La sequía en Europa en verano 2026 no es una anomalía pasajera: es el anticipo de un patrón climático que se repetirá cada temporada estival, según alertan expertos y organismos europeos. El descenso extremo del caudal de ríos como el Danubio y el Rin, combinado con olas de calor sucesivas y ausencia de precipitaciones, ya golpea la producción agrícola, el transporte fluvial y la generación de energía nuclear en al menos nueve países del continente.
“Es una tendencia a la que nos tenemos que acostumbrar y lo excepcional de la situación es que viene acompañada de unas temperaturas muy elevadas”, explicó a EFE el coordinador general de la fundación ecologista Global Nature, Antonio Guillem. “No debemos transmitir una idea alarmista, pero cada vez nos resulta más difícil garantizar que tengamos suficiente agua y de adecuada calidad en el momento y lugar adecuados”, añadió.
El Danubio en mínimos históricos paraliza centrales nucleares
Austria atravesó su periodo de 12 meses más seco desde 1850, dejando al Danubio en niveles extremadamente bajos que empujan las pérdidas agrícolas a 1.000 millones de euros, según datos del gobierno austríaco relevados por EFE. En Hungría, la sequía afecta al 89% del país y el descenso del Danubio hasta 140 centímetros por debajo de lo habitual obligó a desconectar siete turbinas de su planta nuclear.
Rumanía enfrentó una situación similar: dos reactores de la central que genera el 20% de la electricidad nacional quedaron fuera de servicio por falta de caudal para refrigeración. Eslovaquia registra sequedad extrema en tres cuartas partes del territorio y niveles mínimos históricos del Danubio, mientras Bulgaria enfrenta amenazas al transporte fluvial y al suministro de agua potable. En Polonia, seis unidades de generación de dos centrales eléctricas se detuvieron por el bajo nivel del Vístula.
Pérdidas millonarias para la agricultura europea
El sector primario es el que se va a ver más afectado, puntualizó Guillem, quien señaló que “la naturaleza no entiende de fronteras, por lo que se requieren políticas globales”. En Francia, la sequía provocó fuertes pérdidas agrícolas que podrían ascender a miles de millones de euros, según la ministra de Agricultura, Annie Genevard.
En Italia, el río Po perdió un promedio del 65% de su caudal, mientras el Tíber y los lagos prealpinos sufrieron episodios críticos que afectaron al sector agrícola, doblando costes de irrigación en regiones como la sureña Apulia. Alemania, con una máxima histórica de 41,8°C este verano, vio descender el caudal del Rin hasta los 45 centímetros en Colonia, paralizando el transporte de mercancías y afectando cultivos como trigo y colza.
Países históricamente húmedos enfrentan restricciones de agua
En el Reino Unido, tras el mes de julio más seco desde que hay registros, la sequía afecta a tres cuartas partes de Inglaterra y a todo Gales, con 27 millones de personas bajo restricciones de agua y numerosos ríos con caudales excepcionalmente bajos. Las imágenes inéditas de céspedes amarillos en parques históricos como Hyde Park ilustran la magnitud de la crisis hídrica.
España, tras un inicio de año lluvioso, vio empeorar la situación en sus cuencas hidrográficas: la reserva hídrica marcó en mayo el 84,2% de su capacidad, pero cayó al 66,2% debido a un julio que fue el más cálido de la historia del país y el más seco desde que hay registros. Portugal volvió a sufrir sequía en más del 60% del territorio desde junio, con la cuenca del río Lima al 52% cuando su media mensual es del 65%.
En Suiza, las precipitaciones entre abril y junio fueron las más escasas desde 1901, provocando cierre de estaciones de esquí de verano y dificultando el abastecimiento de agua del ganado. Bélgica registró un caudal del Mosa 10 veces inferior al habitual, obligando a las autoridades a pedir que se limite llenar piscinas o regar jardines. En los Balcanes, Croacia, Serbia y Bosnia-Herzegovina registraron graves daños agrícolas y mínimos históricos en algunos ríos, mientras Albania importó electricidad por 41,5 millones de euros solo en julio.
La crisis hídrica revela impactos menos visibles: la falta de agua en praderas de inundación de los ríos provoca campos aparentemente vegetados pero muy pobres en diversidad de insectos. “La verdad está en el suelo: el primer paso es haber perdido la biodiversidad animal y el siguiente paso es que se pierda la vegetal”, concluyó Guillem.
La Comisión Europea no ha anunciado todavía un plan de adaptación continental coordinado para enfrentar la recurrencia de sequías extremas en próximos veranos.
Fuente original: https://efeverde.com/europa-ante-nuevo-enemigo-sequia-verano/











