La trampa de la deuda climática para países pobres convierte la transición energética en un callejón sin salida financiero. Los países en desarrollo pagan tipos de interés que duplican los de las economías avanzadas para acceder a créditos climáticos, según advirtió a EFEverde el director general de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), Gerd Müller, antes de la cumbre climática COP31 que arranca el 8 de noviembre en Antalya, Turquía.
Los números son contundentes: financiar una planta solar cuesta entre 5% y 6% anual en Europa, frente al 9% en Kenia o Senegal, y hasta 11% en otros países en desarrollo. África tiene más sol, pero paga mucho más por el capital, resumió Müller, exministro alemán de Cooperación al Desarrollo entre 2013 y 2021.
La desigualdad se agrava cuando se trata de inversiones que no generan ingresos directos. Un parque eólico vende electricidad y puede devolver un préstamo. Un sistema de alerta temprana ante desastres climáticos no genera ingresos, pero salva vidas, explicó el funcionario. Müller recordó el derrumbe de un glaciar en el Himalaya que provocó en agosto una inundación en Nepal en la que murieron más de mil personas.
Quién paga la cuenta de la crisis climática
Según datos de ONUDI, 3.400 millones de personas viven en países que gastan más en intereses de la deuda que en sanidad o educación. Los países del Sur Global destinan, en conjunto, unos 1.000 millones de dólares diarios para sufragar su endeudamiento.
Dos tercios de los fondos públicos internacionales destinados a clima se conceden mediante préstamos que agravan los números rojos de países con presupuestos ya escasos. Los que menos han contribuido al cambio climático pagan el precio más alto para frenarlo, denunció Müller a EFEverde.
África recibe apenas el 3% de las inversiones mundiales en energías renovables, pese a su enorme potencial para energía solar y eólica. El dinero está ahí, aseguró el director de ONUDI. No se trata de si hay dinero. Es una cuestión de voluntad política.
Qué propone ONUDI para romper el círculo
Müller defendió combinar la condonación de deudas impagables, los canjes de deuda por inversiones climáticas y las suspensiones temporales del pago cuando un país sufre una catástrofe natural. Las islas del Caribe Granada y San Vicente y las Granadinas pudieron recurrir a cláusulas de suspensión de pagos tras el paso del huracán Beryl en 2024, lo que les permitió destinar recursos a la reconstrucción.
También reclamó que los bancos multilaterales de desarrollo asuman mayores riesgos, amplíen las garantías y faciliten créditos en monedas locales. Según ONUDI, por cada dólar aportado por los bancos de desarrollo a proyectos climáticos en países en desarrollo, se movilizaron apenas 35 centavos de inversión privada.
La COP29 de Bakú acordó en 2024 subir a 300.000 millones de dólares anuales para 2035 la financiación climática destinada a los países en desarrollo. Müller considera que el objetivo representa un avance, pero resulta insuficiente: incluso si se cumple íntegramente, cubrirá menos de un tercio de lo que los países en desarrollo necesitan cada año. Antalya debe ofrecer algo más que declaraciones, exigió. Necesitamos un plan claro: quién paga cuánto y para cuándo.
Fuente original: https://efeverde.com/la-trampa-de-la-deuda-climatica-para-los-paises-pobres-pagar-mas-por-contaminar-menos/












