Sofocando el “espíritu de diálogo” en Davos

(Foto: EcoNews Creative Lab)

El presidente estadounidense, Donald Trump, llegó al poder en parte posicionándose en las antípodas de las élites globales. Pero, la semana pasada, asistió al Foro Económico Mundial (FEM) (la reunión por excelencia de las personas más ricas y poderosas del mundo) en Davos como invitado estrella. Acompañado de la delegación estadounidense más numerosa de la historia, Trump llevó su proteccionismo agresivo y su diplomacia transaccional al escenario mundial, cambiando el rumbo del debate y, en el proceso, aumentando el riesgo de cambios irreversibles en el sistema terrestre.

En lugar de debatir cuestiones como la fiscalidad justa, la sostenibilidad, la justicia social y la transición energética, como han hecho los delegados en el pasado, se doblegaron ante Trump. Pero las declaraciones del presidente estadounidense en Davos deberían disipar cualquier duda que pudiera quedar de que normalizar sus políticas extremas y sus posturas estridentes solo lo anima a redoblar el caos geopolítico y la incertidumbre que está generando. 

Solo en el último mes, Trump retiró a Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales, incluidas dos de las instituciones climáticas más importantes y antiguas del mundo: la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), de 34 años de antigüedad, que sirve de foro principal para las negociaciones sobre el clima, y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU, de 38 años de antigüedad, que lidera la ciencia relacionada con el cambio climático. Y apenas unos días antes de su viaje a Davos, Trump sorprendió a los líderes europeos al amenazar con imponer aranceles punitivos a los aliados que se opongan a su plan de arrebatarle Groenlandia a Dinamarca.

Tras más de un año de destrucción indiscriminada y de un uso excesivo de medidas unilaterales para impulsar su agenda America First” (Estados Unidos primero), la confianza -el alma del multilateralismo- se ha erosionado, lo que aumenta el riesgo de fragmentación y alimenta la inestabilidad. Para mitigar estos efectos, sostener el crecimiento global y promover la prosperidad compartida, el FEM eligió “Un espíritu de diálogo” como tema de la reunión de este año. Puede que sea una de las más concurridas hasta la fecha, con más de 3.000 delegados de más de 130 países, incluidos 64 jefes de Estado y de Gobierno.

El diálogo, por supuesto, es esencial para resolver disputas, prevenir la escalada de conflictos -especialmente en nuestro mundo de rivalidad entre grandes potencias y crecientes tensiones geopolíticas- y prepararse para los riesgos. Según la encuesta previa a Davos realizada por el FEM, los riesgos más graves de la próxima década están relacionados con la emergencia climática. Sin embargo, para garantizar la participación de Trump, el Foro acordó evitar temas de debate, como la transición energética y el cambio climático. ¡Qué poco espíritu de diálogo!

En cambio, la agenda se centró, entre otras cosas, en mejorar la cooperación en un mundo más conflictivo, desbloquear nuevas fuentes de crecimiento, invertir en las personas, implementar la innovación responsablemente a gran escala y generar prosperidad dentro de los límites planetarios. La tecnología, en particular cómo la inteligencia artificial, la computación cuántica y los sistemas biotecnológicos y energéticos de última generación pueden impulsar la transformación económica y social, fue un tema destacado.

El silencio sobre el cambio climático es tan cínico como previsible. Una de las primeras medidas de Trump en su segundo mandato fue retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París. Posteriormente, su administración lanzó una importante campaña para revertir la política climática estadounidense y ampliar la producción de combustibles fósiles. Esto ha incluido detener la construcción de parques eólicos marinos, recortar la financiación de proyectos de energía renovable y trabajar para derogar los límites federales a las emisiones de gases de efecto invernadero de las centrales eléctricas y los vehículos.

Siguiendo el lema de Trump perforar, perforar, perforar”, la administración ha declarado una “emergencia energética nacional” y ha autorizado la expansión de la producción nacional de combustibles fósiles. Esta política podría revertir los avances en la transición hacia las energías renovables, que aportaron alrededor de un tercio de la generación mundial de electricidad en 2024. También acerca al mundo a una catástrofe climática, especialmente después de que científicos revelaran a principios de este mes que el objetivo de limitar el calentamiento global a 1.5°C está en camino de incumplirse para 2030, más de una década antes de lo previsto en el momento del acuerdo de París de 2015.

Como el mayor emisor histórico y actual del mundo, la continua dependencia de la economía estadounidense de los combustibles fósiles repercute en todos los demás. Causará billones de dólares en daños, que afectarán desproporcionadamente a los países más pobres, y podría elevar el calentamiento global por encima del objetivo de 1.5°C establecido por el acuerdo climático de París. Superar este umbral aumenta significativamente el riesgo de cambios irreversibles en los sistemas terrestres; una vez superados los puntos de inflexión climáticos, se activan procesos que se retroalimentan y que no pueden revertirse, incluso si las temperaturas bajan posteriormente.

Uno de esos puntos de inflexión es el colapso de la capa de hielo de la Antártida Occidental, que acabaría elevando el nivel del mar en todo el mundo aproximadamente 4 metros. Un aumento tan drástico alteraría permanentemente las costas y amenazaría a las comunidades de baja altitud y a los países insulares. Del mismo modo, superar el objetivo de 1.5°C acelera el deshielo del permafrost, liberando grandes cantidades de dióxido de carbono y metano a la atmósfera -un proceso que agrava el calentamiento global y que es irreversible.

Los ecosistemas también enfrentan pérdidas irreversibles si el planeta supera los 1.5°C de calentamiento. Se prevé que los arrecifes de coral disminuyan entre un 70% y un 90% a esa temperatura, mientras que la selva amazónica, uno de los mayores sumideros de carbono del mundo, corre el riesgo de convertirse en una fuente de carbono, lo que socavaría los esfuerzos de mitigación natural y aceleraría aún más el cambio climático. 

Estos cambios también podrían tener profundas consecuencias sociales. El aumento del nivel del mar, por ejemplo, podría arrasar asentamientos costeros, tierras agrícolas y recursos de agua dulce, desplazando a las comunidades y destruyendo el patrimonio cultural.

Quizá lo más importante es que superar los 1.5°C condena a las generaciones futuras a gestionar un planeta con mayores riesgos climáticos y menos opciones de adaptación. Más que diversificar las fuentes de energía, continuar la transición energética es esencial para la supervivencia de la humanidad; ignorar esta realidad para apaciguar a Trump y complacer su obsesión por el petróleo es un juego peligroso con consecuencias globales e intergeneracionales.

A medida que se reduce el margen para abordar el cambio climático y el orden global sigue fragmentándose, el diálogo debe fomentar la cooperación, fortalecer la resolución colectiva de problemas y enfatizar la equidad y la justicia. Las decisiones sobre la reducción de emisiones, la adaptación y la financiación climática plantean inherentemente cuestiones de responsabilidad, equidad y distribución de cargas entre países y dentro de las sociedades. Sin embargo, el FEM ha priorizado la conveniencia sobre la seguridad y la sostenibilidad a largo plazo al permitir que Trump defina los términos del debate.


* Hippolyte Fofack, ex economista jefe del Banco Africano de Exportación e Importación, es miembro Parker de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la Universidad de Columbia, investigador asociado del Centro de Estudios Africanos de la Universidad de Harvard, miembro distinguido de la Federación Global de Consejos de Competitividad y miembro de la Academia Africana de Ciencias.

Derechos de autor: Project Syndicate, 2026.


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