cuando me pierdo, a reconectar, a recuperar una orientación. Así, además de una filosofía práctica, para mí el pangeísmo se convirtió también en una especie de refugio espiritual.

Ya sé que no te gusta comparar. Pero, ¿qué aporta el pangeísmo de diferente a otras filosofías, espiritualidades o vías de desarrollo personal?

Sí, no me gusta demasiado comparar, pero si tuviera que decir algo, a modo de ejercicio, diría que lo interesante está en el cruce: el pangeísmo pone a conversar filosofía, espiritualidad, ecología y práctica personal dentro de una misma cosmovisión. Parte de grandes preguntas existenciales, pero las lleva a herramientas concretas para la convivencia, el autoconocimiento y la vida cotidiana, sin ofrecer una doctrina cerrada ni una verdad final.

Uno de sus grandes recordatorios es que todo está en movimiento y que la diversidad es constitutiva de la existencia. Desde ahí, la apertura, la flexibilidad y la compasión se vuelven condiciones fundamentales para convivir en armonía.

El pangeísmo propone una mirada forestal que busca religar cosas que muchas veces pensamos por separado: lo singular y lo plural, la razón y la sensibilidad, la Tierra y lo sagrado, el pensamiento y la práctica.

Aunque bueno, si hilamos fino, soy de la creencia de que hay muchos caminos para llegar a lugares parecidos. A mí me resuena este, pero me encanta que cada quien encuentre el suyo. No hace falta que todos sigamos el mismo sendero. 

Hay algo que todavía no te pregunté: ¿por qué se llama “pangeísmo”? 

El nombre reúne varias capas. Por un lado, toma la potencia simbólica de Pan y Gea: Pan, dios pastor asociado a la alegría y a la fertilidad. Gea, diosa nutricia que sostiene todas las cosas. De ahí aparece una primera intuición muy simple: promover las fuerzas alegres y el respeto por la tierra.

Por otro lado, dialoga con Pangea, el antiguo supercontinente que alguna vez reunió las tierras antes de fragmentarse. Esa imagen trasciende la geología y se vuelve símbolo de un mundo uno y múltiple, de una unidad que contiene diferencias y está siempre en movimiento. Por eso también resignificamos Pan-gea: más que “toda la Tierra”, “todo es Tierra”. Y, desde ahí, el pangeísmo puede pensarse como un movimiento simbólico de retorno a Pangea.

Siento que abrimos una pregunta y se me abren diez más. Tengo anotados Humus sapiens, metasostenibilidad, ecojusticia forestal, propósito árbol, propósito bosque, las 3G… ¿el universo pangeísta termina alguna vez?

Jajaja, no sé si termina. Y hay una magia que hace que todo se roce, se trence. Entrás por la noción de impacto pangeísta, o la hospitalidad, y te encontrás con la solidaridad forestal, el perdón o la continuidad sagrada. A mi gusto, es apasionante…

Bueno, entonces hagamos el ejercicio contrario. Si tuvieras que resumir el pangeísmo en una sola frase, ¿cuál sería?

Una hoja, toda la vida.

Y sobre el libro que acabás de publicar, ¿a quién se lo recomendarías?

En términos generales, se lo recomendaría a cualquiera que esté atravesando una búsqueda filosófica, espiritual o personal, o que quiera encontrar nuevas herramientas para convivir mejor.

Ahora, si tengo que afinar un poco más, se lo recomendaría a quienes alguna vez se sintieron parte de algo más grande, interconectados, singulares y plurales a la vez; y todavía no saben cómo nombrar esa sensación.

Creo que es una linda experiencia para quien quiera hacerse preguntas, encontrar sentido, conocerse un poco más o repensar la manera en que se relaciona con los demás y con el mundo.

¿Y qué te gustaría que deje?

Me gustaría que deje un pequeño cosquilleo. Una pregunta nueva, una pausa, unas ganas de mirar algo de otra manera o de reconciliarse con algo que hasta entonces sentía separado. No hace falta mucho más: si algo de eso se vuelve práctica, está buenísimo.

Bueno, a esta altura ya me picó el bichito. ¿Cómo hacemos comunidad los pangeístas? ¿Se puede explorar en tribu?

Sí, por supuesto. La vida siempre es mejor en tribu. Y creo que somos muchos más pangeístas de lo que imaginamos. Me pasa seguido que personas se acercan al pangeísmo y descubren que ya venían sintiendo o haciendo muchas de estas cosas sin llamarlas así. Las tribus ya estaban ahí antes que el nombre. Pero, desde ya, estamos todos invitados a co-crearlas.

Y para cerrar, ¿querés decir algo más sobre el pangeísmo? 

En principio, los invito a explorarlo, a recorrerlo y ver qué resuena en cada uno. El pangeísmo no busca imponer una forma de pensar, sino abrir una sensibilidad y una manera posible de habitar el mundo.

En definitiva, es una declaración de intención y un llamado a la acción: intentar convivir de una manera más respetuosa, pacífica y armónica entre todos los existentes. Y quizás recordar algo muy compartido: somos parte de una trama, y la forma en que elegimos habitarla importa.

Es una búsqueda muy sana, y da espacio para que cada persona haga su propio camino, desde su singularidad y su diversidad natural.

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Tags: espiritualidadfilosofiamaximo mazzoccopangeismo
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Alimentos descartados en Argentina: verduras y productos frescos desperdiciados en supermercados.

Por qué Argentina desperdicia 73 millones de kilos de alimentos mientras donarlos no es rentable

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