Los subsidios a combustibles fósiles son la peor política energética del mundo, según un editorial publicado en la revista Science por los expertos en política energética Paasha Mahdavi y Michael Ross, de las universidades de California en Santa Barbara y Los Ángeles, respectivamente.
Mahdavi y Ross argumentan que los gobiernos que mantienen precios artificialmente bajos del petróleo y el gas mediante subsidios directos al consumo drenan sus presupuestos, agravan la contaminación del aire, desalientan la inversión en energías renovables y crean una dependencia política casi imposible de revertir.
El análisis parte de un dato empírico contundente: de los aproximadamente 130 intentos de reforma de subsidios en los 21 países con mayores ayudas estatales entre 2016 y 2023, el 70% colapsó en menos de un año. Más del 90% había desaparecido antes de cumplir tres años.
Los gobiernos no logran eliminar las ayudas fósiles una vez implementadas
Ross explicó a Mongabay que aún no ha encontrado una reforma de subsidios al combustible que funcione y pueda replicarse a gran escala. “Son muy escasas. México eliminó sus subsidios alrededor de 2017 después de un proceso largo y complicado, pero finalmente funcionó”, señaló.
Según el editorial, los gobiernos recurren a estas políticas porque los consumidores están extremadamente atentos al precio de la nafta. “A diferencia de una factura eléctrica o el precio del pan, los precios del combustible enfrentan a los conductores todos los días de la semana, típicamente exhibidos en lugares públicos”, escriben los autores.
La magnitud del problema es global. Muchos países adoptaron subsidios para proteger a los consumidores del aumento de precios del petróleo derivado de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán. Los gobiernos financian esa brecha mediante impuestos adicionales, endeudamiento o recortes en otras áreas del gasto público.
Transición energética: qué alternativas funcionan mejor
Jonas Kuehl, investigador del Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible que no participó del editorial, coincidió en que los subsidios abiertos al combustible fósil son una mala política energética. Sin embargo, aclaró a Mongabay que en ciertos contextos pueden justificarse ayudas limitadas en el tiempo para hogares de bajos ingresos o servicios de transporte esencial.
“Los subsidios generales al combustible, como los topes de precios, recortes de impuestos a los combustibles y precios fijos en surtidores, están entre las formas menos efectivas en que los gobiernos pueden gastar dinero público”, afirmó Kuehl. “Benefician desproporcionadamente a empresas y personas que consumen más combustible, rara vez a los hogares más pobres, mientras debilitan los incentivos para conservar energía o cambiar a alternativas más limpias”.
Kuehl mencionó que algunos gobiernos están introduciendo alternativas a los subsidios fósiles indiscriminados. Indonesia estableció viernes de teletrabajo para funcionarios públicos, y los Países Bajos lanzaron un pase ferroviario mensual fuera de horas pico como ejemplos de políticas que reducen la demanda de combustible sin crear dependencia presupuestaria.
Ross señaló a Mongabay que países como Etiopía, Noruega y Uruguay están llevando a cabo transiciones agresivas para alejarse de los combustibles fósiles, aunque reconoció que el proceso llevará tiempo. Según el investigador, los responsables de políticas públicas deben enfocarse en reducir la demanda de hidrocarburos, idealmente mediante apoyo a vehículos eléctricos e instalación de infraestructura solar, eólica y otras renovables.
Los datos del editorial publicado en Science muestran que los subsidios fósiles no solo perpetúan la dependencia de hidrocarburos, sino que desvían recursos públicos que podrían financiar la transición energética en un momento en que la ventana de acción climática se estrecha.
Fuente original: https://news.mongabay.com/short-article/2026/09/fossil-fuel-subsidies-are-the-worst-energy-policy-in-the-world-researchers-say/













