El regreso del caballo de Przewalski a Mongolia es uno de esos casos que te hacen creer que la conservación puede funcionar. Hablamos del último caballo verdaderamente salvaje del mundo, el que desapareció de la naturaleza en 1969 por la caza, la competencia con el ganado y la pérdida de hábitat. Hoy, más de tres décadas después del inicio de su reintroducción, vuelve a galopar libre en las estepas donde alguna vez fue rey.
En Mongolia lo llaman takhi. Es más robusto que los caballos domésticos, con cabeza grande, cuello grueso, patas cortas y una crin oscura que se mantiene erguida. Y acá va el dato clave: no es un mustango ni un caballo escapado. Es una especie propia, la única que nunca fue domesticada y que sobrevivió gracias a que los zoológicos pasaron de ser vitrinas a convertirse en su seguro de vida.
De los zoológicos a la estepa mongola
La reintroducción arrancó en 1992, cuando llegaron los primeros 16 caballos al Parque Nacional de Hustai. Después vinieron más liberaciones en la reserva de Gran Gobi B, donde los primeros animales salieron de los recintos de aclimatación en 1997. Según el Zoo de Praga, que lleva el libro genealógico internacional desde 1959, toda la población actual desciende de solo 13 ejemplares fundadores. Una base genética angosta que obliga a planificar cada cruce con la precisión de un orfebre.
Pero volver no es solo abrir una puerta. Los caballos pasan meses en grandes recintos de adaptación, aprendiendo a buscar agua, excavar la nieve para alcanzar el alimento y formar grupos sociales estables. Después se usa una liberación suave: la puerta se abre y son ellos los que deciden cuándo salir, mientras los equipos siguen sus movimientos con collares satelitales.
Lo que muestra el nuevo estudio sobre su adaptación
Un estudio publicado en mayo de 2026 observó grupos de Gran Gobi B durante la primavera tardía y el otoño de 2019. Los resultados muestran diferencias claras entre los grupos nacidos en libertad y los reintroducidos. En primavera, los primeros tendían a alimentarse en zonas con mejor vegetación, mientras los recién llegados usaban áreas peores, un patrón que cambió en otoño.
¿Qué significa esto? Que elegir un lugar bonito sobre el mapa no basta. Los autores piden tener en cuenta la calidad estacional del hábitat, la presencia de personas y ganado, y el tamaño de las manadas que se liberan. Volver no es solo geográfico: es conductual, social, ecológico.
Kazajistán abre otra etapa del rescate
Kazajistán inició su nuevo programa en 2024 con siete caballos. Tras casi un año de aclimatación, fueron liberados en 2025, y el 25 de mayo de 2026 salió otro grupo de cinco animales que ya había superado un invierno completo en la estepa. En junio de 2026 llegaron ocho ejemplares más, cuatro machos y cuatro hembras, que ahora se adaptan en el centro de Alibi.
El objetivo internacional es llevar entre 40 y 45 caballos a las estepas de Turgai antes de 2029 y formar una población capaz de mantenerse por sí sola. Lenka Poliaková, directora del Zoo de Praga, lo resumió así: “Compartimos una meta que puede inspirar a muchos, devolver a la naturaleza algo que se perdió y que pertenece a ella”.
Las amenazas siguen ahí
Un invierno duro puede cambiarlo todo. Durante el episodio extremo de 2009 y 2010, la población de Gran Gobi B perdió de media alrededor del 60% de sus caballos, una caída que mostró el peligro de concentrar pocos animales en una sola zona. A esto se suman las enfermedades, la posible hibridación con caballos domésticos, la baja diversidad genética y la competencia por agua y pastos.
El nuevo estudio también advierte que la presencia estacional de ganado, perros, vehículos y campamentos puede desplazar a las manadas hacia zonas menos favorables. La recuperación permitió que la especie dejara la categoría “Extinta en estado silvestre”, pasara a “En peligro crítico” en 2008 y quedara clasificada como “En peligro” en 2011. No es poca cosa, pero tampoco significa que esté a salvo.
El resultado no se medirá por el número de vuelos ni por las fotos de la liberación, sino por los potros que nazcan y sobrevivan lejos de los recintos, en las estepas donde el takhi dejó de galopar hace más de medio siglo.













